
Chilango es un término que ha perdido casi todo su halo despectivo. Al menos eso es lo que sucedió en la capital. Pero eso no quiere decir que en el país, en la República, todo lo que venga del ex Distrito Federal sea bienvenido. El centralismo sigue siendo un mal en México, y en muchas regiones ven con recelo la forma de ser y comportarse de quienes habitan la CDMX.
Meses atrás Claudia Sheinbaum se inventó unas giras de propaganda por la República para que la población más allá de Cuatro Caminos la localizara. Se entiende que la jefa de Gobierno necesita subir en las encuestas, desligarse de Marcelo Ebrard, consolidarse como una política de la que los mexicanos puedan sacar una idea, una opinión; pero quién sabe quién puede haber sido el autor de la idea de que el tema de esas giras sería ella a un país que apenas la conoce, y no al revés.
Sheinbaum debe reivindicar desde este desconocido personaje que tal disparate pasa por alto una cosa fundamental: el tradicional y no gratuito resentimiento de los estados cuando el centro les quiere decir cómo hacer las cosas, cómo tienen que imitar… al capital.
El jefe de gobierno de la capital quiere enseñar a los estados a gobernar. Ha realizado múltiples convenciones y conferencias al respecto -dando ejemplo de su forma de gestionar- en no pocos estados en espacios pintados fundamentalmente del color de Morena. Buena suerte con eso, doctor.
Suponiendo que fuera buena idea que una gobernadora capitalina, que por si fuera poco se ha beneficiado de su cercanía con la Presidenta en temas como la seguridad o la pandemia, pueda ir a dar lecciones a otras entidades es, por decir lo menos, atrevido. si no algo que bordea la arrogancia (no de Claudia, sino de sus asesores).
Qué diferente hubiera sido si Sheinbaum fuera a las ciudades y pueblos de las distintas entidades y pidiera escucharlos, conocer el país y la gente que, según ha reconocido, aspira a gobernar.
Conoce de primera mano las expectativas, necesidades, inquietudes, reivindicaciones y, por supuesto, las ideas y propuestas de una nación muy diversa y en la que, en muchas ocasiones, han sufrido peregrinaciones políticas surgidas en los escritorios capitalinos.
Caminar por México, visitar a quienes no son de la misma parroquia, encontrar y reconocer a quienes, en circunstancias muy diferentes a las de la capital, han encontrado su propia identidad, sus formas de convivencia, de trabajo, de superación de problemas y desafíos. . . De ser.
Si hiciera eso, ¿dirían que está en la campaña? ¡Hombre, qué hay de nuevo! Sí está en campaña, pero en una que comete el error de ser verticalista, centralista, de las actitudes que se han resentido durante mucho tiempo en las entidades federativas con respecto a los chilangos.
Sigo pensando, como dije aquí ayer, que no habría mejor carta de presentación a nivel nacional que crear un buen gobierno a nivel estatal, que concentrarse en hacer que la capital -como entidad federativa- destaque en economía y justicia. , en seguridad y oportunidades, en –no le gustará a su líder– armonía, pluralidad y diálogo republicano.
Pero si a pesar de tragedias como la del sábado -que la pilló en Michoacán a punto de dar lecciones de buen gobierno-, Claudia Sheinbaum sigue con la idea de que tiene que ir a las entidades cada cierto tiempo cuando en casa tiene demasiadas tareas pendientes y la hay que hacer un buen cierre, pues suerte no entender que los chilangos son odiosos cuando quieren dar sermones a la República.
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