Del 3 al 13 de marzo con mi pareja y unos amigos recorrimos algunas ciudades de Cuba. Con un sector de la gente con la que pudimos hablar, particularmente los menores de 40 años, era una constante que se definieran como apolíticos.
Algunos se autodenominan fidelistas, pero no se identifican con el partido y las autoridades actuales, incluido el actual presidente Miguel Díaz-Canel (1960).
Su preocupación más sentida no es la democracia, sino mejorar las condiciones de su vida cotidiana. Tomé notas de esas conversaciones, que resumo en cinco temas principales:
1.- A los cubanos nacidos a partir de los años 80 no les interesa la política. Se definen como apolíticos. No son enemigos del Gobierno y dicen que les da igual quién esté al frente.
2.- Algunos se definen como fidelistas, pero no socialistas. Miran hacia atrás en sus años en el sistema escolar como algo positivo. Raúl Castro no tiene grandes simpatías y menos el actual presidente Díaz-Canel.
3.- Su descontento no es por la falta de democracia, que no es un problema, sino por las condiciones de vida. Por los cortes de agua, los apagones, la falta de gasolina, medicinas y alimentos.
4.- Ahora la sociedad diría que hasta la gente dentro del Gobierno ve como héroes a los cubanos que se van del país. Ellos son los que van a enviar remesas a sus familias y traer dólares al país.
5.- Está muy presente, se asume socialmente así, que los cubanos que puedan hacerlo van a seguir saliendo del país. El año pasado salieron 250.000 y este año se espera que sean 300.000.
En Cuba, en la forma de organizar la economía, se evidencian cambios que promueven la generación de más empleo y el aumento de los salarios, que siguen siendo muy bajos. El proceso de apertura, sin embargo, es muy lento. Hay muchos temores por parte de las autoridades.
Ahora hay muchas pequeñas y medianas empresas privadas, les siguen llamando actividades por cuenta propia, sobre todo en el ámbito del turismo y algunos servicios que están funcionando muy bien. Los propietarios pagan los impuestos que les corresponden.
Estas mismas personas, es otro tema recurrente, afirman que los altos niveles de autoridad pueden tener buenas intenciones, pero que en la estructura de la administración pública hay muchos abusos, prepotencia, corrupción, pero sobre todo, ineficiencia. La burocracia es muy lenta y complicada. Hacen que todo sea difícil. Él no ayuda a que las cosas mejoren.
Algunas de estas personas nos dijeron que si se presenta la oportunidad se irán del país, pero otras, que ya están involucradas en nuevos negocios, en algunos casos son los dueños, aseguran que no se van a ir del país porque su familia está aquí. en particular a sus padres, y quieren apoyarlos para que tengan una vida mejor en su vejez.
Las personas con las que hablamos tienen una conversación coherente y bien articulada. Tratan de ser objetivos y usan pocos adjetivos en su conversación. No tienen problema en ofrecer su punto de vista y son directos, nunca recurren al discurso ideológico.
Rubén Aguilar es doctor en Ciencias Sociales y profesor de la Universidad Iberoamericana.
En Internet: www.miscuadernos.com.mx
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