
A la memoria de mi director de tesis, Robert E. Lucas, Jr.
En sus publicaciones, el Banco de México (Banxico) ha reiterado su compromiso de asegurar que la inflación anual converja a la meta de 3.0 por ciento. Para lograr este objetivo, este instituto central enfrenta desafíos considerables.
En primer lugar, la inflación actual es muy elevada, lo que exige una notable reducción del ritmo de crecimiento de los precios. En abril de 2023, medida con el INPC, la inflación general anual fue de 6,3 por ciento y la inflación subyacente, que excluye los precios más volátiles, se ubicó en 7,7 por ciento.
Ambos indicadores constituyen más del doble del objetivo de Banxico. Además, la brecha de inflación subyacente por encima del nivel general revela presiones inflacionarias de mediano plazo mayores que las que captura este último.
En segundo lugar, el descenso reciente de la inflación general se ha producido principalmente por el comportamiento benigno de la inflación no subyacente, especialmente por la caída de los precios de la energía, que escapa a la influencia de la política monetaria.
Una forma de evaluar el avance en la desinflación es comparar la inflación anual de abril de 2023, con la de abril de 2022. Esta comparación tiene la ventaja de contrastar el aumento del nivel de precios durante doce meses, sin meses en común.
Comparado con abril de 2022, en abril de 2023 la inflación anual cayó 1,4 puntos porcentuales, debido a que la inflación no subyacente cayó 7 puntos. En el mismo período, la inflación subyacente aumentó medio punto porcentual, a pesar del endurecimiento monetario aplicado por Banxico desde junio de 2021.
En tercer lugar, una reducción de la inflación requeriría medidas monetarias más eficaces que en el pasado. Hay que tener en cuenta que desde 2017 la economía mexicana parece haber entrado en un régimen de mayor inflación que en años anteriores, con una inflación promedio superior al 5.0 por ciento. Existe el riesgo de que, si la política monetaria no logra reducir la inflación de manera duradera, las expectativas inflacionarias del público se anclen por encima de ese nivel.
Para entender la naturaleza del compromiso de Banxico con la convergencia de la inflación a la meta, sería conveniente que la Junta de Gobierno (JG) defina claramente la noción de convergencia. Esta aclaración no es semántica, sino sustantiva. Específicamente, la JG debería comunicar las características mínimas que esperaría verificar para declarar que la inflación efectivamente ha convergido a la meta, incluyendo aspectos como la duración y sostenibilidad de la convergencia.
Por ejemplo, la inflación podría tocar temporalmente el 3,0 por ciento, respaldada por una caída necesariamente de corta duración en la inflación no subyacente. O bien, la inflación podría arraigarse cerca de esta meta, si la inflación subyacente fuera lo suficientemente baja como para compensar la inflación no subyacente, cuyos niveles históricos han tendido a ser más altos.
Las implicaciones de estos dos tipos de convergencia para la política monetaria son diametralmente diferentes. Mientras que el primero podría invitar a la autocomplacencia y derivar hacia otras metas, el segundo confirmaría la efectividad de la política monetaria para lograr el objetivo.
Un caso del primer tipo ocurrió en el último bimestre de 2020, cuando la inflación se acercó a 3,0 por ciento, principalmente por una disminución de la inflación no subyacente. Según el acta, en la reunión monetaria de noviembre de ese año, un miembro de la JG señaló la necesidad de pasar “de la actual postura monetaria moderadamente expansiva a una altamente acomodaticia y que también señalamos que seguirá siendo así por mucho tiempo.” La aceleración inflacionaria de 2021 materializó el riesgo de declarar una victoria prematura.
Banxico ha insistido en que la meta de inflación de 3.0 por ciento es permanente, por lo que es de suponer que la noción de convergencia aplicable es de largo plazo. Un desafío práctico que enfrenta este banco central es la dificultad para identificar trayectorias de inflación a la baja que apunten de manera confiable a una convergencia duradera.
A diferencia de las economías avanzadas, como Estados Unidos, donde la inflación estuvo en la meta durante muchos años, los períodos de convergencia en México generalmente han sido cortos y raros. Por lo tanto, es más difícil que en otros países verificar, con base en la experiencia, que una caída en la inflación apunta hacia una convergencia permanente de la inflación hacia la meta.
Para fortalecer la comunicación y, con ella, la efectividad de la política monetaria, sería conveniente que la Junta Directiva detallara el carácter deseado de la convergencia de la inflación, así como las condiciones mínimas para confiar en que la inflación se encuentra en una senda sostenible hacia la misma. objetivo permanente 3.0 por ciento.
El autor es ex vicegobernador del Banco de México y autor de Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006).
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