mié. Jun 17th, 2026

Fue como una iluminación. La tarde del 4 de junio, el presidente López Obrador vio más clara su visión del futuro de México. El siguiente paso que debía dar era buscar consolidar y dar continuidad a lo que había intentado construir durante los últimos cinco años de su gestión. En su interior sabía que había llegado el momento de asegurar las próximas elecciones y que no podía desaprovechar la ventaja que le daría iniciar la disputa cuando todavía ostentaba el poder presidencial. El plan parecía perfecto, ya que intentaría hacer creer al público que tenía elección cuando, en realidad, ya sabía cómo debía actuar para dejar sin posibilidades la alternativa que lo enfrentaba a él ya su movimiento. Sin embargo, no todo salió según lo planeado.

El 4 de junio, el Presidente emitió las condiciones y reglas que el conocido tapas, no para que el pueblo elija quién debe liderar la continuidad de la cuarta transformación –pues para algunos el pueblo no está para elegir–, sino para validar a quien fue el elegido o elegido para sucederlo. En la vida hay personas que optan por tener una relación prematrimonial, que es una especie de prueba de todo lo que implicaría una vida de casados. En este tipo de relación, dos personas acuerdan vivir juntas, pero sin la formalidad que conlleva un compromiso adquirido después de casarse. En las elecciones políticas de un país no hay relaciones prematrimoniales. No hay precampañas ni pruebas previas sobre si uno u otro candidato puede ser el más idóneo para regir el curso de nuestros destinos.

Establecer o instaurar este tipo de espacios o experiencias es dar la oportunidad a quienes se postulan para la candidatura de sorprendernos –no mal, ya que no les conviene– y darnos una falsa ilusión de su lado más efectivo y proactivo. Este invento de la figura de la preelección mexicana fue, es y será peligroso.

Se me puede decir que en un mundo utópico donde no hay cabida para el egoísmo, quien resulte elegido para postularse a la Presidencia de verdad hará todo lo posible por velar por el bien del país y que este ejercicio preelectoral servirá para conocer los contendientes mejor. Sin embargo, está escrito en la naturaleza humana que muchas veces el conocimiento no es la base sobre la que se asienta la elección, sino que elegimos sobre lo que nos emociona, sin importar si es o no lo mejor para nosotros.

Sea como fuere, el tapas del Presidente ya han recorrido todos los estados de la República, además de tapizar la mayor cantidad posible de vallas publicitarias en todo el país, sin saber realmente quién las coloca ni quién las paga. Comenzando por la persona que cree que el concurso ya está ganado, Claudia Sheinbaum, seguido por quien dice merecer el puesto por su dilatada experiencia, Marcelo Ebrard, y concluyendo con el candidato sorpresa y que no le asusta nada. Adán Augusto López, en realidad De los seis aspirantes a la candidatura de Morena, solo estos tres tienen una chance real.

Con la encuesta que definirá al candidato de Morena a la vuelta de la esquina, el problema es que este experimento de precampaña ha consumido gran parte de la oportunidad de conocer realmente a los contendientes. También es necesario saber qué les quedará por ofrecer una vez que alguien sea elegido. La historia se repite. El guión a seguir ya se usó en el pasado y quien termine siendo candidato de Morena tiene que saber que el impacto que alguna vez tuvo el discurso de López Obrador difícilmente podrá volver a tenerlo. Las chapas de botellas comenzaron como un concurso, sin embargo, se ha convertido en una exhibición de quién realmente tiene el poder de elegir y compartir las cualidades y defectos de cada uno de los aspirantes y qué se puede esperar de ellos.

Además, como no hay perfección sin competencia, ya sea premeditada o casual y como consecuencia de una de sus acciones, el propio Presidente creó la competencia. Xóchitl Gálvez emergió y se presentó formalmente como una seria aspirante a la Presidencia, luego de la negativa del Presidente a recibirla en sus mañanas. Antes de eso, ya estaban definidos los candidatos a Morena y se evidenciaba el claro desorden y falta de oportunidad por parte de la oposición.

Cuando no se tiene poder, la esperanza es una herramienta útil que ayuda a impulsar los deseos e intereses de quienes buscan obtenerlo. Una de las cosas que puedes hacer cuando no tienes poder es provocar hasta que quien está en el poder comete un error. Hay aquí dos errores: el primero, haber quemado prematuramente la capacidad de misterio y seducción del tapas. La segunda, creer que todo estaba tan dominado que era imposible que de la oposición saliera ningún candidato capaz de sorprenderlos. Y… se sorprendieron.

La gran pregunta que debemos hacernos en este momento es: ¿qué sigue? Empieza el otoño y dejaré de hablar de las alarmantes estadísticas que arroja la inseguridad o la desaparición del ente gubernamental y de los partidos. Me limitaré a señalar que nos encontramos en un panorama de total incertidumbre y ante el cual no sabremos adónde iremos ni con quién seguiremos a partir de aquí.

Entre tapas y aspirantes opositores, México se encuentra actualmente ensombrecido por una intensa y difusa niebla que dificulta saber cuál y cómo será el futuro de la nación. Ni siquiera por instinto de supervivencia o conservación, la dirigencia empresarial e intelectual, o los calificados por el Presidente como ‘neoliberales’, han sido capaces de reaccionar ante los abusos cometidos por quienes detentan el poder contra el único candidato opositor viable hasta ahora.

Cuando llegue septiembre -y siempre llega septiembre- nos encontraremos en medio de una situación en la que seguiremos celebrando la revaluación del peso frente al dólar. Sin embargo, también estaremos asistiendo al funeral de los millones de pesos que Hacienda esperaba recaudar con el valor del petróleo –pues al fin y al cabo se paga en dólares– y todos los efectos que tendrá el llamado superpeso. traer con él

En cuanto al panorama político, la campaña ya no podrá ser la misma, pues ya se utilizó el discurso del todo por, con y para los pobres y el hecho de culpar al pasado de las desgracias del presente. Los candidatos deberán usar su creatividad e imaginación para formular una nueva forma de impactar a la sociedad mexicana. A meses de ir a votar por quien será el nuevo presidente de México, ¿cuál será el factor decisivo que termine de inclinar la balanza en las próximas elecciones?

En medio de condiciones tan extrañas y confusas, será interesante ver quién gana en ambos lados. ¿Qué candidato es el más emocionante y por qué? ¿Qué ofreces que sea diferente a lo que hemos estado viendo y experimentando en los últimos años? Ha llegado el momento de que la ciudadanía mexicana analice quiénes y qué están eligiendo para representarlos. El elegido no solo llevará una banda y se sentará en Palacio Nacional -si ese sitio sigue siendo el elegido para ser sede del próximo gobierno-, sino que será quien marque el rumbo del país para los próximos años. No es un juego, se trata de elegir a alguien que verdaderamente tenga las herramientas para asegurar el desarrollo y mejorar la calidad de vida de los mexicanos. Eso, sin dejar de lado el trascendental hecho de que el próximo año serán las primeras elecciones sin un árbitro electoral confiable.

Comienza el conteo final.

Leer la nota Completa

Metro

By Metro

METRO es un sitio web internacional en donde destacan las noticias más relevantes de hoy, actualidad y diversos temas como deportes, politica, economía y más. Con información veráz y acertada en cada noticia de todo el mundo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *