dom. Abr 12th, 2026

Periodista mexicana especializada en asuntos internacionales.

Cada día que pasa, la pregunta casi existencial entre los mexicanos cobra fuerza: ¿Cuál de los dos candidatos favoritos de Morena debería enfrentar a la disruptiva Xóchitl Gálvez? No solo para ganar la Presidencia, sino para obtener fácilmente, como lo presupuestó el presidente López Obrador, una mayoría calificada en el Congreso de la Unión.

Luego de tres semanas y media de haber recorrido los precandidatos morenistas por varios estados del país, la irrupción de Xóchitl Gálvez en el escenario electoral alteró las perspectivas.

No solo de quién ganará la encuesta interna entre Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum, sino quién de los dos será el mejor rival ante un candidato que no tendrá nada que perder y todo por ganar; una mujer que ha desquiciado la narrativa de Sheinbaum, al quitarle el papel de ser la única mujer en el escenario, y que, además, su imagen ante el pueblo es contraria a la que desde Palacio Nacional se ha buscado construir sobre el perfil opositor : de guante blanco, acicalado, aburguesado, fífisen coches de lujo, vacíos.

En perspectiva, Xóchitl se parece más a la imagen colectiva de una “política del pueblo”. Esta idea ha descolocado a los propagandistas del gobierno, que buscan a toda costa, hacer ver a la gente que, no, que es una imagen falsa, comparada con los originales de la 4T.

Antes del efecto Xóchitl, ningún otro candidato opositor podía hacer sombra a Claudia o Marcelo. Esto nos hizo pensar en ambos equipos de campaña, pero sobre todo dentro de la de Sheinbaum, que, ganando la interna, el resto fue un mero trámite. Intuyeron, arrogantes, que la victoria de la Presidencia se lograría de manera prácticamente automática.

Ahora, las cosas han cambiado, y también la narrativa, pues cuanto más crezca el senador Gálvez, la verdadera contienda electoral comenzará el 6 de septiembre, cuando los finalistas, de Morena y la oposición, estén listos para competir. para el presidente

Desde la posición de Xóchitl, se dispara, entre tirios y troyanos. En el salas de guerra de los candidatos de Morena, y especialmente en la mente de López Obrador, ya asumen que quien gane las encuestas será solo un trampolín para posicionar al candidato que, como en los maratones, tendrá que asumir que llegará una carrera por el poder que durará 42.195 kilómetros.

Se espera una batalla campal y mucho dinero de por medio. López Obrador se ve obligado a reconsiderar su apuesta sobre quién será el mejor candidato, no solo dentro de Morena, sino también en una contienda competitiva por la elección presidencial, donde la alianza opositora podría descarrilar su proyecto nacional.

Por eso, está en vilo cuál será la verdadera fórmula ganadora. ¿Quién, entre Marcelo y Claudia, tiene mejor capacidad, conocimiento, debate, carisma, apoyo entre los diversos estratos de la sociedad, capacidad de transmitir, de mover, y ese algo que no se puede describir, pero que pocos logran? hacer: poner al público de pie entre verdaderos aplausos?

Cierto es que Xóchitl no podrá ganar solo con su gracia, frescura y currículum, necesitará la estructura y el dinero de varias de las agrupaciones políticas más sombrías que han gobernado México. Personajes que buscan recuperar el poder y que forman una alianza sin ideología ni proyecto nacional. Con poca autoridad moral buscan volver a gobernar México, y su estrategia es desacreditar todo lo que ha hecho la 4T.

Los negativos de Xóchitl son los sellos políticos que la acompañan junto a sus líderes. Alito Moreno, Marko Cortés y Jesús Zambrano son figuras tan frágiles o siniestras que tendrán que convencer al electorado de que aunque correrán la maratón, al mismo tiempo son diferentes, una paradoja difícil de resolver, pero que, si logre hacerlo, y su persona difiera mucho de ellos, podrá convertir su efecto en un movimiento independiente a los de esas siglas que tanto daño han hecho al país.

Y mientras Xóchitl sale libre, Claudia y Marcelo, a falta de 46 días de campaña, previa a la aplicación de las encuestas (del 28 de agosto al 3 de septiembre) hay diferencias sustanciales en sus estrategias. Claudia sigue apostando a los mítines con el auspicio de municipios y estados, y repite y repite lo que dice el presidente en la mañana. Por su parte, Marcelo busca convencer a través de propuestas.

Recién el lunes, Ebrard volvió a ser tendencia en las redes sociales con su “Plan Ángel”, una estrategia de seguridad basada en sistemas tecnológicos de reconocimiento facial y morfológico, drones, cámaras inteligentes, detectores de armas, rastreadores de vehículos, etc… cambio significativo y cuantitativo con respecto a la estrategia de “abrazos, no balazos”. Ocurre justo en uno de los momentos más complejos del sexenio por la inseguridad que se vive en México.

Claudia está preocupada por los resultados mixtos que ofrecen varias encuestadoras. Apenas quedan 24 días de estas “giras”, menos de la mitad y mucho por ver, cuando ya vio la necesidad de publicar en Twitter algunas encuestas que la favorecen. Todavía no han llegado ni a la mitad del tiempo que destinarán a sus giras, y ya se perciben carencias evidentes en su estrategia y formas, falta de carisma y estructura en la campaña.

Así van las cosas, seguiremos analizando el péndulo electoral y sus vicisitudes.

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