
Durante varias décadas, incluso podríamos decir los dos últimos siglos, el objetivo del conocimiento era alcanzar la objetividad y aunque podemos reconocer que esto ha sido más un mito, no ha dejado de ser un reclamo en diferentes ámbitos del quehacer humano.
La prensa en todas sus formas planteó como características de su veracidad mostrar los hechos de la “manera más objetiva posible”. Hoy esa ansiada objetividad es cada vez más lejana. Vivimos en una era en la que la posverdad domina todos los ámbitos. En él se privilegian las mentiras y las emociones por encima de los datos moderadamente corroborados.
En la era de la posverdad, se distorsiona deliberadamente la realidad a partir de construcciones discursivas profundamente ideologizadas que manipulan creencias, emociones y sentimientos para fines claramente establecidos por una ideología, grupo político o cualquier otra forma de asociación.
En el mundo de la posverdad se utilizan las fake news, la manipulación desproporcionada de datos, las falacias de autoridad y el uso de algunos símbolos para conectar a los individuos a través de una convicción manipulada. La posverdad genera un discurso cuyas afirmaciones y argumentos, por más falaces que sean, se vuelven “verdaderos” para amplios sectores de la población.
Hoy en día la palabra propaganda se escucha cada vez menos, pero en los cimientos de la posverdad está presente de manera ampliamente sofisticada. Recordemos cómo a principios del siglo XX periodistas como Walther Lippmann y otros políticos y publicistas orquestaron algunas de las primeras campañas de propaganda, por entonces antialemanas, para convencer a la población estadounidense de ir a la guerra contra ese país.
Hoy parece políticamente incorrecto citar a Joseph Goebbels quien es reconocido como uno de los más grandes artífices de la propaganda nazi que movilizó a millones de personas hacia la causa del partido en el poder en ese momento. Precisamente a Joseph Goebbels se le adjudica la frase que dice: “una mentira dicha mil veces se convierte en verdad”.
Hoy, en la era de la posverdad, esta idea es más que válida, y para ello basta ver la forma en que los medios occidentales “informan” a sus audiencias sobre el futuro de la guerra ruso-ucraniana. Estos medios ocultan información importante sobre las graves crisis humanitarias que están ocurriendo en Yemen y otras partes del planeta, haciendo parecer que no pasa nada mientras en Ucrania gracias a estos noticias falsas por un lado, se exacerban las “acciones heroicas” de los ucranianos y, por otro, se destacan las “terribles masacres” perpetradas por los rusos. Todas estas son expresiones claras de una posverdad que dista mucho de lo que sucede en la realidad.
Lo acontecido el pasado fin de semana en torno al llamado “intento de golpe de Estado contra Putin” perpetrado por el cuerpo mercenario de Wagner y su líder Prigozhin es otro claro ejemplo de este mundo de la posverdad en el que los medios occidentales insisten sistemáticamente en restarle capacidad, capacidad mental a Rusia. salud de su líder Vladimir Putin, sus habilidades en el campo de batalla, y exaltar sus debilidades. El llamado asunto Wagner llegó a su fin en menos de 24 horas, a pesar de que los medios europeos y occidentales lo han maximizado hasta el punto de que algunas editoriales, incluso en México, señalaron que estábamos en el principio del fin. de la era de Putin. La posverdad occidental construye un discurso antirruso en el que los “buenos” deben luchar contra los “malos”. Occidente, apoyando a Ucrania, no ha sido capaz de vencer a Moscú… ¿Conseguirá la posverdad debilitar al Kremlin?
Este fenómeno de la posverdad se da en muchos ámbitos de la política internacional así como en la política dentro de una gran cantidad de países y México no es la excepción, por el contrario, el actual gobierno de la llamada 4T es un excelente representante de esta época. que los datos ofrecidos por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, incluso instancias nacionales como el Banco de México o la Secretaría de Economía son sistemáticamente descalificados en ese ritual cotidiano llamado “La mañanera”.
El presidente Andrés Manuel López Obrador construye cada día un México de prosperidad, crecimiento económico, estabilidad política, seguridad y lucha contra el crimen y la delincuencia. Este es un México de posverdad, de la realidad paralela que se niega a reconocer los datos de los crímenes que se cometen todos los días, de ataques a los medios que no están alineados con el discurso oficial, que se niega a aceptar las críticas, que niega la falta de regla de ley.
En los más de cuatro años de este sexenio, la verdad, los datos duros, se rigen por la mentira y nos alejamos sistemáticamente de la objetividad.
En esta era de la posverdad, es urgente que la sociedad civil alce la voz, pues la historia nos muestra cómo la manipulación, la tergiversación de la realidad, junto a los discursos dogmáticos, son la antesala de la erosión de la democracia y conducen sistemáticamente a la consolidación de regímenes autoritarios y totalitarios. gobiernos Ese es un gran riesgo.
El autor es Doctor en Relaciones Internacionales, especialista en Asuntos Globales y Política Internacional. Es profesora investigadora de la Escuela de Gobierno y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey.
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