dom. Ago 9th, 2026

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara es algo único. Es un símbolo distintivo de un México abierto. Durante 10 días, la literatura, la palabra y otros tesoros del pensamiento se dan cita en una feria que se ha convertido en una de las mejores del mundo. Este año la FIL se celebra entre fuegos cruzados. Se disparan tiros por todos lados y sólo hay que refugiarse detrás de las estanterías y tapas duras de los libros que, suponemos, contienen lo contrario, que es la razón.

El fuego cruzado no es el tema de este artículo, porque no entiendo todas las particularidades de la política o la grilla jalisciense. Fui invitado a hablar sobre la actitud de los gobiernos frente al conocimiento y la evidencia, en el marco de un tema más amplio: los riesgos que enfrentan las democracias liberales en nuestro tiempo.

Era natural que en respuesta a esta invitación hablara sobre el papel de los think tanks (esta es la mejor traducción que hemos encontrado al final de grupo de expertos) en la formulación de mejores respuestas a los problemas públicos. Tenía que hacer la nota de que no vivimos en tiempos normales, porque la ciencia, la evidencia y el conocimiento experto están totalmente degradados, y eso impone un profundo desafío para quienes queremos aportar ideas a la discusión pública, conocimientos para comprender un fenómeno social, y evidencias para diseñar las políticas o intervenciones adecuadas.

Sin embargo, tengo muy clara la necesidad de ser introspectivos y autocríticos, y no limitarnos a llorar por el declive de la pericia. Tenemos que entender las causas que llevaron a que el conocimiento técnico esté tan desvalorizado. Una conclusión preliminar (que no agota el ejercicio que estamos obligados a hacer) es que debemos hablar menos con el poder y más con la sociedad. Nuestro trabajo, el trabajo de otros compañeros, no debe ser unidireccional, de nosotros hacia vosotros, sino todo lo contrario. Y una advertencia más: no esperemos a que las cosas vuelvan al estado en que estaban antes del triunfo de AMLO. No creo que eso sea posible. Ricardo Raphael dice que cuando la pasta de dientes sale de su tubo no hay manera de devolvérsela (no estoy citando).

En definitiva, creo que el papel de los think tanks siempre es relevante. En muchos países han creado relaciones sólidas y continuas con los tomadores de decisiones que les permiten tener información confiable y oportuna para su trabajo. También es natural que haya conversaciones entre generadores de conocimiento y políticos. Aun así, las respuestas son insuficientes y se manifiesta la decepción con la democracia. Creo que esto se debe a la falta de flexibilidad con la que se pueden crear y cancelar programas gubernamentales. Aquí no existe la destrucción creativa de la que hablaba Schumpeter; más bien se presenta una captura que se sostiene durante años. Los programas y políticas públicas se mantienen estáticos, porque tienen dueños que no están dispuestos a renunciar fácilmente a sus beneficios.

Creo que es por estas brechas entre la política pública y la realidad social que ciertos grupos quedan desprotegidos. Las sociedades son dinámicas, pero los programas públicos no lo son. Y aquí es donde surge el conflicto. Y del conflicto emergen los desafíos al orden político. Con esto sugiero que existe una relación entre la democracia y la eficacia de las respuestas públicas a diversos problemas.

Hay que reconocer que lo que ha hecho AMLO es insólito. Barrió varios programas sociales que parecían muy arraigados. Cualquier técnico de Hacienda hubiera querido mover piezas del gasto social con esa flexibilidad. Pero ni lo intentaron ni se atrevieron. AMLO va a dejar un legado de programas de transferencia que dejan poco margen de maniobra a su sucesor, quien será explotado por las consecuencias de políticas públicas hechas con intuición, pero sin profesionalismo (en algunas áreas con grandes daños como salud, educación, seguridad…).

Vuelve al papel de grupo de expertos en este nuevo entorno. Veo inmensas oportunidades si sabemos adaptarnos a las nuevas realidades. Porque los centros de pensamiento pueden ser un vínculo entre el presente y el futuro; el espacio en el que se vislumbran tendencias y se construyen respuestas. También pueden ser el observatorio de nuestra realidad social, lo que permite identificar con precisión a los que están eternamente excluidos del sistema.

Debo decirles que también veo inmensos riesgos. Me temo que cruzaremos una línea en la que cada grupo en disputa tiene sus propios datos y realidad. De esta forma perderemos un punto de apoyo fundamental del entendimiento y con él la capacidad de conversar. Por eso reivindico el papel de los think tanks, que deberían encontrar formas de ser mucho más relevantes para las sociedades a las que sirven.

Y de la FIL digo que aún en el fuego cruzado de estos políticos egoístas, floreció como todos los años. Y comprobé que la conversación pasa y estamos mejor después de ella.

El autor es director de México Evalúa.

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