mié. Ago 12th, 2026

Universidad Iberoamericana de Puebla y Universidad de Guadalajara.

Las finanzas públicas de México han sido débiles durante décadas. Durante muchos años su estabilidad descansó en los ingresos petroleros y en los abusos que de ellos hicieron el gobierno federal y el sindicato Pemex, en un sindicato cuyo vehículo de adhesión fue la preservación de privilegios a cambio de apoyo político al partido en el gobierno, bañado en corrupción.

La debilidad crónica del tesoro público radica tanto en su estructura de ingresos como en sus políticas de gasto. Los ingresos son insuficientes, con una base impositiva especialmente baja debido a la informalidad y con inequidades en la carga tributaria. Los gastos tampoco son suficientes para brindar los servicios públicos de calidad que requiere la población. Su estructura refleja prioridades políticas y poca previsión para el futuro, poca transparencia y rendición de cuentas para garantizar que cada peso del gasto público se gaste bien y que exista suficiente escrutinio público. Finalmente, el financiamiento gubernamental está en su límite y hay señales de alerta sobre su sostenibilidad en el mediano y largo plazo si se sigue la política presupuestaria actual.

La apertura de la economía mexicana, con un tipo de cambio flexible, ha obligado al gobierno mexicano en los últimos 25 años a priorizar una estabilidad macroeconómica razonable que limitara los excesos gubernamentales que los mayores de 60 años sufrimos en carne propia en las crisis de 1976, 1982 y 1994. -1995. Desde entonces, los déficits públicos han fluctuado a un máximo anual de entre el 3,0 y el 4,0 por ciento del PIB, cifra que hasta ahora ha sido manejable, y la deuda pública aumenta año tras año. La última vez que se redujo el saldo de la deuda pública fue con la venta de activos y reprivatizaciones durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

La estabilidad ha sido un objetivo del actual gobierno, lo cual es positivo en principio, pero ha sido a costa de recursos insuficientes para pagar los servicios públicos esenciales. A esto hay que sumarle el uso político del Presupuesto para limitar entidades del Estado que resultan incómodas para el gobierno (como el INE, el INAI y hasta el Poder Judicial de la Federación por estos días), al tiempo que se otorgan recursos ilimitados a la Armada. Fuerzas Armadas (además de más poderes y control de todo lo estratégico en la gobernancia del país a costa de principios democráticos elementales) y las obras emblemáticas del gobierno, en particular la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya. El abuso de la excepción a la rendición de cuentas y a la información pública por razones de “seguridad nacional” ha colocado un velo de sombra y corrupción que es evidente, pero cuya magnitud desconocemos por la misma opacidad impuesta al actuar del gobierno federal. Con frecuencia nos enteramos de transferencias del gobierno a Pemex a través de los informes que Pemex tiene que presentar a la Comisión Nacional de Valores, como casi ningún medio informó.

El actual gobierno había mantenido una tendencia de endeudamiento similar a la registrada en los dos sexenios anteriores, pero convirtió su deuda en dólares a deuda en pesos para reducir la vulnerabilidad a shocks externos, aunque encareció su servicio debido a los mucho mayores costos. tasas de interés en pesos que en dólares. Por otro lado, la deuda no ha ido acompañada de un fortalecimiento de los ingresos públicos que le permita aumentar su capacidad de pago. Por ejemplo, en 2023 prácticamente toda la recaudación del IVA se necesitará para pagar el servicio de la deuda pública. Además, el gobierno ha utilizado todos los fondos de reserva que se habían acumulado durante años, incluidos los más variados fideicomisos y ahora incluso los del Poder Judicial. El monto de la deuda alcanza ahora cerca del 50 por ciento del PIB, lo que parece bajo en comparación con otros países, pero en realidad es muy alto dada la baja capacidad de recaudación de México. Esta debilidad es conocida por los mercados.

Hasta 2023 hubo acuerdo entre política fiscal y monetaria, en el sentido de que la “austeridad republicana” fue acompañada de una política monetaria restrictiva ante los inicios de presiones inflacionarias. Ese acuerdo se ha roto con el Presupuesto 2024, que busca una expansión del gasto que no habíamos visto en 20 años, con un déficit del 5.4 por ciento del PIB y una deuda de casi dos billones de pesos, mientras el Banco de México mantiene altas tasas de interés. para aliviar las expectativas inflacionarias. Con los Presupuestos aprobados, el Gobierno ha enviado la señal de que la estabilidad macroeconómica se mantendrá hasta 2024. Después, será problema del nuevo Gobierno. Este es un presagio peligroso porque los mexicanos hemos visto esta película muchas veces.

Leer la nota Completa

Metro

By Metro

METRO es un sitio web internacional en donde destacan las noticias más relevantes de hoy, actualidad y diversos temas como deportes, politica, economía y más. Con información veráz y acertada en cada noticia de todo el mundo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *