El 1 de julio, el Papa Francisco anunció el nombramiento del nuevo titular del Dicasterio de la Congregación para la Doctrina de la Fe, responsabilidad que recae en Víctor Manuel Fernández, Arzobispo de La Plata, en Argentina.
Luis Ladaria (79), cardenal español y jesuita, actualmente en el cargo, finaliza su mandato de cinco años el próximo septiembre. Fernández, conocido como Tucho, tiene 61 años y en 2013 fue ordenado obispo por el actual Papa.
Se sabe que entre el Papa y el arzobispo existe una gran amistad y coincidencias en sus posiciones progresistas respecto a la necesidad de transformar la Iglesia.
Se convirtió en el primer prelado argentino que el Papa llevó al Vaticano. El nombramiento ha sorprendido a muchos en la Iglesia, en particular al sector más conservador.
En la carta de nombramiento, el Papa le dice a Fernández que en su nueva responsabilidad: “Su finalidad central es custodiar la enseñanza que brota de la fe para dar razón de nuestra esperanza, pero no como enemigos que señalan y condenan”.
La importancia de lo que antes fue tristemente el Santo Oficio, es conocida en la Iglesia y fuera de ella. El Papa pone a Fernández en ese puesto, para que le ayude en el proceso de transformación de la Iglesia. Su misión es clara.
Ante este nombramiento, era de esperar que los sectores más conservadores de la Iglesia reaccionaran en su contra. El primero en hacerlo fue el teólogo y cardenal alemán Gerhard Ludwig Müller, muy cercano al difunto Benedicto XVI.
Quien lo nombra responsable de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cargo que en el pontificado de Juan Pablo II ostentaba el Papa alemán, Joseph Ratiznger. Hasta ahora este Dicasterio siempre había estado en manos de conservadores, unos más ilustrados que otros.
Müller, en entrevista con Michael Hayenes, de Life Site News, critica directamente a Fernández con fuerza. Ya ha criticado al Papa Francisco por haber abierto la Iglesia a las “doctrinas progresistas”.
Según el cardenal, Fernández es un peligro por su postura de lo que llama “modernizar la fe”, y añade que “los hombres no podemos completar, corregir o modernizar la palabra de Dios”.
La decisión del Papa de nombrar a Fernández es estratégica en el proceso de cambio de la Santa Sede y de toda la Iglesia. Es muy probable que en las próximas semanas los sectores más conservadores lancen una ofensiva contra el Papa.
Las líneas de ataque se esbozan en la entrevista al cardenal Müller. Menciono algunas: “Sólo un loco podría hablar de una nueva primavera para la Iglesia”; (La Iglesia) “no necesita nuevas fundaciones ni modernizaciones como si estuviera en ruinas y como si hombres flacos pudieran reemplazar al constructor divino”.
Rubén Aguilar Valenzuela
Twitter: @RubénAguilar
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