lun. Ago 24th, 2026

Me han dicho que lo que voy a publicar aquí es una tontería, pero no sé por qué debería llamarse así. Por eso lo escribiré tal como me fue dicho. Recurro en mi defensa a los versos del romance castellano: “Eres un mensajero, amigo. / No mereces culpa, non”. Las parejas de recién casados ​​que salían en automóvil de Monterrey o Saltillo para pasar su luna de miel en Ciudad de México o Acapulco hacían una parada obligatoria en cierto hotel de excelente calidad ubicado al costado de la carretera cerca de Matehuala. Allí tuvo lugar su noche de bodas. Lamento no recordar el nombre de aquel hotel de muy grato recuerdo para muchos, pero la voz popular lo llamó Puerto de Palos, quizás en homenaje a Colón, quien con sus tres carabelas zarpó de ese puerto andaluz el 3 de agosto de 1492 hacia hacer lo que más tarde se conocería como el descubrimiento de América. Me parece injusto que a este homenaje al gran almirante se le llame tontería, pero en fin: Hay razones de sinrazón que la razón desconoce. El caso es que un novio se acercó a la cama del dormitorio nupcial, y desde allí llamó a su flamante novia, quien había colocado una silla frente a la ventana y desde allí contemplaba la noche primaveral. Él le pidió ansiosamente: “¡Ven a la cama, amor mío! ¡Ven a mis brazos amorosos!”. “Lo haré mañana”, respondió la ingenua joven. “Mi madre me dijo que esta será la noche más hermosa de mi vida y no quiero perderme ni un minuto”. Aplaudo, pero con una sola mano, a Olga Sánchez Cordero por su negativa a aprobar la apropiación ilícita que ordenó AMLO de fideicomisos de trabajadores del Poder Judicial, acción que muchos consideran un robo. Mi aplauso es, pues, modesto, porque el ministro retirado y exsecretario de Gobernación ha sido parte del régimen de Obrador, que tanto y tan grave daño ha causado a México. La señora se da cuenta tardíamente de los abusos de AMLO y de su desprecio por las instituciones en las que se basa la República. Su protesta, entonces, aunque valiosa y digna de reconocimiento, es por algo que ella misma contribuyó a crear y con lo que ha colaborado. Como otras que alguna vez apoyaron a AMLO y luego se arrepintieron de su error y se distanciaron de él, la senadora ya sabe que es una deshonra estar con Obrador. Una acción coherente de Doña Olga sería entonces renunciar a su incómoda militancia en Morena por este acto contrario a la razón, al derecho y a la justicia, un burdo atentado que no sólo perjudica al Poder Judicial, sino también al equilibrio democrático e incluso a la integridad de la Nación. De hacerlo, borraría el estigma que aún carga a pesar de haberse opuesto a este atropello, y tendría derecho a un merecido y sonoro aplauso, ahora con ambas manos. Tres mujeres llegaron al mismo tiempo al Cielo: una monja, una casada y una de vida enojada. Fueron recibidos por un ángel, porque San Pedro, el portero celestial, había ido a pescar. El ángel dijo a la monja: “Ten esta llave de oro. Te la mereces por tu vida de virtud, por tus oraciones y por el bien que hiciste al prójimo. Con ella podrás abrir la puerta del Cielo”. A la mujer casada le dijo: “Ten esta llave de plata. Te la mereces por tu vida de sacrificio, por haber aguantado tanto tiempo a tu marido. Con ella podrás abrir la puerta del Cielo”. A la mujer galante le dijo: “Ten esta llave de cobre. Te la mereces por tu vida de placeres, de dedicación a los placeres mundanos”. La hetera preguntó tímidamente: “¿Con ella podré abrir la puerta del Cielo?” “No”, respondió el ángel, “con él podrás abrir la puerta de mi apartamento”. FIN.

ESTAR ATENTO

Por Armando FUENTES AGUIRRE

Esta es una leyenda medieval. Me conmueve.

Un pobre charlatán fue a la capilla de la Virgen y habló a su imagen:

-Madre: Mi esposa y mis hijos tienen hambre. Ayúdame, por misericordia, a conseguirles pan. No sé orar, pero os presento la única oración con la que puedo dirigirme a vosotros.

Y dicho esto, hizo ante la Virgen las piruetas y piruetas que sabía hacer.

Entonces la imagen de la Señora cobró vida. Sacudió uno de sus pies y dejó caer la bota que llevaba, confeccionada con hilos de oro y plata y tachonada de ricos pedrería.

El hombre, jubiloso, fue a venderlo, pero los alguaciles lo arrestaron y, sin creer su historia, lo condenaron a morir en la horca como ladrón. El infortunado pidió como última gracia que le permitieran decir su oración final ante la Virgen. Él nuevamente hizo ante ella las piruetas de ella. El pueblo observó atónito cómo la Virgen sacudía su pie y le entregaba al charlatán su otra zapatilla.

Esa leyenda me conmueve, dije. También soy un charlatán que no sabe rezarle a la Señora.

¡Nos vemos mañana!

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