
¿Se derrumbó o no? ¿Voló a México o no? ¿Tuvo un quinto infarto o no? Todas estas son preguntas que nos hicimos el pasado domingo, en lo que terminó siendo un episodio de incertidumbre y especulaciones que un país de la importancia y tamaño de México no se puede permitir.
No se trata de la salud de Andrés Manuel López Obrador -que por supuesto queremos que vaya por mejor camino-, sino del problema que genera la intempestiva ausencia del Presidente de la República, Poder Ejecutivo de la Unión, en que la Constitución deposita la más importante responsabilidad política nacional, hacer cumplir las leyes y representar al Estado Mexicano ante el mundo entero.
México ocupa el puesto 14 en el mundo por superficie terrestre, con casi 2 millones de kilómetros cuadrados. Es también la decimoquinta economía mundial, aportando el 1,67 del PIB mundial. En su relación con EE.UU., nuestro país lideró exportaciones por alrededor de 350 mil millones de dólares en 2020, encontrando a nuestro principal cliente en nuestro vecino del norte.
El mantenimiento del orden constitucional y el cuidado de la marcha del país en todo sentido, está constitucionalmente depositado en una persona, que está al frente de la administración pública federal, y que en cualquier eventualidad es la única que goza de la competencia para tomar las decisiones más pertinentes. decisiones e importantes para el país, como ordenar el despliegue de las fuerzas armadas hasta un punto determinado del territorio nacional, o peor aún, declarar la guerra a cualquier enemigo del país.
El artículo 6 de la Constitución contempla el derecho de todos los mexicanos a recibir información veraz, prerrogativa que condiciona la validez y eficacia de una pluralidad de derechos también contemplados en el Pacto Federal: las decisiones que adopte el ciudadano en materia electoral, por ejemplo, son Se definen con base en el conocimiento que éste tenga sobre la marcha de la gestión del gobierno que se va a renovar.
Esta disponibilidad de información disponible al público varía, ya que la transparencia de la información no se rige de la misma manera en el ámbito privado que en el público; Es en esto, precisamente, que la apertura de la información debe ser aún mayor, debido a que la conducta del gobierno está asociada a la disponibilidad de recursos públicos, medios que lógica y constitucionalmente se conforman con aportes realizados por los propios gobernados. . . Los asuntos públicos no conciernen ni son propiedad exclusiva de los gobernantes, sino todo lo contrario, el progreso del gobierno encaja perfectamente en ese ámbito de la vida nacional que interesa y es propiedad misma de toda la sociedad.
En México, la Constitución contempla cinco tipos de figuras asociadas al ejercicio de la titularidad del Ejecutivo Federal: el presidente electo; el presidente constitucional; el presidente interino; el presidente interino; y, el presidente suplente.
De acuerdo con la veracidad de las especulaciones ocurridas anteayer, podríamos encontrarnos ante la necesidad inmediata de que el gobierno del país cuente con los trámites para el inminente nombramiento de una de las figuras presidenciales mencionadas: la del presidente provisional o que del suplente, según la gravedad de los padecimientos que deba afrontar el presidente de la república.
Durante el pasado sexenio, debido a la intervención quirúrgica del presidente Enrique Peña Nieto, se tuvo que designar un jefe de oficina en los horarios en que debía someterse a la anestesia general. Se tomaron responsablemente las medidas necesarias para no salir del país, en ningún momento, sin la persona delegada con la competencia necesaria para atender cualquier emergencia o cualquier reclamo ejecutivo en materia de seguridad nacional.
El esfuerzo que se ha mostrado para ocultar la información a los medios de comunicación o al público; lo que se agrava al privar de los requisitos constitucionales indispensables para que el INAI pueda existir, operar y funcionar legalmente para remediar tal situación, produce un sentimiento de caos y anarquía que perjudica a todo el país.
A todos los mexicanos les interesa que el presidente, encargado de dirigir el país, goce de un maravilloso estado de salud. Solo que este deseo no constituye un mensaje aislado de apoyo solidario a favor de Andrés Manuel López Obrador; independientemente de que así sea, también constituye un derecho perfectamente válido y legítimo, que es concomitante a la obligación que debe observar, por un lado, de cuidar de su propia salud, realizando todas aquellas actividades -positivas o negativas- – para hacerlo; y, por otro, informar públicamente sobre la forma en que se encuentra.
Si la información divulgada por el vocero del presidente adolece de poca credibilidad; o que la abundante cantidad de fuentes informativas terminen por tergiversar los hechos en detrimento del valor de veracidad que ampara la ley, lo cierto es que la ausencia del presidente y el evidente vacío que produce, constituye en este caso, además a todo, una violación constitucional.
Algunas cartas deben ser tomadas con el propósito de brindar seriedad en el tratamiento de los problemas de salud que afectan al operativo presidencial. La creación de un protocolo de respuesta a episodios de este tipo, que incluya acciones específicas que debe observar la presidencia para atender a los medios de comunicación y, por ende, al interés legítimo de la sociedad de conocer el estado de salud del mandatario, constituiría una muy buen paso, que dejaría huella para las administraciones posteriores.
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