
Ha sido evidente la intención del régimen de modificar el marco legal electoral de tal manera que asegure la victoria en las elecciones presidenciales de 2024. Pero también sentar las bases que le permitan asentar un sistema de partidos hegemónico, como el que sufrió el país a lo largo de las últimas siete décadas del siglo pasado.
Para intentar evitarlo, hasta el momento se han librado dos batallas y se ha iniciado una tercera. Esto último podría parecerle a algunos una simple escaramuza. Pero no, será una verdadera batalla que ya ha comenzado y tendrá su desenlace a más tardar el 3 de abril.
La primera batalla se dio con motivo de la presentación, el 28 de abril, de la iniciativa de reforma a la Constitución en materia electoral enviada en esa fecha a la Cámara de Diputados por el presidente López Obrador. Fue rechazada en la Cámara de origen cuando los legisladores de Morena y sus aliados no obtuvieron las dos terceras partes de los votos, como se exige cuando se trata de reformas a la Constitución. Si la iniciativa de AMLO hubiera sido aprobada, las perspectivas para el futuro del país serían poco menos que aterradoras.
Todavía se libra la segunda batalla contra el llamado Plan B de López Obrador. Aquel comenzó con la presentación de una miscelánea electoral, mediante la cual se proponía la modificación de más de 450 artículos de seis ordenamientos jurídicos —uno nuevo— sobre la materia. Es decir, la reforma de la legislación electoral secundaria, para lo cual Morena y sus aliados sí cuentan con los votos necesarios en ambas Cámaras.
Lo mismo con el propósito de asegurar ventajas a Morena en la competencia electoral, al mermar el ente autónomo, el INE, encargado de organizar los procesos electorales, además de provocar su deterioro general. Todo ello en beneficio del único participante que podrá violar impunemente las reglas, es decir, el partido de gobierno, en gran parte diseñado para ello. Con derroche además del servicio profesional en la materia, formado por más de tres décadas, las mismas que hicieron del sistema electoral mexicano uno de los más prestigiosos del mundo.
En la ejecución de ese Plan B presidencial, todos hemos sido testigos, con bochorno, no sólo de una dejadez legislativa nunca antes vista, sino también del trato vejatorio dado por el Ejecutivo a los diputados de su partido, al obligarlos a aprobar el mismo día , sin darles ni tiempo de leerla, la iniciativa que te envió y sin cambiar una sola coma, con dispensa de todo papeleo. Sin duda uno de los episodios más bochornosos de la historia legislativa de México.
El agravio era mayor si se tiene en cuenta que en el Senado algunos miembros de este último y militantes del mismo partido de gobierno, detectaron decenas de reformas aprobadas por la Cámara de Diputados y abiertamente contrarias a la Constitución, además de no pocos desatinos incluso en redacción y sintaxis sencillas.
Ya pagado, hubo otra burla al mandatario cuando dio públicamente la autorización a los legisladores de Morena, como si fueran sus sirvientes, para corregir la picardía hecha por unos ‘duendecillos’. Francamente, tal ignominia es inaceptable.
Bueno, ya ha comenzado la tercera batalla, que no es una simple escaramuza. Sucede que el 3 de abril cuatro de los once miembros del Consejo General del INE concluyen su mandato de nueve años como asesores electorales. Ellos son: Lorenzo Córdova, actual presidente, Ciro Murayama, Adriana Margarita Favela y Roberto Ruiz Saldaña.
El Consejo General del INE, “órgano superior de dirección” del organismo electoral, tal y como lo define la Constitución, es clave para el correcto desarrollo de los procesos electorales. Por eso, es muy importante que las vacantes no sean ocupadas por incondicionales de AMLO, que encajan en el perfil que él mismo ha definido, sus colaboradores deben tener noventa por ciento de sumisión y diez por ciento de capacidad. Porque si esto llegara a suceder, de nada serviría haber salido más o menos bien librado de las dos batallas iniciales si ésta se pierde.
El lunes de esta semana, la Cámara de Diputados aprobó, prácticamente por unanimidad (lo que hasta ahora es un buen augurio), el Acuerdo y la Convocatoria al proceso que debe culminar con la elección a más tardar el 3 de abril de 2023 de los cuatro nuevos integrantes. del Consejo General del INE.
El proceso de elección, relativamente complejo y barroco, está contenido en el artículo 41, Base V, apartado A, párrafo quinto, incisos a) a e) de la Constitución, que todos debemos leer y ser conscientes de su estricto cumplimiento. Será necesario profundizar en este importante tema.
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