mié. Ago 5th, 2026

Tradicionalmente, en México los partidos políticos nacionales definen a sus candidatos entre 6 y 9 meses antes de las elecciones. Ese proceso fue conocido en otros tiempos como “el destape”.

Si bien el plazo formal de inscripción de candidatos presidenciales será hasta el primer trimestre de 2024, las fuerzas políticas contendientes buscan posicionar sus prospectos para tener más oportunidades de lograr resultados favorables en los procesos electorales. De ahí la necesidad de que la definición se dé meses antes del registro.

Esto implicaría que, a más tardar, en el último trimestre de 2023, tanto Morena como la Alianza Opositora buscarán tener definido a su candidato presidencial. Eso será en 8 o 9 meses. De hecho, será pronto.

Los desafíos son muy diferentes dependiendo de la fuerza política. Veamos algunos de ellos. En el caso de Morena, ya hay personas que pretenden convertirse en candidatos presidenciales, los que popularmente han sido llamados “corcholatas”, por el nombre que usa el propio Presidente de la República.

Hay cuatro candidatos: la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum; el canciller Marcelo Ebrard; el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, y el líder de la mayoría morenista en el Senado, Ricardo Monreal.

Asimismo, Morena parece tener ya bien definido el método formal de selección de su candidato: la realización de encuestas, lo cual está establecido en sus estatutos.

El principal desafío de Morena no será posicionar a personas que ya son conocidas entre la ciudadanía, tanto por ocupar un cargo público como por haber estado en la carrera presidencial desde hace ya varios meses, cuando el propio López Obrador promovía las aspiraciones a hacerse públicas. .

El principal tema de Morena es mantener la unidad de su organización política. Un caso reciente que es localizado, pero también ejemplar del riesgo que corre Morena, es el del estado de Coahuila.

Una de las personas que se consideraban los candidatos más fuertes para esa candidatura, el subsecretario de Seguridad Pública, Ricardo Mejía, estrella de las conferencias matutinas de AMLO, desconocía los resultados de una encuesta que favoreció al senador Armando Guadiana, quien finalmente fue el candidato de Morena.

Mejía buscó ser nominado por otra organización política, el Partido del Trabajo, que seguramente habría ido en alianza con Morena si Mejía no hubiera ignorado los resultados. En ese entorno, el otro partido tradicionalmente aliado de Morena, El Verde, también lanzó su propia candidatura, Lenin Pérez. De esta forma, las posibilidades de triunfo de Morena en Coahuila se habrán reducido significativamente ante una eventual fragmentación del llamado voto 4T.

A nivel federal, el riesgo que tiene Morena es que algunos de los candidatos presidenciales decidan buscar una candidatura por otro partido. Ricardo Monreal ha señalado explícitamente en varias ocasiones que si el método de elección del candidato es una encuesta realizada por Morena, no participaría en ese concurso porque no tiene confianza en ese tipo de método de selección.

Cuando aspiraba a ser candidato a Jefe de Gobierno en la CDMX, perdió en las encuestas organizadas por Morena, a pesar de que en otras aparecía en primera posición. Esa experiencia parece haberlo marcado y ahora no se fía de las encuestas que le hace Morena.

En el caso de Marcelo Ebrard, el Canciller ha señalado la necesidad de realizar debates entre los aspirantes y fijar un plazo para que continúen en sus cargos.

En cambio, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, ha rechazado ambas condiciones.

Para nadie es un secreto que existe una inclinación del Presidente de la República y de la estructura de Morena hacia Sheinbaum. Si esta circunstancia se percibe como un obstáculo insalvable para realizar una competencia leal, es posible que Morena Monreal y Ebrard se vayan, lo que debilitaría al partido de poder en su carrera para 2024.

En el caso de la oposición, el problema es otro: lo que se requiere es tener nombres suficientemente atractivos para atraer al electorado pero al mismo tiempo para que puedan contar con el apoyo de las fuerzas políticas aliadas, hasta ahora el PAN, el PRI y el PRD.

Según dijeron sus dirigentes, el PAN será el encargado de organizar el proceso para seleccionar al candidato presidencial de la Alianza.

El primer desafío es encontrar un mecanismo que pueda ser avalado por las distintas fuerzas políticas que integran la Alianza. Algunos han propuesto realizar elecciones primarias mientras que otros han indicado que podría hacerse a través de urnas.

Los procesos que involucran la participación ciudadana favorecen a las organizaciones y personas que tienen maquinarias políticas, por lo que probablemente si hay prospectos que no las tienen, es más probable que se inclinen por realizar encuestas.

Incluso suponiendo que exista un acuerdo entre las distintas fuerzas políticas, el tema central es que los nombres que hasta ahora se han presentado como candidatos presidenciales de la oposición aún carecen del empuje para convertirse en los abanderados de una alianza que realmente pueda competir. con morena

Las encuestas más recientes indican que la intención de voto a favor de Morena a escala nacional sigue siendo 10 puntos superior a la de la Alianza Opositora.

Algunos confían en que, una vez que comiencen las campañas, habrá capacidad para posicionar a alguien que cuente con el apoyo de todos los opositores y organizaciones de la sociedad civil.

Hay una tercera fuerza política en la contienda, que es relevante y que hasta ahora ha manifestado su interés de participar con su propio candidato: Movimiento Ciudadano. Esta organización, que en las encuestas más recientes concentra el 8 por ciento de las intenciones de voto, podría convertirse en un “partido pivote” si la competencia se vuelve reñida.

Hasta el momento tampoco han definido quién podría ser su candidato presidencial, y tentativamente sería una de las fuerzas políticas que podría apoyar a uno de los actuales aspirantes de Morena en caso de que decidieran postularse por otras siglas.

Aunque quedan varios meses para que se definan los candidatos presidenciales, buena parte de la vida política de 2023 en México estará marcada por todo lo que suceda en torno a la contienda del próximo año.

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