jue. May 7th, 2026

Periodista mexicana especializada en asuntos internacionales.

Apenas tres días antes del terremoto que sacudió Turquía, con epicentro en Kahramanmaras, en el sur del país y en la frontera con Siria, había comenzado a leer la novela “Nievedel escritor Orhan Pamuk, nacido en Estambul en 1952 y Premio Nobel de Literatura en 2006.

La historia narra la llegada de un poeta exiliado en Alemania, a la que fue su ciudad de juventud, Kars, para realizar un par de reportajes. La principal, sobre una serie de suicidios en mujeres que, por sus formas, resultaban inquietantes para todos.

El otro objetivo del protagonista de la novela, llamado “Ka”, era escribir sobre las próximas elecciones municipales, que enfrentaban a laicos y religiosos. Sin embargo, detrás de estos trabajos periodísticos también se esconde un viejo amor.

La nieve, como ahora en el terremoto, es uno de los elementos que, tanto en la novela como en la devastación actual, proyecta paisajes desolados y melancólicos, lo que indica que siempre ha formado parte de las tragedias turcas.

Pamuk, poco a poco, nos va presentando una radiografía de la Turquía profunda, donde perfila su preocupación por los amargos enfrentamientos entre el amplio mosaico de culturas e ideologías que conforman este país convertido en Imperio Otomano.

Seculares y religiosos, debate entre el deber de ser de occidente o de oriente medio. Las múltiples visiones que envuelven la mística de esta nación influenciada por la Rusia socialista, los armenios o los kurdos, navegan entre la liberación femenina, el extremismo religioso y por supuesto, el amor.

En su exquisita novela menciona, por circunstancias que tienen que ver con el desarrollo de sus sociedades, ciudades con nombres sorprendentes como Batman, Erzurum o Adana; Este último fue uno de los puntos más afectados por el terremoto de magnitud 7,8, que ya se ha cobrado la vida de cerca de 40.000 personas.

Si bien he relatado estos devastadores hechos en las noticias, al mismo tiempo, al leer cada página del libro de Orhan Pamuk, imaginé el sufrimiento de los protagonistas como si ellos mismos hubieran sufrido el temblor. Era imposible hacer una disociación entre la noticia y los personajes de la novela. La tristeza y el ambiente fúnebre, entre la realidad y la ficción, se fueron mezclando poco a poco.

La novela me permitió adentrarme, de un plumazo, en la piel de las personas que sufren por familiares muertos o heridos, pero también de aquellas que han tenido que empezar a vivir a la intemperie tras el derrumbe de sus casas, y entender que sus vidas cambió de la noche a la mañana. Ahora sobreviven sin electricidad, con hambre, sin educación y con mucha nieve.

Kars, la ciudad del libroNieve”, se encuentra en el noreste de Turquía y limita con Armenia y Georgia. Mucho más al sur del vasto territorio turco se encuentra Adana, donde el avión de la Fuerza Aérea Mexicana pudo aterrizar para que descendiera el equipo de rescate mexicano. Ese fue el punto más cercano al que pudieron llegar. A partir de ahí, comenzaron a trasladarse por tierra a otras zonas afectadas con mayor intensidad.

Tenía 20 años cuando puse un pie en Turquía por primera y única vez. Llegué en tren vía Grecia después de un largo viaje desde París. Era invierno y también había nieve. Pero estar sobre el río Bósforo y el simple hecho existencial de poder cruzar a pie la frontera entre Europa y Asia, sobre sus aguas heladas, fue una experiencia única. Desde ese punto se podía ver la majestuosa Santa Sofía y, por supuesto, los pescadores y los vendedores de arenques fritos.

En un bus de segunda clase me fui a Capadocia, mucho más en el centro de Turquía, y al norte de Adana; un viaje duro: por el frío, la noche interminable, sus costumbres y las continuas paradas sin saber a dónde iban; todo esto me permitió comprender que a veces el destino no existe. Difícil de asimilar, que 23 años después y mientras leía un libro de Orhan Pamuk, la naturaleza se desatara con gran furia en este país musulmán, muy cerca de donde yo estaba.

Lamentablemente, un terremoto va más allá de los muertos y heridos. De inmediato, se vinculan problemas que se esparcen como chispas por todo el país: desplazados, hambre, interrupción de procesos educativos, violencia, corrupción, etc.

Cuando Ka regresó a su país, ya bajo el establecimiento de una república encabezada por Mustafa Kemal, Atatürk, vinieron cambios trascendentales, como la eliminación de las escuelas religiosas, la abolición de la ley islámica, el derecho al voto de las mujeres, el laicismo, etc. pero también hizo que se exacerbara el radicalismo, especialmente el religioso. Fenómenos y contradicciones que permanecen hoy en la Turquía profunda.

El gobierno y el pueblo turco se encuentran ante el enorme reto, más allá de fobias y filias, de ser una sociedad solidaria para reconstruir zonas devastadas, muchas de ellas, derivadas de la corrupción que dejó tras de sí la industria inmobiliaria, y que mientras las noticias se detienen transmitiendo los problemas en Turquía, incluso las nieves invernales se derriten y dejan que el sol vuelva a calentar las ciudades.

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