lun. Abr 6th, 2026

La razón asiste al presidente López Obrador en la defensa de la soberanía ante Estados Unidos. El motivo, pero –para variar– no el modo ni el enfoque. Y como muchos de los lances de allí tienen su origen aquí, no estaría de más ver lo que él considera la paja y no solo la viga.

Más allá de las provocaciones de algunos republicanos estadounidenses ávidos de lograr notoriedad, mejorar su posición y presionar a México a toda costa para detener el tráfico de fentanilo a Estados Unidos, y en el que cayó Andrés Manuel López Obrador, que esta semana desconcertó, irritó y enloqueció. era otra razón. La posición del Departamento de Estado de ese país en relación con diversos temas relacionados con México. Los ejes del malestar generado en el Ejecutivo mexicano son tres.

Uno, el informe de derechos humanos que esa dependencia prepara anualmente para el Congreso y en el que acusa graves violaciones en México. Igual que, aun cuando el presidente las niegue o las minimice, no son un secreto para nadie. El catálogo de abusos, violaciones y abandono oficial es terrible: ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, torturas, impunidad, baja tasa de persecución y, por supuesto, restricciones a la libertad de expresión de la prensa y sus miembros.

Dos, las observaciones de Antony Blinken, titular del Departamento, sobre México hechas a pedido de los republicanos Lindsey Graham y Bill Hagerty, durante una audiencia en el Senado, un detalle que se le escapa al presidente López Obrador. Tales reconocimientos son: el dominio del delito y el Estado de las regiones de México; sin olvidar calificar a los cárteles criminales en México como grupos terroristas, aunque ello no signifique necesariamente una herramienta adicional a las existentes; el impacto negativo que podría tener en la inversión de Estados Unidos y otros países en México, la incautación en la península de Yucatán del puerto de carga de Vulcan Materials -una empresa de Alabama en el ramo de materiales de construcción que dejó de aceptar la descarga de insumos para la construcción del Tren Maya y con el cual el gobierno mexicano está en disputa.

Tres. Una adivinanza. La audiencia concedida por el Departamento de Estado, en particular por Brian Nichols, Subsecretario para Asuntos del Hemisferio Occidental, al consejero-presidente saliente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, quien ha hecho de la defensa equivocada de ese organismo una causa de militancia y protagonismo dentro y fuera del país. Encuentro que, en el contexto del litigio de reforma electoral aquí, Nichols resumió en Twitter así: “Un placer reunirme con @lorenzocordovav de @INEMexico. Discutimos la importancia de instituciones electorales independientes y bien dotadas de recursos y la reputación global del INE por su excelencia en la promoción de elecciones libres y justas.

Evidentemente, tales observaciones y posiciones golpean el corazón político del presidente López Obrador y, quizás, porque su pecho no es un sótano, no dudó en despotricar contra ellas. Sin embargo, la realidad no queda cubierta por la estridencia de una serie de declaraciones.

Si el presidente dejara de confundir voluntad con realidad y reaccionara de forma más racional, se daría cuenta de una cuestión elemental. El origen de las declaraciones y posiciones adoptadas por el Departamento de Estado se puede encontrar aquí. no ahí. Y si, como se escribió aquí hace unos días, algo queda de ese postulado presidencial que reza “la mejor política exterior es la interior”, más vale ponerse manos a la obra que lenguaje a los pronunciamientos.

En el capítulo de la violación de los derechos humanos, uno no puede cerrar los ojos y menos caer en la negación sólo por el deseo de no involucrarse en prácticas contra la humanidad, declarándose humanista. Más de ciento diez mil desaparecidos no se borran ni se olvidan con el argumento de que no existen, ni se reviven a los cinco jóvenes ejecutados hace unas semanas por el Ejército en Matamoros. Ciertamente, en muchas líneas de ese capítulo, la acción seria y comprometida no dará resultados inmediatos, pero hay una línea que podría liquidarse inmediatamente. La cancelación de la sección “Quién es quién en las mentiras” y el constante acoso presidencial a la prensa, este recurso ya no rinde dividendos al Ejecutivo y sí genera desprestigio.

El dominio criminal de plazas y regiones del país exige una seria rectificación de la política de seguridad pública que, sin renunciar a erradicar las causas de la criminalidad social, sí reconozca y enfrente la industria montada por el crimen organizado, el crimen profesional. El uso de la disfuncional Secretaría de Seguridad como plataforma de lanzamiento electoral y oficina de relaciones públicas de la Guardia, el Ejército y la Marina no ayuda mucho y mucho menos mostrar consideración a los profesionales del crimen sin tomar en cuenta a los indefensos ciudadanos. Es prudente cambiar de opinión, de vez en cuando dice el presidente.

Desde su origen, el afán presidencial de modificar el sistema electoral erró, más de una vez se ha dicho, en el momento, forma y tono y, hacia atrás y hacia atrás, va hacia su derrota final. ¿Qué caso corona un fracaso?

Hasta ahora, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha evitado subirse al ruedo de las inhabilitaciones al presidente Joe Biden. Excelente. Pero seguir alimentando los fuegos artificiales con tanta paja aquí puede provocar un incendio justo cuando el poder estará en juego en ambos lados de la frontera. Eso no es transformar, es complicar y justificar. ¿Qué necesidad?

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