dom. May 10th, 2026

De las mentiras diarias que pronuncia el presidente, hay tres que son tan evidentes que los mismos “amlovers” admiten que distan de la realidad; La primera es que tendremos un sistema de salud pública igual que en Dinamarca, cuando los pacientes solo exigen que sea como lo dejó Peña Nieto.

El largo peregrinaje para conseguir medicamentos contra el cáncer o para tratar casos psiquiátricos, mucho menos vacunas contra el Covid-19 autorizadas por la Organización Mundial de la Salud o una cama en un hospital público para una persona que se encuentra en un alto nivel de vulnerabilidad; es un martirio para quienes necesitan atención médica urgente y especializada.

Esto lo sufren, por ejemplo, los ancianos, que destinan buena parte de la pensión que les da el presidente a comprar sus medicinas y pagar sus consultas.

Lo mismo ocurre con todos aquellos beneficiarios de los programas sociales del gobierno que ya no cuentan con apoyo institucional, porque simple y llanamente López Obrador acabó con la política asistencialista de otros gobiernos o aniquiló las instituciones públicas, en aras de una austeridad franciscana que en la práctica no consiste en ahorrar, sino en desviar esos recursos precisamente a sus proyectos bandera y al gasto social, entre otros rubros que demandan cada vez más dinero como la deuda de Pemex, el pago de bonos por la cancelación del aeropuerto de Texco. co, la compra de plantas eléctricas de corta vida útil, entre otros.

Siempre que puede, el mandatario insiste en la terquedad de que se logrará el autoabastecimiento en combustibles, cuando no es posible producir más petróleo en las condiciones actuales y menos mantener la viabilidad de Pemex con la mayor deuda entre las petroleras del mundo y menos con vencimientos a corto plazo de montos considerables (18 mil millones antes de que finalice 2023) y como si algo faltara para empeorar el mundo espantoso que sufre esta productiva empresa estatal, dos de las calificadoras de deuda más importantes del mundo. Le acaban de rebajar la calificación a Petróleos Mexicanos, aunque el presidente dice que eso no la afecta.

La realidad es que cada vez es más difícil para Pemex obtener dinero fresco a través de préstamos o venta de bonos, porque los grandes inversionistas y bancos del mundo consideran que es de alto riesgo canalizar un dólar a la ex paraestatal y si lo hacen será con una tasa de interés muy alta. La desestimación por parte de AMLO de la rebaja hecha por Fitch Ratings y Moody’s es irresponsable y temeraria.

Los pocos esfuerzos que ha hecho la empresa que encabeza el ingeniero agrónomo Octavio Romero para recomponer el rumbo son miopes y coyunturales porque en lugar de permitir la participación de capital privado para la extracción de petróleo y el descubrimiento de nuevos yacimientos en aguas profundas, dio un salto al pasado al intentar llevar a Pemex a tiempos de hace 50 años cuando el Estado mantenía el monopolio del sector.

Lo hemos dicho una y otra vez, con AMLO no solo no se logrará la soberanía energética, es decir, se detendrá la importación de gasolina, sino que el problema escalará a tal nivel que la fragilidad financiera de Pemex será una bomba de relojería para México, ya que no podrá cumplir con sus compromisos de pago de deuda e intereses.

En momentos en que el mundo se mueve a una velocidad sorprendente por el consumo de energías limpias, el gobierno de López Obrador se aferra a fomentar el consumo de combustibles fósiles con la construcción de la refinería de Dos Bocas, que a un año de su inauguración no ha procesado ni un litro de gasolina y cuando la planta esté terminada algún día se habrán gastado más de 18 mil millones de dólares para atender una demanda que va a la baja.

En cuanto al autoabastecimiento alimentario, las cosas están peor por la mala gestión que ha realizado el gobierno de la 4T en este sector y que provoca el aumento de las importaciones de productos agrícolas que han crecido 9,25 por ciento en lo que va del año.

Al cierre de mayo, el valor de las compras fue de 18 mil 682 millones de dólares, cifra que se ha incrementado desde 2021, según datos del Sistema de Información Agroalimentario y Pesquero (SIAP).

La falta de políticas públicas para reducir las importaciones es más que evidente, por ejemplo, la entrega de fertilizantes es deficiente y los precios de garantía no incentivan la producción interna.

Dicen los expertos que el país sigue siendo altamente dependiente, porque no ha logrado tener una política que incremente la productividad y rentabilidad de los granos y oleaginosas.

Lo grave es que este gobierno lleva ya casi cinco años y vamos como cangrejos, con absurdas justificaciones del fracaso echando la culpa al pasado o a personajes malévolos producto de los delirios y los fuegos artificiales que se lanzan cada mañana a partir de la mañana.

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