
En la última columna discutimos por qué establecer límites, esas reglas de comportamiento que establecemos para las personas con las que vivimos, es necesario y saludable para la dinámica familiar. En esta columna les comparto por qué establecer límites con nuestros socios, sean familiares o no, también es fundamental en la dinámica empresarial.
Cuando establecemos un límite, estamos indicando a los demás lo que toleraremos y no toleraremos; lo que queremos de una pareja y lo que no. Entonces, antes de arreglarlo, lo primero que debemos considerar es, ¿por qué queremos entrar o continuar con la sociedad comercial? ¿Queremos lo mismo a nivel empresarial? ¿Tenemos valores similares? ¿Qué aporto? ¿Qué me trae mi pareja? ¿Somos complementarios?… En el mundo empresarial, lo que no suma, resta.
Después de entender nuestras fortalezas y cómo agregan valor a la empresa, debemos revisar o establecer, siempre por escrito, las reglas del juego. ¿Qué participación accionaria pertenece a cada uno? ¿Quién es responsable de qué? ¿Qué gastos se compartirán y cuáles no? ¿Sobre qué cuestiones decido yo mismo y sobre cuáles decidimos juntos?
También es importante determinar cómo se calculará la compensación; quién administrará las finanzas de la empresa y cómo; quién manejará los asuntos legales; cómo se informarán los resultados; y cómo se dividirán las ganancias.
Finalmente, es crucial definir y comunicar cuáles son esos límites que marcarán la pauta para seguir juntos o no, y cuáles serán las consecuencias de “romperlos”. Pregúntate: ¿Qué no estoy dispuesto a tolerar? ¿Qué le gustaría que sucediera si no se cumplen estos criterios?
Como asesor de empresarios y asesor de empresas nacionales e internacionales, he comprobado, a lo largo de mi carrera, que existen 4 Límites Esenciales para que las relaciones corporativas funcionen y sobrevivan:
1. No abusarás de la confianza de los demás socios… ni los defraudarás.
Lo que se traduce en… no incurrirás en robos, fraudes, conflicto de interés, desvío de recursos, manejo “discrecional” de préstamos comerciales para uso personal, etc… Un buen socio no pasa por encima de los demás, ni llévalos lejos de la reunión. Un buen socio entiende que las decisiones unilaterales causan conflicto. Y es que, al final, mi derecho como socio termina donde empiezan los derechos de mis otros socios.
2. No actuará como una entidad tóxica… ni causará conflictos deliberadamente.
Lo que significa que no recurrirá al chantaje o la manipulación para provocar conflictos o paralizar decisiones, siempre y cuando logre sus propios objetivos. Un socio tóxico discute incansablemente, se opone sistemáticamente a lo que proponen los demás (“No estoy de acuerdo”, “No creo que funcione”, “Hazlo tú, no me convence”) y vende su voto al mejor postor (como el que un mercenario). Por el contrario, un buen socio se compromete a aceptar e implementar las soluciones que sean más beneficiosas para el negocio y no utiliza la presión o las amenazas para obtener ganancias personales.
3. No Ignoraréis los Deseos de los Otros Socios… Ni Impondréis vuestro Poder a Ciegas.
La indiferencia causa desunión; y desunión, separaciones patrimoniales. Precisamente por eso, debemos tener la humildad para escuchar y la inteligencia para cambiar de opinión. Ser propietario implica no solo tener poder legal, sino también autoridad moral. Y eso solo se gana con respeto, moderación, participación y comunicación. El poder sin autoridad es una bomba de relojería. Tarde o temprano, aparecen sentimientos de injusticia y venganza, provocando un golpe de los “otros socios”.
4. No te sentirás más dueño que los demás… ni querrás apropiarte de sus derechos.
Ya sea que trabaje para la empresa o no, la propiedad legal es propiedad legal. Entender que la propiedad psicológica no otorga más derechos económicos que los que ya tienes, es un “debe” de buenos socios. A veces, la persona que dirige el negocio se siente más dueño que los demás, se comporta de manera controladora y autoritaria, toma decisiones sin informar a nadie y administra los bienes de todos a su discreción y conveniencia. ¡Cuidadoso! Pensar que puedes hacerlo porque eres el único que trabaja en la empresa es una falacia… O qué, ¿no te pagan?
En conclusión: Entre socios, el respeto al patrimonio ajeno es paz. La lealtad y el compromiso con un sueño empresarial compartido (asociación) solo se mantiene cuando comunicamos nuestras expectativas; acordamos por escrito el tipo de relación corporativa que queremos; y establecemos claramente los límites que definirán nuestra convivencia. ¡No dejes de hacerlo!
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