jue. Ago 20th, 2026

Anochecer. La profunda quietud con que descansa el magnífico claustro no se turba más que el rumor del aura moribunda que llora en los lúgubres cipreses.

Es el primer fragmento de un poema titulado El Monje, del escritor, periodista y poeta chileno Pedro Antonio González Valenzuela (1863-1903) -y que mi amigo Sergio de la Peña recitó en un concurso de oratoria, posiblemente en 1974-

Pero volviendo al poema, en cuatro versos el autor dibuja una escena que no puede sino abrumar nuestras almas. Es de noche, en un claustro, en silencio, se oye el viento pasar entre las ramas de los cipreses y se siente que es como un rumor, como un grito en la oscuridad.

Es casi mágico. Puedes sentir ese momento. No sabemos qué está pasando, no sabemos quién está ahí, ni por qué, ni para qué.

Bueno, es un ejemplo de cómo la mente nos engaña. Nos sitúa en diferentes lugares, nos acompaña con emociones y proyecta en nosotros un estado de ánimo.

En la vida cotidiana vamos de un estado de ánimo a otro con mucha facilidad, ni siquiera nos damos cuenta. En ocasiones cuando el salto es continuo, muy brusco y diametral, se podría llegar incluso a diagnosticar bipolaridad.

Entonces, si no nos detenemos a observar lo que sucede en nuestra mente, podríamos caer en la peculiaridad de creer, juzgar y categorizar lo que nos sucede.

Cuando estamos ahí, en ese momento, fácilmente podemos creer que lo que está pasando es algo malo, es un error, es un fracaso, es un abuso de nosotros. Y así reaccionamos como si fuera cierto, irrefutable, verdadero, real.

No lo es. Es un engaño de la mente. Por eso, en la práctica de la neurolingüística se establece una y otra vez que observemos no solo el comportamiento que seguimos sino también el resultado que obtenemos y lo pasamos todo por un tamiz. Uno que dice que no hay errores, ni fallos, ni fracasos. Solo hay aprendizaje.

Así que los invito a mirar hacia atrás en los eventos más importantes de nuestra vida, en los últimos 12 meses. Y que los veamos con esta idea en mente.

No hay fracasos, solo aprendizaje. No hay errores, solo aprendizaje.

Pero de la misma manera no existe el éxito, solo el aprendizaje.

Mirando esta “nueva” realidad, ahora sí, podemos mirar al futuro y decidir cómo puedo estructurar tal o cual actividad, para obtener de allí un nivel razonable de satisfacción.

Con estos momentos de reflexión podemos darnos cuenta de qué parte de mi vida debo sanar, qué señales está enviando mi cuerpo y a cuáles no he prestado atención.

Podemos profundizar un poco más: qué tristeza hay y no me deja respirar. Qué miedos están creando un vacío tan grande en mi estómago que me da dolor y temblores. En qué miedos, culpas y ausencias, estoy ocupando mi energía, de tal manera que siempre estoy cansada.

Que ideas locas son recurrentes y siempre revolotean en mi cabeza para llevarme a donde no quiero ir.

¿Cuál de estas cosas me impide encontrar los momentos de felicidad que me llevan al optimismo?

Que temores y temores bloquean mi fe y anulan mi esperanza.

Hay muchas cosas por hacer en estos días que nos acercan al nuevo año y que nos dan la oportunidad de enmendar el camino. Para crear una nueva ruta.

Recuerda, no hay errores, solo aprendizaje. Qué hechos nos obligaron a aprender en 2022 y que, como ya lo aprendimos, no lo volvemos a necesitar en la vida.

FELIZ AÑO NUEVO 2023.

No perdamos la esperanza, ni la fe, hasta la próxima.

El autor es experto en comunicación corporativa y situaciones de crisis. Tiene un MBA del ITESM

Email de contacto: hirampeon@gmail.com

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