mié. May 6th, 2026

No importa si estás de acuerdo con el oficialismo o no, el simple hecho de que el presidente intente destruir la democracia en México es sin duda una de las traiciones más grandes que ha vivido nuestro país en los últimos 50 años. Este será el verdadero legado de nuestro presidente y será equiparable al de los grandes villanos de nuestra historia como Obregón o Antonio López de Santa Anna quien incluso se autodenominó “Su Alteza Serenísima de él”.

Lo peor es que tuvo la oportunidad de no ser así, tenía en sus manos bastante poder tras arrasar en las elecciones, el apoyo popular de varios grupos de la población, además de una buena situación económica que le dejaron sus antecesores, para poder operar un cambio fundamental en nuestro país. Pero no, en cambio, tomó dinero de lo que pudo y lo centralizó en una presidencia opaca, para luego destinarlo electoralmente en una estrategia donde lo único que importa es mantenerse en el poder a toda costa, sin importar cuántos mexicanos se vean afectados o afectados. mueren por sus decisiones, la evidencia más cruda es la escasez de hospitales, que ya dura varios años, la letal estrategia de manejo del COVID y la inútil estrategia de seguridad de “abrazos, no balazos” que ya se ha llevado miles de muertos y ha volcado enteras estados al crimen organizado.

Lo único que funciona en el actual gobierno es su aparato propagandístico, que abusa de la toma de posesión presidencial y la reduce a la de un moderno “seductor de la patria”, como llama Enrique Serna al dictador Santa Anna, donde López Obrador está en el centro. de toda la vida política nacional, todo lo que pasa pasa por él y va allanando el camino para no quedarse fuera una vez que termine su sexenio. Nadie cree que se vaya a retirar a su rancho, de hecho, “Su Alteza Serenísima de él” dijo lo mismo desde su finca Manga de Clavo.

La marcha del próximo domingo es una demostración de que el México de los caudillos se niega a desaparecer aún doscientos años después de nuestra Independencia. Es una marcha promovida y encabezada por el presidente para sostenerse, utilizando innumerables recursos del Estado, llena de gente traída de todos los rincones del país y para demostrar la fuerza que tiene, como hicieron Echeverría y López Portillo, por ejemplo.

Pero la gran diferencia entre la marcha a favor del INE y la de la democracia, con la del presidente, es que la primera no apuesta por un caudillo, apuesta por una idea, la de un México libre y democrático. Un México que no sea vasallo de las ocurrencias y ambiciones de un solo hombre, sino que busque ofrecer las mismas oportunidades a todos los que aquí vivimos.

La marcha rosa es la esperanza de que podamos reconstruir nuestro país aún después de la enorme destrucción y retroceso que estamos viviendo, por eso no hubo transportistas, por eso nadie destruyó monumentos ni saqueó tiendas, porque los millones que fuimos , no solo en la CDMX sino en todo el país, creemos que México es mejor y lo demostramos hasta cuando marchamos.

El presidente puede decir lo que quiera de sus mañanas, pero no vamos a olvidar el desastre que va a heredar a las próximas generaciones, así como no hemos olvidado el desastre que dejó su antecesor Santa Anna hace más de 100 años. atrás; así se pierde el futuro.

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Metro

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