lun. Abr 27th, 2026

Sin originalidad, las opciones en las próximas elecciones federales iban a ser continuidad o cambio. Pero el miércoles Andrés Manuel López Obrador le puso esteroides a ese dilema. Votar por la continuidad, informó ese día el Presidente, será votar por la seguridad militarizada, o no será.

Antes de esta semana, el oficialismo ya había definido su plataforma. Desde el mitin del 18 de marzo, el Presidente leyó la cartilla a sus precandidatos: ni zigzags ni correcciones, el movimiento no admite un Ávila Camacho; seleccionará un radical y le dejará tareas.

La oposición es un enigma no solo porque nadie sabe si podrá convencer a Movimiento Ciudadano para que vaya en bloque o si habrá dos candidatos opositores.

Sumado a eso, la alianza prianista que junto al PRD en 2021 cosechó alcaldías y concejos da signos de fatiga. tanto el tricolor alito Morenos como el blanquiazul Marko Cortés tienen el aura de las parejas que nunca superan la decepción. En los pronósticos de ruptura, sin embargo, todo es siempre incierto.

Pero no hay duda de que la única oferta posible de esos partidos –PRI, PAN, PRD y, por supuesto, MC– es contra la continuación del lopezobradorismo.

Porque desde hace tiempo es evidente que quien estará en la papeleta –una vez más– será AMLO: el Presidente trata a los tapas como nopalitos, no como delfines.

Respondiendo al golpe que le asestó la Suprema Corte de Justicia de la Nación el martes, cuando invalidó la filiación militar de la Guardia Nacional, López Obrador anunció que tratará de subsanar ese revés con una nueva mayoría calificada en el Congreso para ser elegido el próximo año. .

De las múltiples interpretaciones de tan alta apuesta, destaco la decisión del tabasqueño de luchar para que su relación con las Fuerzas Armadas vaya a un nivel aún más profundo.

Pedirá votos para que la liga entre su gobierno y las Fuerzas Armadas quede registrada en la Constitución.

AMLO dice que esta es una transformación pacífica. Aceptando sin admitir que se trata de una transformación, ¿cómo calificamos una transformación con esa propensión a darle al Ejército decenas y decenas de tareas, empresas estratégicas y, por supuesto, una enorme cantidad de dinero? ¿Transformación pacífica con un brazo armado?

El gobierno de la República tiene un pilar en el Ejército desde 2018. Incluso lo declara en público. Y ahora esa administración quiere no solo incidir en la permanencia de Morena en Palacio en 2024, sino blindar con votos a una policía militarizada. Quiere una transformación con un sector armado.

El militarismo ya iba a ser tema de campaña en 2024. ¿Morena a favor, y la oposición? ¿Dirá que no sólo hay que abandonar este camino, sino que hay que desandar el camino recorrido? ¿Y que las órdenes a los militares, auditadas? ¿Se atreverá el Revolucionario Institucional a decirlo con todas sus palabras?

Se acabó el referéndum entre continuidad o cambio. Palacio hará campaña ofreciendo que los militares mantengan la seguridad (y todo lo demás: hasta la aerolínea). Alguien tendrá que decir exactamente lo contrario. Y alzar esa voz supondrá el pequeño inconveniente de enfrentarse no a un movimiento político que quiere lo contrario, sino también a unas Fuerzas Armadas empoderadas.

En ese contexto, ¿qué neutralidad se puede esperar del Ejército en las elecciones en las que se discutirá si quitarles la seguridad, su enorme presupuesto, su papel?

Y por favor, que nadie salga con qué es que sí, tienen armas, pero son civiles y por lo tanto tienen derecho a hacer campaña.

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