vie. Ago 14th, 2026

Ha comenzado a surgir nueva información del caso que el Departamento de Justicia de Estados Unidos armó contra el general Salvador Cienfuegos, el exsecretario de Defensa que fue detenido en Los Ángeles en octubre de 2020 a pedido de la DEA, y que provocó una ruptura, aún sin resolver, en cooperación con México en materia de seguridad. Detalles recientes de la investigación de la DEA contra el general explican parte de la razón por la cual, casi un mes después de su captura, el Departamento de Justicia retiró los cargos de vinculación con narcotraficantes y liberó al general. Muchos de ellos eran absurdos, donde quizás lo más loco era que Cienfuegos preparaba un golpe de Estado, y pedía recursos a los narcotraficantes para financiarlo.

La decisión en Washington no fue sólo por la reacción mexicana. Se puede argumentar que el caso se construyó sobre pilares de barro, con pruebas insostenibles por lo increíble que contenían. En una carta del administrador interino del Departamento de Justicia, Timothy Shea, junto con miles de mensajes interceptados, fotos y capturas de pantalla que envió al canciller Marcelo Ebrard, reconoció que la DEA no había investigado directamente a Cienfuegos como objetivo “principal”, pero señaló por dos narcotraficantes, Juan Francisco Patrón Sánchez, el H-2, y su lugarteniente, David Silva Gárate, el H-9. La DEA, sin embargo, dio crédito a esos criminales, a pesar de lo inconcebible de sus afirmaciones.

Shea acompañó su carta del 29 de octubre de 2020 con el documento de las pruebas que la DEA dijo tener contra Cienfuegos. El expediente tiene 745 folios, donde se encuentran miles de mensajes de BlackBerry entre Patrón Sánchez y Silva Gárate entre 2015 y 2017, de donde sale la acusación contra el general por narcotráfico, lavado de dinero y protección de esa organización surgida de las ruinas del Cártel Beltrán Leyva a cambio de sobornos.

En una de las capturas de pantalla, el 4 de enero de 2017, “Zepeda”, a quien la DEA identificó por sus testigos como el general Cienfuegos, cuyo apellido materno es Zepeda, envió un mensaje a “Superman”, uno de varios sinónimos utilizados por los subordinados. de los líderes de la organización, que dijo: “Quiero que tu tío sea un fantasma en 15 días, para que no se le aparezca a nadie en cuanto yo salga de esta, el pueblo va a dar un golpe de Estado”. ” estado y voy a sacar todo ese escandalo pero yo me encargo que me apoye con 2 cosas para mañana yo me encargo de 10 o con lo que pueda su tio para mover unas cosas de la que le conviene en Sinaloa”.

“Tío” era el H-2, que fue asesinado por la Armada en Tepic, la capital de Nayarit, el 10 de febrero de 2017, y que lo que quería “Zepeda” eran 2 millones de pesos para completar los 10 millones de pesos que dijo que usaría para el golpe.

El mensaje continuó:

“Superman”: Pero a partir de hoy o después de 15 días.

“Zepeda”: Si a partir de hoy es porque no vamos a tomar las armas y por algunos detalles que están sugiriendo pero no me alarmo por nada que no pueda resolver, vamos a fregar ese precedente y lo de Sinaloa dile que anda que yo apoyo mi causa y asi tito para terminar los ultimos detalles de la misma.

“Superman”, a los siete minutos de recibir el mensaje: A ver cuánto dice mañana y que en 8 días le sale otra cosa.

“Zepeda”: Que la persona que me apoye solo será hasta mañana a las 6 de la mañana muchacho haga una revolución y algo bueno saldrá de esto y no le dé dinero a ninguno de mis amigos porque es lo mismo porque dígale que yo ya le dije Bastante por la razon van a entender o quieren que hable para que no me moleste.

La DEA dio a los criminales toda la credibilidad para acusar al general Cienfuegos, como lo hizo ante la Corte del Distrito Este en Brooklyn, pero cuando supo que el secretario de Defensa preparaba un golpe de Estado en México, no le pareció relevante, ni hizo nada al respecto. . La actitud de la DEA es extrañamente ambivalente. El hecho de que el jefe de las Fuerzas Armadas esté conspirando para derrocar a un gobierno legalmente constituido, que comparte 3.200 kilómetros de frontera común con Estados Unidos, con quien tiene economías interconectadas, no levantó ninguna alerta.

Nada de esto fue comunicado por la DEA a sus superiores en el Departamento de Justicia, por lo que el Departamento de Estado quedó a oscuras, incapaz de buscar información corroborativa de la embajada en México o de los servicios de inteligencia. La Casa Blanca, por tanto, tampoco estaba al tanto de lo que la DEA había descubierto en los chats.

Por el comportamiento de la DEA, un asunto de seguridad nacional para Estados Unidos, con profundas implicaciones en la relación bilateral y con potencial de inestabilidad en las ciudades fronterizas ante flujos masivos desesperados –que es lo que sucede en los golpes de estado état–, fue dejado de lado por una investigación que pensaron que los conducía directamente al Secretario de Defensa.

Pero si los chats son leídos, con faltas de ortografía, sin gramática ya veces hasta con ideas ilógicas, es inconcebible que los narcotraficantes creyeran que el general Cienfuegos era el autor de los mensajes. La DEA tampoco consideró, como se ha dicho en columnas anteriores, que era improbable que el Secretario de Defensa tuviera como nexo a delincuentes menores en la estructura criminal.

La DEA constató en este caso la debilidad de sus investigaciones y el uso sin escrúpulos de sus testigos, donde lo importante no es la verdad, sino que digan lo que conviene a sus prejuicios e intereses.

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