sáb. Ago 8th, 2026

México es un país de grandes contrastes en materia de equidad de género. Por un lado, cuenta con una legislación que exige una paridad entre hombres y mujeres en el Congreso De hecho, la autoridad judicial ordenó recientemente que la presidencia de la máxima autoridad electoral, el Instituto Nacional Electoral (INE), recaiga en una mujer. Pero, al mismo tiempo, en el sector productivo, tiene una escasa presencia de mujeres en puestos ejecutivos y el persiste diferencial salarial en detrimento de las mujeres.

Pero vayamos por partes. Veamos primero algunos de los hechos de luz.

En los últimos años, las leyes han sido modificadas para asegurar una mayor presencia de los mujeres en cargos electivos. Esto ha llevado a una real igualdad de género tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado en la presente legislatura.

Pero no solo eso, en este momento, nuestro país tiene 9 mujeres gobernadoras, el mayor número de toda la historia. Y es que, independientemente del resultado electoral en el Estado de México, pronto serán 10. Todavía es poco menos de la tercera parte de los estados que están gobernados por mujeres, pero en los últimos años ha habido un salto en el número de gobernadoras. .


En el gobierno federal, 19 secretarías de la administración pública, siete están a cargo de mujeres. Es un poco menos del 50 por ciento, pero también se encuentra entre los porcentajes más altos en la historia del país.

Y, si hacemos un recorrido por algunas entidades públicas relevantes, vemos una presencia relevante de mujeres. Están a cargo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; del INE; del Banco de México; del Inegi; el Instituto Nacional de Transparencia (INAI); de la Comisión Federal de Competencia, por mencionar sólo algunos de los órganos más visibles y relevantes.

Quizá por eso sorprende que cuando nos dirigimos al sector privado ya las empresas que cotizan en Bolsa oa los bancos, no nos encontramos con el mismo panorama. De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), que por cierto está dirigido por una mujer, sólo el 10 por ciento de los miembros de las juntas directivas de las empresas que cotizan en el mercado de valores de nuestro país, son mujeres.

Un estudio de la consultora McKinsey también reveló que en México solo el 8 por ciento de un grupo de grandes empresas que fueron analizadas tienen como CEO a una mujer. E incluso si se consideran cargos directivos como vicepresidencias, el porcentaje de mujeres alcanza solo el 19 por ciento.


Otro caso relevante es el sector bancario. Entre los 10 bancos más grandes del país no hay mujer al mando. En el sector financiero, la Bolsa de Valores Institucional, Biva, representa una excepción, ya que está dirigida por una mujer.

Al observar los contrastes en los puestos directivos en el mundo de la política y el mundo de los negocios, se encuentra que hay más mujeres en el primero, no porque los hombres hayan sido más proclives a integrarlas, sino porque había obligaciones legales. De hecho, hace varios años fue muy famosa la estrategia de darle la vuelta a las reglas cuando algunos partidos postularon diputados que, luego de haber obtenido sus escaños, presentaron una solicitud de licencia permanente para admitir a su suplente, que naturalmente era un hombre. El episodio fue conocido popularmente como “las juanitas”. y tras ese hecho se han puesto candados para que no pase algo así.

En el sector privado, a pesar de la amplia y diversa evidencia sobre la impacto positivo de la presencia de mujeres en la alta direcciónelevando el valor económico de las empresas, no ha habido un aumento apreciable y el proceso de incorporación de la mujer ha sido más lento.

La pandemia y los cambios que trajo consigo podrían ser uno de los detonantes para generar un cambio profundo en estas circunstancias. Uno de los obstáculos habituales en la promoción de la mujer en el ámbito empresarial Son responsabilidades familiares, que siguen recayendo fuertemente sobre ellas y que generan resistencias por parte de las empresas para dar más responsabilidades a mujeres que tienen las capacidades para asumirlas.

El trabajo remoto o híbrido, así como el descubrimiento del potencial que ofrece la tecnología, puede hacer que esta desventaja deje de ser relevante. Asimismo, también está el hecho de que algunas de las actividades que más han crecido en los últimos años se prestan más al trabajo remoto. También es relevante el cambio de valores de los propios hombres, ya que la pandemia también modificó el peso que se le da a los compromisos laborales con respecto a la vida personal o familiar.

De cualquier manera, el cambio en México será paulatino, pero parece inevitable. Lo mismo que ha ocurrido con la estructura del empleo en general ocurrirá en la alta dirección. En este momento, en el país, según datos del INEGI, El 40,8 por ciento de la población ocupada está compuesta por mujeres mientras que el otro 59.2 por ciento corresponde a hombres.

Pero si miramos los nuevos empleos generados en 2022, resulta que el 65,9 por ciento fueron para mujeres mientras que el 34,1 por ciento fueron para hombres. Es probable que el mayor porcentaje de los población femenina añadida al empleo corresponde a mujeres que se reincorporan al mundo laboral tras la pandemia.

Pero, ha ido más allá. Antes de la pandemia, el porcentaje de mujeres ocupadas alcanzaba el 39,6 por ciento del total. Ahora bien, ese nivel ya ha sido superado en más de un punto.

Y si nos remontamos a 2005, el porcentaje era del 35,8 por ciento. Es decir, en 17 años hay un aumento de 5 puntos en la participación en el mercado laborallo que sugiere que quizás en poco más de una década ya habrá igualdad en la participación por género en el mercado laboral.

Pero, uno de los elementos de desigualdad que sigue presente es la diferencia de ingresos. Según datos del Inegi, solo un poco más de 4 por ciento de la población femenina ocupada tiene un nivel de ingreso superior a 3 salarios mínimos mientras que en el caso de los hombres, esta proporción alcanza el 10 por ciento.

Y diversos estudios sobre la remuneración en puestos ejecutivos indican que existe una diferencia de alrededor del 25 por ciento a favor de los hombres. Por lo tanto, todavía queda un largo camino por recorrer para avanzar en la igualdad de género.

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