jue. Abr 23rd, 2026

El temprano proceso de sucesión de Morena ha dejado pocas cosas positivas. En muchos sentidos ha sido una regresión a tiempos que parecían superados en la política mexicana. El espectáculo de los tres candidatos tratando de estimular el cariño presidencial a través de una especie de concurso diario de genuflexiones, recuerda a los tiempos más cursis del PRI. En muchos momentos, incluso los supera. Algunos aspirantes priístas prefirieron buscar el favor presidencial en privado, tal vez sonrojándose ante la necesaria indignidad que implica aplaudir al jefe todos los días, a todas horas. Las cosas son diferentes ahora. Desde el festejo del cumpleaños hasta la participación en la marcha, todo lo indicado por el Presidente se hace sin reclamar jamás ni el más mínimo pétalo de disconformidad. Los priistas más desvergonzados estarían orgullosos.

Pero el proceso ha dejado al menos una señal claramente positiva.

La iniciativa de realizar debates es un paso necesario para los partidos políticos en México (no sólo para el oficialismo) y sería una muestra de la fortaleza de la democracia mexicana en un momento en que las ganas de intercambiar ideas frente a grandes audiencias parece estar perdiendo vigencia, en gran parte debido a la descalificación sistemática que hacen de él los políticos autoritarios.

En Estados Unidos, por ejemplo, el Partido Republicano ha decidido rechazar de una vez por todas los debates que organizará la comisión independiente, encargada de esta tarea desde hace décadas. Si bien la comisión ha hecho un trabajo ejemplar al cuidar la imparcialidad y sustancia de las reuniones, el comité nacional del Partido Republicano optó por atender las rabietas de Donald Trump para descalificar categóricamente los debates organizados por la comisión en el siguiente ciclo electoral. . Si se cancelan, será una pérdida grave y siniestra para la democracia estadounidense.

Por eso, entre otras razones, es tan positivo que los candidatos de Morena al parecer pretendan participar en una serie de debates antes de definir quién de ellos representará al partido en 2024. Ahora, debate tras debate. Si los candidatos pretenden pasar horas celebrando la infalibilidad presidencial, el ejercicio será una pérdida de tiempo. Nadie supone que los candidatos de Morena critiquen abiertamente lo que se ha hecho en el sexenio, pero debe haber algún contraste, no solo entre ellos, sino también en lo que se ha hecho en lo que va del sexenio, especialmente en el sexenio. ámbito de responsabilidad de cada uno de los candidatos.

Por ejemplo, valdría la pena revisar las concesiones en materia migratoria, la estrategia de seguridad en el país o la gestión de la pandemia en la Ciudad de México.

Para ello, los candidatos de Morena necesitan elegir inteligentemente a los moderadores de sus reuniones. De nuevo: Aunque sería lo ideal, nadie espera que el partido oficial elija, para sus debates, elecciones primarias, periodistas críticos con el Gobierno.

Pero elegir periodistas de paso sería una mala decisión.

Los candidatos y la democracia del partido y del país se fortalecerían con la presencia de moderadores que harían de estos encuentros algo verdaderamente sustancioso, como ocurre con los debates para las elecciones primarias de los partidos Republicano y Demócrata en Estados Unidos.

Espero que tomen las decisiones correctas. En esto, Morena podría marcar un parteaguas muy positivo. Ella, aunque ella, también podría organizar una pantomima bastante reveladora de una inclinación caudillo y regresiva.

Ya veremos.

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