mar. Ago 18th, 2026

la comida es larga camino al postre”, escribe Ernesto de la Peña en Los sabores ocultos de la Ciudad de México y ese camino seguramente nos conducirá a alguna ‘suspiros’ o unos ‘besos’ en la calle Cinco de Mayo, en el Centro Histórico, donde un cartel anuncia un dulce viaje al pasado: “dulceria celaya: Casa fundada en 1874″.

Sus vitrinas llenas de jamoncillosmerengues, cocadas y dulces de leche, visto el nacimiento de dos siglos y el paso de tres: el paso del Porfiriato, la Revolución Mexicana, el paso de una ciudad que se recorría en trajinera a una embotellada en carros, el nacimiento del Metro, los terremotos y todo tipo de historias a través de sus 148 años de vida.

“Dulcería Celaya podría ser considerada Patrimonio Cultural de la Nación”, afirman en el libro Los sabores ocultos de la Ciudad de México.

Así nació Dulcería Celaya, una de las más antiguas

Esta propiedad tiene una decoración estilo francés del siglo XIX que permite hacer un recorrido por la ciudad de antaño.


Fue fundada por la familia guizar de arias en 1874, originalmente en el calle plateros (hoy Madero), justo al lado del café La Concordia, donde los hermanos alfredo y luis buscó conquistar paladares con todo tipo de dulces tradicionales a una ciudad que había moldeado sus paladares al estilo conventual del Virreinato: con fascinación por el azúcar y postres.

A principios del siglo XX se decidió ampliar la avenida Cinco de Mayo, zona de callejones culinarios conocido como ‘De la Olla’ y ‘De las Cazuelas’; con esto, los hermanos Guízar trasladaron su negocio a la ubicación actual, en el número 39 de dicha vía. Con el tiempo abrieron una sucursal en la colonia Roma.

Durante sus inicios, los dulces eran llevados a la Ciudad de México de diferentes estados del paíspero las ventas crecieron tanto que decidieron comparar recetas con sus proveedores.

Así, llevaron ollas de cobre, un pequeño horno y palas de madera al sótano de su casa, y empezaron a fabricarlos: apenas salía una bandeja al día.

Actualmente, existen alrededor de 150 dulces diferentes que retoman las recetas de los fundadores con una variedad envidiable de cualquier cuento de hadas. Hansel y Gretel o Charlie y la fábrica de chocolate.

hay de dulces que invocan a deidades con su sabor: la ‘aleluyas‘ de almendras, nueces, dátiles o pistachos, o el ‘glorias‘ (almendra y leche). También otros de memoria conventual, como dulces de leche, huevos reales (supuestamente probados por los virreyes), buñuelos o figuras de mazapán de almendras y ponche de huevo.

Preparan boniatos, cocadas, reinas, palanquetas, frutas cubiertasgolosinas, charamuscas, chocolates, cerdos al horno, pepitorias, atun quesola día del hueso muertola velas navideñas de almendras y un sabroso etcétera.

Los amantes de los postres siempre recuerdan en lugares como este la anécdota de Pierrette Brillat-Savarinla hermana del gourmet francés del siglo XVIII Jean Anthelme Brillat-Savarin, autor de la fisiología del gusto.

Pierrette tenía casi cien años y, después de la cena tuvo un presentimiento sobre el final cercano de su vidapor lo que dicen que sus últimas palabras fueron: “trae postre, creo que me voy a morir”.

  • ¿Dónde? AV. 5 de Mayo 39, Centro Histórico de la Ciudad de México, Cuauhtémoc, 06000 Ciudad de México, CDMX.
  • ¿Cuanto? Hay precios variables, alrededor de 30 pesos.

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