vie. Jun 5th, 2026

Nadie sabe para quién trabaja. Claudio X. González Jr. se ha convertido en el némesis del presidente Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, fue uno de los pistones del motor que contribuyó a develar la corrupción en el gobierno de Enrique Peña Nieto y a alimentar el discurso contra los robos públicos, que desembocó en el tsunami electoral de 2018, cuando unas 15 millones de personas que nunca habían votado por López Obrador, le dieron su apoyo y la Presidencia. Hoy es el pretexto para todos los males que enfrenta el gobierno o los tropiezos de López Obrador, otorgándole al Presidente un poder que no tiene, y haciendo crecer un monstruo que efectivamente manipula para adquirir poder, y que sin proponérselo, le dio una política de plataforma que podría convertirlo en legislador en 2024.

La historia de la construcción política de Claudio X. se remonta a 2005, cuando fundó su primera ONG, Mexicanos Primero, con énfasis en educación. Quiso ser el ideólogo del nuevo modelo educativo, lo que lo llevó a enfrentarse a la entonces dirigente docente, Elba Esther Gordillo. El vicepresidente de Mexicanos Primero era Alejandro Ramírez, cuya familia regresó prácticamente de urgencia de Harvard para hacerse cargo de Cinépolis, que por motivos familiares estaba en crisis. Si en política no hay coincidencias, no es de extrañar que Ramírez fuera íntima amiga de Josefina Vázquez Mota, entonces secretaria de Educación y confrontada con el maestro Gordillo.

Mexicanos Primero preparó un documental contra Gordillo y el sindicato de maestros, De Panzazo, que se presentó en el Festival Internacional de Cine de Morelia, controlado por Ramírez. El documental fue un ataque directo a Gordillo, quien lo acusó de querer debilitar la educación pública con fines privados. El maestro ganó el juego. Primero se fue Vázquez Mota, y Claudio X. perdió esa batalla, pero se empeñó en ganar la guerra el sexenio siguiente, peleando al inicio del gobierno de Peña Nieto con su jefe de gabinete, Aurelio Nuño, queriendo imponer claramente su modelo educativo. conservador.

No logró influir en él, ni en el gobierno de Peña Nieto. Así que buscó otra manera. Claudio X. habló con varios empresarios -cuyos nombres se mantienen en secreto- y recibió financiamiento para que en 2015 fundara Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI). Esta ONG se construyó con cinco brazos. La más visible es la del periodismo de investigación, que sustenta el análisis y la denuncia de la corrupción en busca de la rendición de cuentas, lo que dio lugar a otra de sus armas, quizás la más eficaz, para litigar en juicio de amparo.

MCCI fue un fusil al corazón del gobierno de Peña Nieto. En una conferencia magistral en enero de 2017 en la Universidad Iberoamericana, Claudio X. dijo que si hay un “salón de la infamia” de la corrupción nacional, el entonces presidente, varios de sus colaboradores, gobernadores y exgobernadores, deberían encabezar “los altos cargos”. Sus palabras se hicieron públicas, luego de que fueran reproducidas en el diario oficial Ibero, lo que generó presiones sobre él y más de tres auditorías contra su familia.

En ese momento, funcionarios del gobierno peñista dijeron que sus motivaciones eran mucho más profundas y menos nobles de lo que reflejaban. Claudio X. no fue el único de su familia que irritó en Los Pinos. Su padre, Claudio X. González Laporte, había sido detenido por Nuño al comienzo de su sexenio porque quería mandar a Los Pinos, como había sido su costumbre en el pasado. Las consecuencias, deliberadamente o no, llegaron vía MCCI, y le pasaron una factura carísima a Peña Nieto, cuyo gobierno quedó manchado como un podrido por la corrupción y el amiguismo, facilitando la victoria de López Obrador en las elecciones de 2018. , cuyo resultado pareció más un voto de castigo que a favor de los tabasqueños.

Ni Claudio X, ni los grandes financistas mexicanos de MCCI, imaginaban que si la relación con Peña Nieto había sido mala, con López Obrador sería peor. Pero la dialéctica de la confrontación con el poder a través de la ONG se le quedó pequeña a Claudio X., quien la dejó a mediados de 2020 para involucrarse abiertamente en la política. En octubre de ese año, junto al expresidente de la Coparmex, Gustavo de Hoyos, fundó la organización Sí por México, que decía buscar una agenda ciudadana para sacar del poder a Morena en 2024. En cambio, formó con el PAN, PRI y PRD Pasa por México.

Desde un principio, Claudio X. se convirtió en su articulador, estratega y artífice de la agenda. Nunca reconoció públicamente su liderazgo gerencial, pero de hecho así fue. Les dijo qué hacer y cómo hacerlo, y aunque hubo reticencias en la oposición, al final hicieron lo que les dijo. Su ambición, protagonismo y autoritarismo empezaron a erosionar el forzado liderazgo que había asumido, y empezó a perder poder, mientras los jefes de la oposición y él mismo empezaban a ver su futuro a partir del día 24.

La discusión de fondo ya no se centró en la candidatura única -hasta ahora los jefes de Va por México apostaron por el diputado Santiago Creel- sino en la distribución de candidatos plurinominales. En ese proceso, comenzó a surgir la otra cara de Claudio X, a quien Va por México ya no le da para su misión de acabar con Morena, sino para sobrevivir, en otras condiciones, transexenalmente. Quiere ser senador plurinominal –diputado al menos– y seguir construyendo como lo ha hecho notablemente en los últimos años, por él, por su ego y por sus intereses personales, que siempre priman sobre los intereses colectivos que dice defender.

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