jue. Abr 23rd, 2026

Desde el inicio de su construcción, el Tren Maya ha enfrentado la oposición de diversos grupos ambientalistas y defensores de derechos humanos, quienes incluso han intentado sin éxito detener su avance a través de los diversos instrumentos jurídicos que el marco legal de nuestro país pone a su disposición.

Por otro lado, el empeño del presidente por lograr por cualquier medio la conclusión de uno de sus proyectos emblemáticos, ha contrapuesto toda la fuerza del Estado para derrotar estos intentos de frenarlo, llegando al punto de tener que declarar dicha obra como un asunto de seguridad. nacional, para protegerlo de tales acciones.

El presidente López ha desacreditado a los grupos de oposición insultándolos, llamándolos pseudo-ambientalistas y afirmando que su único interés es perjudicar el avance de su llamada cuarta transformación. Sin estar totalmente de acuerdo con él, aceptemos que es posible que algunos de estos grupos obedezcan en realidad a intereses políticos y económicos, y que para ello se aprovechen del evidente daño ambiental que ya está generando esta obra.

La cuestión aquí es que, para realizar un análisis completamente desprovisto de interés y verdaderamente objetivo, habría que partir de la premisa de que todo proyecto de infraestructura, grande o pequeño, tiene necesariamente un impacto sobre la naturaleza. Además, la mera presencia del ser humano en la Tierra afecta al ecosistema, alterando su equilibrio.

Por tanto, y teniendo en cuenta que es justo, legal y éticamente válido tomar recursos de la naturaleza de forma sostenible para mejorar nuestra calidad de vida, entonces se hace necesario evaluar los impactos y riesgos de cualquier proyecto, contrastándolos con la posibilidad de realizar acciones que los mitiguen, y comparar los costos con los beneficios.

En este sentido, un extenso e innovador estudio realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) cobra importancia por estar libre de todo sesgo, en el que, por primera vez en la historia, revisa los riesgos ecológicos y los beneficios económicos de todos los proyectos de infraestructura de transporte, específicamente carreteras y ferrocarriles planeados o ya en marcha en 137 países alrededor del mundo, con un enfoque en el impacto que las obras de construcción tienen sobre el medio ambiente, la población, los seres humanos y la vida silvestre.

Adicionalmente, han enfrentado los impactos, con los beneficios esperados de este tipo de proyectos en las economías locales, y su potencial para elevar el Producto Interno Bruto nacional.

El estudio concluye que todas estas obras liberarán a la atmósfera 883 millones de toneladas de carbono y 1,17 millones de toneladas de nitrógeno que estaban almacenadas en los árboles y la vegetación removida. Asimismo, las obras de construcción impactarán alrededor de 60 mil kilómetros de áreas protegidas o esenciales para la biodiversidad, lo que podría acelerar la disminución de especies.

Por el contrario, los proyectos tienen el potencial de generar 2,4 millones de nuevos puestos de trabajo a nivel mundial y tienen un impacto positivo en el Producto Interno Bruto, que en los países en desarrollo podría llegar hasta el 1,3 por ciento.

Andy Arnell, uno de los líderes de este estudio, cree que una infraestructura de transporte bien planificada es crucial para el desarrollo humano, sin embargo, la expansión continúa representando una gran amenaza para la naturaleza, por lo que considera crucial que los gobiernos nacionales y los líderes de la industria de la construcción estén capaz de sopesar sus consecuencias ecológicas frente a los beneficios sociales y económicos.

Los encargados del estudio desarrollaron una herramienta disponible en línea, que muestra los valores de riesgo y beneficio de cada uno de estos proyectos alrededor del mundo, incluyendo por supuesto el Tren Maya, que presenta sus mayores impactos y riesgos precisamente en la liberación de carbono. que ya estaba almacenada en la vegetación existente, y la amenaza a la biodiversidad, así como la afectación al acuífero.

Por otra parte, el Tren Maya ha carecido de una buena planificación desde sus inicios, y se ha ido desarrollando a través de sucesivas improvisaciones y ocurrencias, que ponen en duda la magnitud y alcance de sus beneficios económicos y sociales.

En conclusión, es un proyecto de riesgo ecológico medio a alto, con un bajo potencial para generar beneficios sociales y económicos, si es que llega a concretarse.

Raúl Asís Monforte González.

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