mié. Abr 22nd, 2026

CULIACÁN, SIN.- Hay enojo en Sinaloa y los insatisfechos dan sus argumentos que van más allá del tema del precio: maltrato presidencial.

Si la ciudad natal del capo del cartel de la droga más grande del mundo necesita un nuevo camino a la cabecera municipal, el Presidente va en persona a supervisar las obras y vive con su familia y amigos.

Pero si los productores de maíz piden apoyo porque el precio de la tonelada no alcanza para lo gastado, AMLO los manda al carajo por “corruptos”.

Sinaloa es el estado número uno en producción de maíz blanco (casi la mitad del total nacional) y buena parte de la economía aquí gira en torno al maíz.

La cosecha que se está levantando es de 6 o 7 millones de toneladas, cuyo precio internacional bajó a 5,200 pesos mexicanos en promedio, con el agravante de la paridad peso-dólar.

Entonces el agricultor no podrá recuperar lo que invirtió en la siembra, está endeudado y tendrá que pedir dinero prestado para sembrar en el próximo ciclo agrícola.

¿De dónde van a sacar plata para pagar lo que pidieron prestado para sembrar maíz?

Con los mercados de futuros (Chicago) caídos o no rentables, ¿quién les va a prestar dinero para cosechas que no serán suficientes para vivir, y mucho menos para pagar los préstamos?

Una mala decisión del Presidente puede entregarle el campo de un gran estado al narcotraficante.

El campesino sinaloense que siembra maíz no es rico de ninguna manera. Sí hay algunos grandes, con recursos económicos, pero son pocos. La gran mayoría son ejidatarios e hijos de ejidatarios. No viven mal, pero viven al día.

Cuando el candidato López Obrador estuvo aquí durante su campaña, prometió precios garantizados para el maíz de 7,000 pesos la tonelada.

Así aseguró el futuro de los agricultores y arrasó en las elecciones presidenciales.

Animó, con la saliva de las promesas, a sembrar maíz porque “sin maíz no hay país”.

Durante este sexenio no se necesitó el apoyo del gobierno, ya que los precios internacionales de los granos se mantuvieron altos, en torno a los 7.000 pesos la tonelada. Hasta que cayeron por la alta producción de Brasil y Estados Unidos.

Los campesinos pidieron que se cumpla lo ofrecido para salvar su cosecha, que, por cierto, hace que México sea autosuficiente en maíz blanco.

El Presidente los trató de corruptos y los sacudió con los insultos que lanza cuando se enoja.

Y tomó la más neoliberal de las decisiones. Más que todos sus antecesores (Calderón los rescató cuando cayeron las heladas en 2011). Peor aún que en Estados Unidos, donde se subsidia el cultivo de maíz, y Japón, que subsidia el arroz.

Lo que AMLO les dijo a los productores la semana pasada, aparte de los insultos, fue: si el mercado no te da para sostenerte en tiempos de escasez, quiebra y dedícate a otra cosa.

En México estaba la aseguradora Aserca, con bolsa para comprar coberturas a buenos precios. Así el productor ya sabía cuánto le iban a pagar por tonelada.

Cuando llegó López Obrador, Aserca desapareció. No hay apoyos ni certezas.

Los trabajos de cosecha ya están en marcha y los almacenes se van a colapsar: no hay dónde almacenar 6 millones de toneladas de maíz.

El gobierno federal tuvo la idea de anunciar la compra de un millón de toneladas de maíz y el gobierno estatal 500 mil toneladas. Con sacar del mercado un millón y medio de toneladas creían que el precio mejoraría y un santo remedio.

Por supuesto que no lo fue. El mercado no se inmutó: hay mucho grano disponible.

Si hubieran actuado como se hizo; es decir, que los grandes compradores (Cargill, Minsa, Maseca) adquieran la tonelada a precio de mercado (5200 pesos), y el gobierno entregue el resto al productor para que reciba los 7000 pesos la tonelada, el problema habría resuelto con 6 mil millones de pesos.

Han gastado 13 mil millones de pesos (aunque aquí dicen que Segalmex no les ha pagado) y la crisis del maíz en Sinaloa se agudiza.

¿Y a quién le va a vender el gobierno ese millón y medio de toneladas de maíz? A la misma: Minsa, Cargill, Maseca.

¿Y a cuánto los vas a vender?

A 5200 pesos la tonelada, aunque nos funciona, porque el precio sigue bajando.

Perder, perder, perder dinero de los contribuyentes.

En febrero, representantes de las empresas compradoras de maíz se reunieron con productores y funcionarios del gobierno estatal. “Si hacemos el trato ahora, vamos a comprar una tonelada a 6.200 pesos”, señalaron.

El gobierno estatal saltó: no, el precio será de 7 mil.

Si hubieran aceptado el acuerdo, el problema hoy sería mínimo.

Resumen: unos 25 mil productores están siendo insultados y afectados. Alguien tendrá que prestarles dinero. No será el gobierno ni los bancos.

Ese “alguien” se va a quedar con la tierra.

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Metro

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