mié. Jun 24th, 2026

Economista, profesor de la UNAM

Las ciencias sociales son parte esencial del contenido de la educación básica, así como de los libros de texto gratuitos, incluyendo nociones de economía. Que los estudiantes conozcan lo que produce su país, cómo lo hace, de qué vive su población, para qué trabaja su gente e incluso qué problemas materiales aquejan a la sociedad, como la pobreza y la desigualdad, ayudará a los niños y jóvenes a identificar los ambiente en el que crecen y se desarrollan. Pero la enseñanza siempre requiere planificación de contenidos, método pedagógico y conocimiento de la materia.

Por una alerta del doctor en economía Luis Monroy Gómez Franco (@MGF91), acerqué el nuevo libro para primer año de secundaria, titulado Ética naturaleza y sociedades (entonces, sin coma después de la ética). Estoy de acuerdo con las valoraciones de Monroy y ofrezco tres ejemplos de la mala preparación del libro.

Uno: los conceptos se lanzan sin orden ni concierto ni explicación. El libro abre con el capítulo “Acciones para reducir las desigualdades en México y el mundo”. Al inicio de la lección se lee: “Este nuevo modelo de desarrollo fue avalado por todos los organismos internacionales que intervienen en la economía. Así, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) se apresuraron a señalar que, en esta nueva fase del capitalismo global, el crecimiento económico per cápita sería suficiente para reducir pobreza, generar empleo y reducir la desigualdad”.

No se ha definido qué se entiende por modelo de desarrollo ni a qué se hace referencia, pero incluso indica una “nueva fase del capitalismo mundial” sin haber precisado tampoco qué es el capitalismo y mucho menos en qué consisten sus fases. Tampoco se expone qué es crecimiento ni qué es per cápita.

Las niñas y los niños que acaban de terminar la escuela primaria encontrarán términos económicos en su libro de texto de secundaria, sin ninguna orientación sobre en qué consisten, como los siguientes: “Producto Interno Bruto”, “comercio internacional”, “globalización”, “ inflación”, “equilibrio en las finanzas públicas”, “participación del Estado en la economía”, “pobreza laboral”, “desempleo”, “recesiones económicas”, “clases sociales”, “propiedad privada”, “medios de producción”, “producción” taylorista”, “política neoliberal”, “desregulación”, “contención salarial”, “políticas públicas”, “población económicamente activa”, “capital humano”, entre muchas más.

Dos: mal uso de las categorías económicas. El segundo párrafo de la lección inicial comienza así: “En el contexto de la globalización, la economía controla variables macroeconómicas tales como: inflación, control cambiario monetario [sic.]…”. La confusión es enorme. La economía no controla las variables, pero las variables sirven para medir lo que sucede en la economía.

Otro ejemplo de mal uso de conceptos: “El Índice de Desarrollo Humano (en adelante, IDH) es el proceso que permite a una sociedad brindar a cada uno de sus miembros una mejor calidad de vida”. Como su nombre lo indica, el índice es una medida, no un proceso, y en sí mismo no brinda a las personas una mejor calidad de vida, tal vez muestra cómo viven.

Una tontería más: introducen pirámides demográficas que acaban en 74 años. ¿Y la creciente población de 75 años o más? ¿Ya no existe, no cuenta?

Tres: párrafos sobre ideologizados que confunden hasta a sus propios autores. Escriben: “que los bienes públicos pueden tener propietarios privados que legal o ilegalmente se apropiarán de ellos, en el caso de México, los minerales del subsuelo, el agua, los bosques, las selvas y el viento. Esto se conoce como el Modelo de Bienestar Social. En contrapartida, está el modelo de mercado; privatiza los servicios públicos, la energía, los bienes de la nación y, de la misma manera, permite a los comerciantes reducir las desigualdades”. Por lo tanto, privatizar los recursos naturales, erróneamente sinónimo de bienes públicos, es el modelo de bienestar social. Y rematan, sin darse cuenta, reivindicando el mercado como reductor de desigualdades.

Más de dos millones de estudiantes comenzarán la escuela secundaria este mes. Muchos de ellos tendrán este libro defectuoso como su única herramienta de aprendizaje. Con su profunda irresponsabilidad, las autoridades educativas violan el derecho constitucional a la educación de esos millones de mexicanos.

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