
El país es un campo de batalla de delincuentes contra ciudadanos, mientras el gobierno de López Obrador observa aterrorizado por el temor al costo político, paralizado por el temor de enfrentar al crimen organizado.
Guerrero es una anarquía en la que un día amanecemos con la noticia de que la alcaldesa de la capital del estado está desayunando con el jefe de un cártel y dos días después miles de manifestantes secuestran a policías, roban una camioneta blindada de las fuerzas de seguridad , tomar el Congreso local y bloquear una carretera federal durante casi dos días completos. En Toluca, un incendio provocado deja nueve muertos, entre quemados y baleados: allí mismo, en esa capital, hace unos días fueron encontrados restos humanos colgados de un puente frente a un campus universitario. En San Luis Potosí existe una carretera donde decenas de personas son secuestradas cuando salen de excursión o simplemente realizan su trabajo. A plena luz del día, en una carretera de Aguascalientes, un comando armado robó camionetas de lujo que iban montadas en un tráiler. En Tamaulipas, el secretario de Gobernación fue atacado por delincuentes mientras iba en su automóvil. En Michoacán hace unos días mataron a un hombre que era líder de las autodefensas en ese estado. Se presume que más de 20 personas participaron en el ataque en el que se dirigieron más de mil disparos a sus víctimas. En el municipio de Apatzingán, un grupo criminal realizó un ataque con drones cargados con explosivos. En Zacatecas han optado por suspender hasta los concursos y fiestas populares en varios municipios por el riesgo que representan para la ciudadanía. Chiapas, que en años neoliberales albergó un movimiento indígena armado, ahora, lejos de ese romanticismo de repercusión internacional, es un territorio dominado por el crimen organizado en el que policías y funcionarios son secuestrados y liberados en una negociación para liberar a un cantante también plagiado por otro. grupo. Ante el secuestro de los uniformados, el Presidente de la República expresó: “Que los liberen o los voy a acusar con sus padres y abuelos”. De ahí el nivel de responsabilidad de un hombre temeroso y cobarde que se esconde en su palacio cuando se trata de delincuentes.
A lo mejor por eso a Marcelo Ebrard, el corcholata Unloved, se le ocurrió hacer algo que llamara la atención de los votantes y se inclinó por un plan de seguridad que incluye, sobre todo, la detección y captura de delincuentes con herramientas de alta tecnología. Quizás Marcelo y su súper equipo detectaron que había algunas grietas en el gobierno del que formaban parte y que estaban en el apartado de seguridad. Por eso Ebrard apareció en un video en el que anunció un gran plan para combatir la inseguridad. Tal vez evaluaron que los delincuentes no se asustan si les dices que los vas a acusar con sus abuelos para que los regañen o con sus padres para que les digan que no lo vuelvan a hacer. Quizás Ebrard descubrió que se necesitan altas dosis de indolencia para inclinarse de manera tan cínica ante líderes del crimen como lo hace López Obrador y lo que correspondía era diferenciarse. Quizás Ebrard se ha encontrado en sus giras nacionales con que los mexicanos están a merced de las bandas criminales, que sufren de inseguridad para ir a la escuela, a trabajar, a transitar una carretera, a transportar mercancías, a convivir con su comunidad. Quizás Marcelo descubrió el desastre que es la seguridad en este gobierno y entonces lanzó su ultramoderno plan en el que ya no acusa a los delincuentes con sus abuelos. eso pasara con el tapas: Sus propuestas revelarán el desglose del país en diferentes áreas.
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