El presidente de México no cree en las instituciones democráticas que infligieron un alto costo, pero permitieron que se eligiera a alguien como Andrés Manuel López Obrador.
Se entiende y reconoce la importancia que la sociedad civil, la clase política, los partidos, académicos y analistas han puesto en defender la viabilidad y credibilidad del Instituto Nacional Electoral (INE) de las reformas del presidente Andrés Manuel López Obrador. La creación de una autoridad y registro electoral independiente del gobierno federal. Las elecciones ya no estaban controladas por la presidencia ni por el Ministerio del Interior; Individuos como Manuel Bartlett podrían, de hecho, definir quién sería el próximo presidente, quiénes serían los próximos legisladores, gobernadores y presidentes municipales. Un sistema que se prestó a negociaciones políticas y no a definiciones basadas en los deseos de los votantes. Las reformas de hace más de 20 años permitieron que México pasara de un gobierno autoritario a una democracia semifuncional que facilitó la transición democrática.
La mayoría de los mexicanos no recuerdan o no vivían en un país donde durante 70 años era inimaginable que otro partido que no fuera el PRI gobernara México. Pocos recuerdan las grandes hazañas de la oposición panista y de un pequeño grupo de políticos y activistas de izquierda, que enfrentaron amenazas, incluida la violencia, por ejercer sus derechos políticos y exigir una democracia real en México. Y aunque Andrés Manuel López Obrador insiste a diario en que ha sido víctima del sistema político mexicano, de las autoridades electorales y de la clase política, y por ello insiste en reformar el INE. La realidad es que el individuo que más se ha beneficiado de todas las luchas opositoras de antaño ha sido López Obrador y la gente que lo rodea.
Durante los momentos más difíciles del autoritarismo priísta, donde controlaban todos los niveles políticos y sociales del país, Andrés Manuel y numerosos compañeros, entre ellos varios secretarios y corcholatas que actualmente lo rodean, no sólo eran priistas, sino que buscaban utilizar la partido autoritario para lanzar su carrera política. Pero como en todo sistema autoritario, los espacios son reducidos y quienes no pudieran encontrar un camino político u oportunidades tendrían que salir y comportarse como la oposición.
El actual presidente es uno de esos priístas que sentían que el partido lo rechazaba. Él y un grupo de priístas salen al mundo a aprovechar los espacios que otros han conquistado. Y el IFE y las autoridades electorales se desarrollaron a lo largo de los años hasta convertirse en el actual INE, que es fruto del “sudor y las lágrimas” de la oposición de derecha e izquierda, donde López Obrador y su círculo más cercano no jugaron un papel importante. role. Pero chico, se beneficiaron.
El presidente de México no cree en las instituciones democráticas que infligieron un alto costo, pero permitieron que se eligiera a alguien como Andrés Manuel López Obrador. Pero, el INE o el IFE, por ser instituciones que buscan controlar el poder del ejecutivo y asegurar la credibilidad del proceso electoral reduciendo el fraude, las compras y el robo de papeletas, se convirtieron en uno de los mayores enemigos del Presidente. Lo preocupante es que López Obrador es que no puede ver que el sistema actual, las reglas electorales, son las que más lo favorecen y aseguran el control de su tapadera y de su partido.
También es interesante reconocer que los legisladores, miembros del partido de oposición y la clase política asumen que las reglas del juego electoral, trazadas por la constitución, serán respetadas por todos los actores que participan en las elecciones.
Creo que es hora de hablar del impacto que está teniendo en México el control territorial que ejercen los grupos del crimen organizado.
También creo que no exagero cuando digo que cualesquiera que sean las reformas que se inflijan a las autoridades electorales a nivel federal y estatal, no importará si los grupos del crimen organizado optan por participar activamente en la selección y elección de candidatos.
¿Crees que a Ovidio le importa lo que diga el Tribunal Electoral? Quien quiere asegurar que López Obrador respete las decisiones de las autoridades electorales reformadas al gusto de AMLO. De hecho, se podría argumentar que las reformas propuestas por el presidente casi aseguran que el robo de elecciones será una constante, con o sin reformas al INE.
Los grupos armados y el crimen organizado responden a sus necesidades empresariales, no a las decisiones del INE o del Tribunal Electoral.
La pregunta que debemos hacernos es: ¿Qué pasará si un candidato no respeta las decisiones del INE o del Tribunal Electoral? ¿Cuántos candidatos tendrán el “beso del diablo” y la bendición de las organizaciones criminales? ¿Es necesario seguir defendiendo al IFE? Obviamente. Pero más importante a largo plazo será promover el estado de derecho en el país que permita a este y otros gobiernos quedarse en el balcón.
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