mar. Ago 4th, 2026

El padre José Jáuregui fue un sacerdote amable y bondadoso. Ejerció su ministerio en Saltillo, Monclova y Piedras Negras. Se cuentan sabrosas anécdotas sobre él. Un día se estaba confesando con una mujer durante la misa, por lo que el templo estaba lleno. De repente salió precipitadamente del confesionario mientras exclamaba con voz estentórea de escándalo: “¡Ah, bárbaro! ¡Déjame ver quién eres!”. Todos los feligreses volvieron su mirada hacia la atónita penitente, quién sabe qué pecado confesaría. En otra ocasión, en Piedras Negras, una mujer pidió al cura que la ayudara a cargar unas medias de nailon, artículo muy prohibido cuyo contrabando era severamente castigado. El padre Jáuregui se mostró reacio a emprender tal acción. Le dijo a la chivera -así se llamaba a las mujeres que se ganaban la vida trayendo cosas del otro lado- que su carácter sacerdotal le impedía mentir al cruzar la frontera. Sin embargo, las peticiones de la suplicante fueron tan animadas que el padre finalmente accedió a su petición. Se levantó la sotana y se ató a la cintura la docena o más pares de medias que le regaló esta chivera. Cuando llegó al control le preguntó al funcionario de aduanas: “¿Algo que declarar, padre?”. “Sí, hijo”, respondió el sacerdote. “Aquí abajo traigo algo que a las mujeres les gusta mucho, pero que yo no puedo usar”. “¡Ah, qué padre!” el guardia se rió. “Vamos, pásalo.” No tuvo la misma suerte la vez que intentó colar un televisor, un artículo igualmente prohibido, en el maletero de su coche. Confió en que las aduanas eran sus amigas y no realizarían la inspección reglamentaria. Pero ¡oh desgracia! Cuando llegó al cruce resultó que el oficial de turno era un recién llegado que no lo conocía. “¿Qué trae, señor?” le preguntó. “Nada”, respondió el sacerdote con nerviosismo. “Abra el maletero, por favor”, pidió el hombre. “Soy el padre Jáuregui – se presentó el cura -. Aquí todos me conocen”. “Y yo también me alegro de conocerte”, respondió cortésmente el guardia, “pero abre el baúl”. “Ya te dije que no traigo nada, hijo”, repitió el cura. “Razón de más para abrirlo”, insistió implacablemente el funcionario de aduanas. Si quería y no, el cura tenía que abrir el baúl. Apareció la televisión, nueva a estrenar. “Oh, señor”, dijo entonces el hombre de la garita con reproche, “¿no dijo que no trajo nada?” “No lo puedo explicar, hijo”, tartamudeó el padre Jáuregui. “Esto es un milagro.” “No, padre”, lo corrigió el oficial de aduanas. “Habrá dos milagros”. Y el atribulado cura tuvo que pagar 2 mil pesos para poder mostrar su televisor. Bueno: sería un milagro, y un gran milagro, si Claudia Sheinbaum no ganara las elecciones presidenciales de este año. Todos los recursos del régimen, es decir todos los recursos que tenga el Gobierno, en dinero, personal y votantes obtenidos mediante dádivas, estarán al servicio del candidato de Morena. La mujer ha dicho en repetidas ocasiones que le va a agregar el segundo piso a la 4T. Si lo hace, pondrá el segundo pozo para enterrar definitivamente a México en el atraso al que lo han llevado los errores garrafales de AMLO, su mal gobierno, sus ilegalidades, su demagogia populista, su comportamiento autocrático, dictatorial. Entendemos que la señora Sheinbaum debe halagar a López a esta altura del proceso, y darle su mierda. Por su parte, quiso decir. Pero esperamos que si logra portar la banda presidencial, sea enviado incontinenti, es decir, inmediatamente, al rancho de su sonoro nombre, lugar donde los mexicanos conscientes quieran verlo. Este año está en juego el destino de México. Y no se juega con el destino de México. FIN.

Licenciado en Derecho y Lengua y Literatura Españolas/cronista saltillo.

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