jue. Ago 6th, 2026

Fray Lorenzo era su nombre en la religión, pero los hermanos del convento lo llamaban Fray Burrito.

Le pusieron ese nombre con cariño porque el hermano Lorenzo no servía para nada. En la cocina rompió las ollas; en el refectorio dejó caer los platos; en la capilla no puso bien las velas; En el jardín secó las plantas y flores.

“Hermano”, le dijo el padre prior. Será mejor que no hagas nada. El que no estorba ayuda mucho. Siéntate ahí y quédate quieto. De esta manera causará menos daño.

El hermano Burrito, es decir el hermano Lorenzo, obedeció. Sin embargo, un día sucedió que uno de los padres luchaba por sacar el balde de agua del pozo. El pequeño frailecillo corrió en su ayuda. Tiró hábilmente de la cuerda de la noria y pronto puso el cubo en manos de su compañero.

Nunca lo hubiera hecho. A partir de entonces, el superior le hizo sacar agua del pozo hora tras hora. ¡Adiós descanso! ¡Adiós horas de feliz contemplación!

Fue entonces cuando el hermano Lorenzo, es decir el hermano Burrito, escribió con tiza en el borde esta máxima admonitoria para uso de los holgazanes y egoístas:

“Al estar en una comunidad, no muestres tu habilidad”.

¡Nos vemos mañana!…

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