ESTAR ATENTO
Por Armando FUENTES AGUIRRE
Ese hombre albergaba una fe inmensa. Un día perdió el equilibrio y cayó desde lo alto de un edificio. Mientras caía alcanzó a gritar:
-¡Dios mío, haz un milagro! ¡Sálvame!
Allí en el Cielo el Señor hizo un movimiento con su mano y se interrumpió la ley de la gravedad. El hombre estaba suspendido en el vacío. Su vida estaba a salvo. Pero en ese mismo momento empezaron a suceder cosas terribles. Desde que se interrumpió la gravitación, todas las cosas del mundo cayeron al vacío. El mar volcó sus aguas, los grandes ríos se desbordaron, las montañas se desgarraron, millones de hombres cayeron en la insondable inmensidad del Universo…
Esta pequeña historia tiene una moraleja: El milagro más grande, por el que más debemos estar agradecidos, es el milagro de que no hay milagros.
¡Nos vemos mañana!
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