
Esta semana llegó la hora de la verdad para el general Luis Crescencio Sandoval y el almirante José Rafael Ojeda Durán. La pregunta es si podrán cambiar el rumbo que el comandante en jefe ha trazado -ordenado- en los siguientes meses, los más cruciales para la democracia mexicana.
¿Se empeñarán el general y el almirante en cumplir con sus funciones constitucionales, o sumarán también a las funciones de los secretarios de Defensa y de Marina la de convertirse en operadores políticos de la Cuarta Transformación?
Y aunque quisieran cuestionar o enmendar las funciones que les exige el presidente López Obrador, se atreverían a desobedecer una orden que es inconstitucional o que podría tener un impacto en la capacidad de las fuerzas armadas para cumplir con sus funciones: proteger la constitución, la integridad física de los mexicanos, la soberanía del país y proteger la democracia mexicana.
Pero hechos, decisiones y declaraciones recientes parecen indicar que el general y el almirante decidieron seguir el rumbo conflictivo de las cavernas y el desorden de los procesos electorales, dando prioridad a la protección del presidente, su legado y la continuidad política.
Hay que admitir que no es fácil decir que no al comandante en jefe. Pero la pregunta es si no pueden negar una orden del comandante en jefe por respeto a la disciplina militar o porque al conducirlos por un camino inconstitucional, ahora son rehenes del presidente porque necesitan la protección del ejecutivo.
Pero hay órdenes que, por el bien de la institución y la reputación de las fuerzas armadas, el general y el secretario almirante deben desobedecer.
Un botón de ejemplo sucedió esta semana con el secretario almirante José Rafael Ojeda Durán, quien protagonizó una sección de “Quién es quién” de noticias falsas. En distintos momentos, incluso su tono sarcástico se asemejaba al de Ana Elizabeth García, la “Vilchis”, al cuestionar minuto a minuto un reportaje que difundió Ciro Gómez Leyva en su noticiero nocturno. Ciertamente, se pueden cuestionar aspectos del informe donde el secretario busca no solo exhibir y desacreditar que los laboratorios presentados en Sinaloa producen metanfetamina, no fentanilo. Además de desacreditar a los medios y a la misma directora de la DEA, Ann Milgram.
Para el presidente López Obrador, este momento “Vilches”, auspiciado por la Secretaría de Marina, fue la oportunidad de insistir en que el fentanilo no se “produce” en México, los medios de comunicación desinforman no solo en México sino que este tipo de reportes son parte de una conspiración de los conservadores para desacreditar a México y López Obrador.
Y aunque hay razones para cuestionar algunos aspectos de los informes, lo cierto es que no cambia una realidad evidente: el fentanilo se trafica desde México a Estados Unidos (más allá del debate si solo se trafica, se produce, se fabrica), el tema ha tomado relevancia política en Estados Unidos y tendrá prioridad en la relación bilateral. Y también está cobrando relevancia en la agenda de López Obrador en sus últimos años de gobierno y si no se maneja correctamente podría impactar el proceso de las corcholatas.
Por eso, la importancia de involucrar al Secretario de Marina, un secretario que sigue teniendo credibilidad, según las encuestas, pero que en su presentación terminó enfatizando que en México se sigue produciendo metanfetamina y que en sí misma debería ser motivo de gran preocupación. del gobierno Además, el secretario Ojeda termina en una posición incómoda de contradecir presentaciones realizadas por el secretario de la Defensa, donde señala que el fentanilo se produce en México. Asimismo, en un esfuerzo por subrayar la posición del Presidente de que no se produce en México, el secretario contradice las aseveraciones de una supuesta carta publicada esta semana de los hijos del Chapo, donde aseguran que, aunque en Sinaloa se produce fentanilo, sí lo hacen. no lo trafican.
No será la primera vez que un gobierno civil busca utilizar sus fuerzas armadas para proteger su legado, atacar a la oposición y mantenerse en el poder. Pareciera que el presidente López Obrador asume que los secretarios de Defensa y Marina pueden asumir el papel de chivo expiatorio de una estrategia de seguridad fallida.
¿Ha llegado la hora de la verdad para el general Luis Crescencio Sandoval y el almirante José Rafael Ojeda Durán, serán recordados como los secretarios que defendieron la constitución y el estado de derecho? ¿O como simples operadores políticos de Andrés Manuel López Obrador?
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