“No trato de forzarme a hacer algo, pero quiero ser lo más auténtico posible dentro de lo que pueda”.Alberto Hidalgo/Cortesía
Con inmenso respeto, Mon Laferte Vuelve a ese período histórico para ilustrar lo que concibe como una “conversación entre juicios y prejuicios sociales, con mi fuerza, con las ganas de crecer y hacer arte”. Pronto vislumbro que son los versos del nuevo single los que enuncia el intérprete. “Empieza la canción y dice: ‘Cuánto le costó, quién la cogió, es una puta puta sudaca tercermundista’”, me dice con el mismo espíritu disruptivo que se pronuncia en la canción. Y el mensaje es claro. No se ha maquillado entre versos elegantes. Ésta es una afirmación bien justificada. “Esto se refiere a las veces que me han dicho: ‘Probablemente tuviste que acostarte con alguien para tener éxito porque no tienes el talento ni la fuerza para lograrlo por tu cuenta’”, explica.
Según me comparte, no estaba entre los planes de Mon crear una canción como esta o hablar de algún tema social determinado. En realidad, esto no es más que el reflejo de su proceso creativo y catártico. Los mensajes toman forma por sí solos en las canciones, pero lo que les da vida son las vivencias de su autor. “No sé si de repente pienso tanto en transmitir un mensaje, escribo desde lo más profundo de mis experiencias”, afirma. Por sus vivencias se refiere a los comentarios que ha recibido a lo largo de su carrera y que en algún momento la afectaron. Hoy, sin embargo, no son más que material inspirador. “Tengo que crear desde alguna parte, así que pensé que era interesante tomar este tema que me afectó durante mucho tiempo y ponerlo en una canción”, revela.
Mientras tanto, volvemos a la explicación sobre “Tenochtitlán”. “Entonces la canción dice, ‘nadie la parió, de dónde salió, la niña se cree artista’”, me aclara. “[Es una forma de decir], ‘ella no es nadie, no tiene talento, se cree una artista’. ¿Quién es? Y todo lo que ha logrado lo ha logrado porque probablemente se folló a alguien. Y eso es algo que me han dicho muchas veces y creo que a las mujeres nos lo han dicho mucho”. Como contraparte del hablante que representa el juicio de la sociedad, llega un segundo actor. “Y luego viene el otro orador, que es esta gente que me ha apoyado, o también mi voz, mi fuerza. Digamos que es mi fuerza la que me dice que ‘todo va a estar bien, que no tengo que llorar bajo el cielo de Tenochtitlán’ y ‘Se arrepentirán’. Como esa voz de superheroína que dice: ‘se van a arrepentir porque vas a hacer algo realmente rudo en la música y van a decir: No, yo sí tenía talento’”.
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