jue. Abr 9th, 2026

He vivido de palabras. A los 14 años me convertí en locutor de radio. Ese excelente señor llamado don Alberto Jaubert, dueño de la XEDE, en Saltillo, me pagaba 3 pesos por programa, y ​​yo hacía siete por semana (de ahí en adelante tuve la terca insistencia de la mosca). En ese momento mi papá me dio un peso dominical, así que de la noche a la mañana me hice multimillonario. Luego comencé a escribir en los periódicos, con la misma tenacidad y perseverancia. Palabras, palabras, palabras, dijo Hamlet. Y sin embargo no tengo suficiente para agradecer a mis cuatro lectores regiomontanos y la región aledaña por el cariño con el que me trataron este domingo cuando les presenté “México en Mí”, el libro más reciente que he escrito en coautoría con la vida. , y que ha publicado mi casa, Diana, del Grupo Editorial Planeta. No a modo de alarde, sino más bien a modo de agradecimiento, reproduzco la nota aparecida en la página cultural de “El Siglo de Torreón”, el prestigioso diario de La Laguna. Firmada por Saúl Rodríguez, quien también me brindó una magnífica entrevista, esa nota dice: “El Auditorio de la FIL MTY se ve lleno. Más de 250 personas esperan a Catón, quien luego de ser anunciado ingresa, saludado con una lluvia de aplausos. En el escenario usted Se puede ver una pequeña mesa de cristal con dos ejemplares de ‘México en Mí’. Los organizadores han dispuesto un sillón, pero Catón prefiere dar la charla de pie. Nos comparte algunas de las anécdotas impresas en el libro, con ese humor que lo caracteriza. . Habla durante casi una hora. Antes de despedirse, agradece a su familia, al público, a su editor y a Dios. Sobre todo: está agradecido por haber aprendido a ser agradecido. El público es suyo. Se pone de pie aplaudiendo. Es tiempo de subir al estrado. Pluma y firmar decenas de libros. De hecho, durante casi dos horas estuve autografiando ejemplares de “México en Mí” y otros libros míos. Hubo quienes me trajeron recortes de artículos que escribí hace 20 años. Hace, y que han mantenido desde entonces. Una lectora me dijo: “Gracias por estar”. Una lectora me pidió: “No dejes de escribir”. Ella añadió tras una pausa: “Y tómate un tiempo para morir”. “Eso no está en mis manos”, respondí, “pero tampoco tengo prisa”. La Madre Vida se ha comportado conmigo igual que con sus otros hijos. Nos acaricia a todos y luego nos da un golpe que duele. Y ahí nos lleva: Un dulce hoy, una bofetada mañana. Ahora llego a casa por la noche y está llena de vacío. Mi compañía es la soledad. Pero me consuelan mis hijos y mis nietos, que siempre están conmigo aunque no estén aquí, y mis amigos, que me invitan a buena comida y buen vino, y tengo mis libros, mi música y mis películas. de la edad de oro. , y el ajedrez robótico, que o me anima o me enorgullece, y la vieja casa de Potrero con la buena gente que la cuida y me cuida, y mi cabaña en el bosque, donde visitantes furtivos, el oso y el ciervo. Y tengo mi trabajo diario, que me da el pan de cada día. Sobre todo llevo en mí el recuerdo -los recuerdos- de la eterna amada, que sin estar conmigo sigue estando en mí. Con todo eso, y el cariño de mis cuatro lectores, entenderéis por qué no tengo prisa por marcharme. Siempre he pensado que Dios ama a todas sus criaturas, pero que nos ama más a nosotros, los niños y los ancianos. A los niños, porque acaban de salir de sus manos. A los viejos, porque ya estamos llegando a sus brazos. Estoy listo para irme cuando él quiera. Sólo te pido que me lleves sin demora y con calma. Pero aun así te digo la mejor oración con la que el creyente puede dirigirse a Dios: Hágase tu voluntad, Señor. FIN.

Licenciado en Derecho y Lengua y Literatura Españolas/cronista saltillo.

Leer la nota Completa

El Imparcial

By El Imparcial

EL IMPARCIAL, ahora en su versión en web online, es el periódico líder al Noroeste de México y en Sonora, con una cobertura informativa oportuna y veraz en materia de noticias de actualidad y relevantes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *