mié. Abr 8th, 2026

Pocas cosas son tan cómodas como vivir en la lógica del mínimo esfuerzo,

Basta con que no te importe que lo que recibas esté en la línea media. No te molestes porque tu entorno opere en una línea de flotación básica o que los miembros de tu ecosistema familiar y profesional realicen su trabajo en un medio funcional. La mediocridad personal o colectiva son siempre una opción para quienes deciden tomarlas.

“¿No se podría hacer mejor?” preguntaría quién aspira a un mejor resultado.

-Oh, no. Así ha sido siempre, responderían los mediocres.

—¿No ha evaluado diferentes opciones? — Afirmaría a los que se sienten incómodos con un proceso.

“No se puede hacer nada”, respondía el otro.

Usado como adjetivo, la mediocridad indica algo hecho al mínimo. Y no solo porque su resultado está por debajo de la línea de esfuerzo, sino porque su resultado no refleja la más mínima habilidad o brío intelectual. No digamos funcionalidad óptima.

Aunque cuando se manifiesta a viva voz en empresas competitivas tiende a molestar, la pregunta es ¿cómo identificar la mediocridad de armario en las organizaciones? Aquí hay tres puntos para el análisis:

1) La justificación está por encima de la reflexión.- El pretexto, la explicación o la resignación surge ante el malestar ante una situación inapropiada o mal gestionada.

No confundas el hecho de que todo resultado tiene una explicación con el hecho de que la única opción posible ante un hecho que no es óptimo o reprochable es la resignación.

2) El negativismo es la esencia de todas tus respuestas.- Aunque afirmen que les gustaría que tal o cual hecho fuera diferente, estos mismos sujetos son capaces de elaborar razones por las que no pueden cambiar o hacer algo diferente.

No confundas a alguien que pondera todos los aspectos posibles de un evento o proyecto (incluidos los más negativos) con alguien que solo busca razones para desalentar cualquier implementación teórica o práctica.

3) Se quejan de todo pero no actúan sobre nada.- Hay personas con la lengua floja pero con manos y pies discapacitados. Pueden ser tan astutos en la crítica como ineficaces en la solución.

No confundas al que puede hacerse oír ante una situación incorrecta o disfuncional con el que solo emite críticas por doquier pero nunca suma su energía ni su tiempo a la solución alternativa.

VERDADERO. Nadie es perfecto. Todos tenemos márgenes de error y áreas de oportunidad de mejora como personas y como profesionales.

Pero también es cierto que, si bien todas nuestras acciones pueden conducir al error o la equivocación, podemos dirigir los recursos, el esfuerzo y el talento disponibles hacia una ejecución impecable, hacia el mejor resultado posible y hacia una eficiencia distinguible.

Nos guste o no, la mediocridad siempre estará presente. Se reproduce fácilmente y se esparce como la humedad en los espacios que lo permiten. Y cuando se identifica, no sólo hay que neutralizarlo, sino que hay que darle una batalla hábil e inteligente.

Y es que aunque la mediocridad no suele resistir la presión sostenida por un mejor desempeño, el problema no es que exista sino que no la hace renunciar a la perfectibilidad.

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Metro

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