mié. Jun 17th, 2026

Hay quienes sostienen que la historia se repite y que como humanidad nos enredamos en los mismos problemas sin resolverlos. Lo anterior no es preciso pero lo parece.

Hoy comienzan formalmente las precampañas federales aunque realmente comenzaron hace meses. Una vez más, el activismo político prevaleció sobre las reglas que pretenden conducirlo bajo principios civilizado-democráticos-legales.

Hoy también se conmemora el aniversario 113 de la Revolución Mexicana, una gesta que tiene como origen la lucha contra una dictadura que hizo de las elecciones una fachada para perpetuarse.

Las elecciones legitiman a un gobierno porque la mayoría lo apoya, eso lo tuvo claro Porfirio Díaz, así como los sucesivos gobiernos priístas de la revolución institucionalizada. De tal modo que, si bien tuvieron fuerzas para simplemente permanecer en el poder, no dejaron de acudir regularmente a las urnas, en los horarios previstos para ello, aunque se tratara de un acto de simulación democrática.

Pero la simulación tiene límites, y proceso tras proceso quedó claro que las reglas de acceso al gobierno y representación ciudadana tenían un camino paralelo a las urnas: la aprobación del dictador y la pertenencia al partido dominante, de tal manera que antes El día de las elecciones se decidió el resultado.

Sabemos cómo terminaron estas etapas de nuestra historia, en un caso con una revolución que hizo de las armas el recurso y en el otro con reformas político-electorales tras años de exclusión y represión de las voces disidentes.

Ha sido un proceso muy largo de democratización el que nos ha traído hasta aquí. Si tomamos en cuenta al menos 1977 como punto de inflexión, las estructuras autoritarias opusieron una fuerte resistencia, ciertamente individuos y grupos, pero sobre todo hubo que superar prácticas antidemocráticas arraigadas en la cultura de nuestra sociedad.

Fueron décadas de reformas sucesivas -marcadas por fraude electoral, momentos de regresión, represión, etc.- en pos de un ejercicio democrático libre y auténtico consagrado en la Constitución.

El ejercicio del poder es embriagador y puede llevar a quienes lo ejercen a querer perpetuarse e ir más allá de sus poderes. Hay quienes se han amparado en la protección de la democracia y desconfían de ella, ya que las elecciones libres suponen el riesgo de que la mayoría no se manifieste en el sentido que el gobernante o el grupo gobernante desea a su vez.

Las sucesivas reformas buscaron proteger a la sociedad mexicana del abuso de poder sobre la voluntad de la ciudadanía. No fue algo menor, pasar de las facultades metaconstitucionales del Presidente, como señaló Jorge Carpizo, a reglas de carácter general y su aplicación no ha sido fácil ni fluida. Además, hubo que reformar las instituciones y crear otras para aplicar y hacer cumplir la legalidad; el camino ha estado lleno de imperfecciones y lamentables abusos de la confianza ciudadana.

Y ahora todo ese andamiaje que ha costado sangre, sudor y muchas lágrimas se pone en entredicho y con él nuestras aspiraciones democráticas. No son utopías, lo que está en juego es la posibilidad de que la convivencia inclusiva, la tolerancia y el diálogo entre diferentes personas sea la base de la estabilidad política y social, y no la imposición autoritaria y excluyente, de ahí venimos, con las traumáticas consecuencias registradas. en nuestra historia.

Que esto no suceda tiene que ver con muchos factores: el gobierno de turno, la oposición y sin duda la ciudadanía. La carta por sí sola es inoperante, hay que hacer cumplir las normas acordadas.

Las reglas establecidas, aunque revisables, son las que son y deben ser respetadas para que los actores políticos y los ciudadanos tengan certeza de cómo proceder y que el resultado sea la conclusión de una ruta predeterminada, replicable y confiable, de eso se tratan los procedimientos electorales.

Además, los preceptos legales vigentes, aunque churriguerescos como he sostenido en ocasiones anteriores, ponen en primer plano, además de la certeza, principios democráticos fundamentales como la equidad en la contienda, el arbitraje electoral justo y expedito, y buscan impedir la coacción y el voto. comprar.

Como dijimos, hoy comienza el período de precampaña federal (algunos estados ya iniciaron la suya propia y otros lo harán en los próximos días y semanas, esto depende de la legislación de cada entidad), en el que la ley establece que los partidos políticos definir a sus candidatos, sin embargo, eso ya no era así, a esta altura ya conocemos las principales postulaciones. El orden legal y constitucional, el que ha costado décadas construir, quedó roto.

No empezamos bien el proceso que conducirá a la renovación de más de 20.000 cargos públicos y que, no exagero, marcará el destino de nuestro sistema de convivencia. Hay que esperar y exigir que lo que está por venir se reconduzca según las reglas, ya que eso es lo que dará legitimidad al resultado y podrá renovar nuestra confianza en que el ejercicio democrático vale la pena.

No hagamos de las elecciones una simulación, no hagamos que la historia se repita, las consecuencias pueden ser muy graves.

Parafraseando a José Woldenberg diríamos que los avances democráticos se miden en micras y tardan décadas, los retrocesos ocurren en segundos pero implican kilómetros.

POSDATA: El panorama para quienes pretenden gobernarnos es triste. Algunos cierran filas a cambio de posiciones al más puro pragmatismo en torno a un líder, y otros no acaban de entender lo que está en juego y la responsabilidad que tienen en ello.

El autor es exsecretario ejecutivo del Instituto Nacional Electoral (INE).

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