Finalmente, después de cinco no tan largos años, ayer se inauguró por todo lo alto y con gran pompa el Tren Maya.
Es una de las obras maestras del movimiento Obrador, una pieza emblemática de su gestión que desarrollará… —¡Ay de los que lo duden! ¡Conservadores de poca monta!, qué digo, se desarrollará: detonará el sureste de México.
Esta gran construcción —que, dijo AMLO, “no exageramos si decimos que no hay otra obra como esta en el mundo, y además se hizo en un tiempo récord; Normalmente obras como éstas se harían en 10 años, y ésta se hizo en apenas cinco”—harán vibrar el Sudeste olvidado, el rincón pobre del país, ese que nadie había volteado a ver desde tiempos remotos, pero que ahora, ¡qué grandeza! — tiene una obra maestra gracias a la visión de un gigante, un nativo de la región que, por eso y por ser un gran visionario, se ha dado cuenta de que el sureste también existe. Finalmente esta región está en los ojos del país.
No faltarán quienes digan que esta zona del país es el destino turístico más grande de América Latina, resultado del trabajo incansable de al menos dos generaciones, y que la región alberga al menos dos de los Estados que atraen la mayor parte de las inversiones extranjeras. ¡Bah! Ésa es una charla conservadora barata. Hoy, después de décadas, el sureste finalmente existe.
Pues finalmente se inauguró el Tren Maya. Esa es una realidad. A los yucatecos nos prometieron un Tren Bala desde 2007 que nunca llegó. Pero hoy el Tren Maya es de carne y hueso… Más el segundo, porque fue inaugurado en los huesos, pero ya está inaugurado. Eso es lo que importa.
“Es un día histórico”, dijo ayer López Obrador.
En el acto estuvo el titular del Ejecutivo, acompañado por el secretario de la Defensa, general Crescencio Sandoval, y otro general, Oscar Lozano Águila, administrador del Tren; También, inconfundibles en la distancia, la gobernadora Layda Sansores, y sus colegas de Quintana Roo y Yucatán, María Lezama –aún apestando a incienso vaticano– y Mauricio Vila Dosal.
También estuvieron representantes de las constructoras: Azvi, ICA, Grupo Indi y, por supuesto, Carso, la de Carlos Slim, de quien ayer mismo se informó que su fortuna se había disparado a más de cien mil millones de dólares. Los poco reflexivos dicen que lo es por lo mucho que se ha beneficiado de AMLO.
Que la obra quedó inaugurada a mitad de camino… por eso nuestro líder visionario se adelantó a decirlo y aseverar que el día 31 habrá otro tramo y en febrero -¡ya, aguante! – ¡Estará lista la gran obra que detonará el olvidado sureste de México, sí señor! Nadie tiene idea de cómo, pero así será.
Que se talaron más de diez millones de árboles. Otro discurso barato de los conservadores. Nada que la secretaria Luisa María Alcalde no pueda arreglar diciendo que sólo se pudo confirmar el 11% de los árboles talados, lo mismo que dijo sobre las personas desaparecidas en el país.
Ahora diremos con el pecho lleno y la rima en los labios que, como decía Benedetti, “el sur (este) también existe”. Nuestro líder logró, sí, “…lo que era imposible / que todos sepan / que el sur (este) también existe”.
El Diario nos informa que la inauguración se hizo a medias. Nada que no hayamos visto antes con la refinería de Dos Bocas y el aeropuerto Felipe Ángeles. Pero eso es “peccata minuta”. De hecho, ha sido costumbre de muchos gobiernos inaugurar obras a medio construir o hacerlo sólo con fachadas y cascos vacíos. Podemos remontarnos al sexenio de Díaz Ordaz, cuando se inauguraron hospitales dotados con los más modernos equipamientos de la industria.
El hecho fue publicado en ocho columnas en los periódicos de la capital al día siguiente y todos los medios electrónicos lo difundieron escandalosamente. Tras el alboroto, dos días después llegó un equipo completo a desmantelar el hospital para llevar el instrumental a otro… que sería inaugurado semanas después. Nada nuevo bajo el sol.
Pero estamos hablando de vacaciones, ¡qué carajo! Gracias a esa serpiente de acero, o mejor “caballo de fuego”, “jaguar de hierro”, para usar los nombres oficiales, que arrastrará su panza por todo el territorio peninsular, un pedazo de geografía mexicana que también estará más plagado de chimeneas debido a las centrales eléctricas que lo alimentarán dejarán de ser ese sureste olvidado y serán equiparados al “norte que ordena”, volviendo a Benedetti: “Con su ritual de acero / sus grandes chimeneas…”.
El caso es que el Tren ya ha sido inaugurado. Y, como ha sucedido con una frecuencia sin precedentes en esta administración, lo importante no es el hecho sino el dicho. ¿Cuántas personas desaparecidas hay en México? No 110.964, “sólo” 12.377. Ésa es la verdad oficial, que a toda costa intenta establecer como la única. Lo que se dice por la mañana es la única verdad… según el régimen.
Por eso es tan importante la noticia del cierre definitivo de Notimex. No porque deje de existir como agencia de información, sino por la justificación que dio AMLO: para qué tener una agencia de noticias si informa todas las mañanas. Es decir, basta con lo que dice. Querer saber más o dudar de la palabra sagrada es aspiracional, fifi, conservador.
Y si dice que está inaugurado el Tren Maya, aunque esté a mitad de camino, entonces está inaugurado. Como dicen los gringos: si se hace, se hace. Esa es la posverdad del régimen. Es la posverdad de regímenes donde la única versión verdadera es la oficial.
Por eso el verdadero periodismo los incomoda.—Mérida, Yucatán.
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@olegariomoguel
Director de Medios Tradicionales en Grupo Megamedia
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