
Para quienes, en el quinto año de gobierno, se sienten defraudados con Andrés Manuel López Obrador, vale decirles que hay una forma de no equivocarse nunca con él: no creerle nunca.
Dijo que no intervendría en la vida interna de Morena, pidió licencia al partido y aseguró que no sería como antes “cuando el presidente ponía candidatos y gobernadores”.
El Viernes Negro, 28 de abril de este año, López Obrador se reunió con los senadores de su partido y les dijo que con ellos estaba quien lo sucedería en la Presidencia de la República.
De su lado derecho tenía al secretario de Gobernación y Canciller Ebrard, a su izquierda la coordinadora de los senadores y la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum.
Entre ellos cuatro saldría no solo el candidato de Morena, sino el próximo presidente de México.
A un mes de haber asumido, el 4 de enero de 2019, López Obrador anunció que solicitaba una licencia al partido Movimiento Regeneración Nacional porque iba a gobernar para todos los mexicanos.
“Tengo licencia – anunció – permiso en mi partido, no estoy participando en mi partido. Yo tengo el mandato de gobernar para todos los mexicanos y como seña de identidad del nuevo gobierno hemos establecido que no hay un partido favorito, preferido.
El mismo personaje que le dijo a la nación que se retiraba de Morena porque no tenía un partido preferido, declaró el 17 de marzo de este año ante el Batallón de Infantería 37 en Villahermosa, que PRI y PAN “son los peores (y que… .) Ni siquiera están soñando” que en las elecciones del próximo año volverán al poder.
Ante los senadores, frente a los cuatro precandidatos designados por él, López Obrador fijó los tiempos de la “voz” con la que estatutariamente debe ser elegido el abanderado presidencial de Morena.
El presidente del partido ni siquiera estaba allí para cubrir los formularios. La candidatura está por delante, dijo AMLO.
Recién el 5 de septiembre de 2022 había dicho que el candidato lo elegiría el pueblo, porque “ya no es como antes que el presidente pusiera al candidato”.
Dijo en aquella oportunidad: “Todavía hay hasta los más cercanos que están esperando una señal. Bueno, van a esperar la señal. Déjalos que se sienten, busca una silla, se cansarán esperando una señal. No habrá señal. Son los ciudadanos, es el pueblo, es la democracia, y todos tienen derecho”.
El “exmilitante” de Morena, el que “no tiene partido favorito”, el que “no intervendría en las candidaturas” y “no manda señales”, dijo a los cuatro precandidatos designados por su dedo índice que el proceso debe comenzar en tres meses.
Mario Delgado, líder formal del partido, recibió la señal y se definieron los tiempos según instruyó el Presidente el Viernes Negro en Palacio Nacional.
Ya había dado el nombre de otros precandidatos entre los que saldría el abanderado de Morena. Además de los cuatro mencionados, dijo que estaban Tatiana Clouthier, y dos funcionarios del servicio exterior que puso a competir con su jefe: Juan Ramón de la Fuente y Esteban Moctezuma.
Ahora descartó las anteriores y mandó la señal de que la candidatura del partido sería entre cuatro personas: Sheinbaum, Ebrard, López y Monreal.
¿No es que la gente?
¿No es esa democracia?
¿No es como antes?
¿No pidió una licencia?
¿Ya no tenía una fiesta favorita?
¿No habrá señal?
“Tienen para que aprendan” los ingenuos.
Aquí viene el dedo.
Dos de ellos llevan años compitiendo en el servilismo para lograr el favor del Presidente.
Otro, un gallo muy jugado, entendió tarde de qué se trata esta pantomima y dio marcha atrás.
Y el cuarto, que se creyó el cuento de la democracia y no quiso intervenir, está siendo devorado por la manada digital y los caricaturistas al mando del vocero del Presidente.
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