
“Ya di” con estas palabras renunciamos a cuidarnos. Es fácil para nosotros.
Alguien más aporta: “Ya di”.
Los voluntarios recorren las plazas, los mercados, los lugares públicos de esta ciudad, con sus barcas. Son jóvenes que solicitan el apoyo del pueblo para crear un fondo que permita a Cruz Roja Mexicana seguir funcionando.
Pero la ciudad está enferma de apatía. Erich Fromm acuñó un nombre para esto “la patología de la normalidad”. La psicóloga social la describe como una enfermedad sutil, por lo que la gente cree que “lo que la sociedad considera normal es bueno y correcto para cada uno de nosotros”, aunque vaya en contra de nuestra verdadera naturaleza.
Erich Seligmann Fromm fue un destacado psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista de origen judío alemán. Nació con el siglo, en 1900 y murió en 1980. Durante un tiempo siguió las teorías del psicoanálisis de Freud pero luego optó por un camino más humanista y social.
Pero lo que es normal no es correcto, y mucho menos lo que es bueno para los seres humanos. Podríamos considerar que es normal que cada día mueran cinco o diez personas en la ciudad. La causa es la violencia. Bueno, no es normal ni bueno para cada uno de nosotros.
¿Es normal que en un evento masivo se roben cientos de celulares? No es normal, no te equivoques.
Quieren hacernos sentir que estas cosas son normales, no lo son.
Podríamos decir que es normal que no aportemos a la cruz roja. Pues no, no es normal, porque va en contra de nuestra propia naturaleza.
Con un acto como este ponemos en peligro miles de vidas que no pueden ser atendidas a tiempo.
Solo trata de pensar en esto. Si tienes un accidente y dejas de respirar durante diez minutos, sin la ayuda de un paramédico, el daño a tu cerebro será irreversible. Ya sabes quién vendrá primero a ayudarte: la Cruz Roja Mexicana.
Piensa también en esto: no importa si vas caminando, o en bus, en el Metro, en la Ecovia, en carro o en Mercedes. No importa si estás en el centro de la ciudad o vienes de la carretera nacional o en Lázaro Cárdenas.
Nada de eso importa. Lo que importa es que si tú o tu hijo dejáis de respirar durante diez minutos sin que llegue ayuda, estáis perdidos.
Y créeme, no importa si estás pagando un seguro de “gerente corporativo” para gastos médicos mayores, lo que importa es que llegue la ayuda.
Pues a esta posibilidad de ayuda es a lo que estamos renunciando cuando decimos “ya di”
Por supuesto, esta descripción podría parecer llevada al extremo. Pero créanme, la realidad es mucho peor.
La sociedad regiomontana se está deshumanizando. A medida que realizamos una búsqueda de “algo”, perdemos de vista la razón por la que estamos aquí.
Nuevamente buscamos una respuesta en Fromm. En uno de sus libros estudia las razones existenciales del tener y del ser. Elegir tener o ser nos trae consecuencias en la naturaleza y en el bienestar de nuestra vida.
La humanización plena del hombre, de Monterrey, lo obliga a optar por la orientación: de la posesión a la participación y del egoísmo a la solidaridad.
Eso es lo que está pasando, los regiomontanos preferimos la posesión de las cosas materiales a la participación.
Preferimos el egoísmo, donde sólo importa lo mío, a la solidaridad donde anteponemos a los demás a mis privilegios.
Y lo demostramos cuando nos negamos a participar en obras que benefician a todos, como es el caso de la Cruz Roja.
Podríamos decir que la amistad termina donde comienza nuestra conveniencia. Lo mismo ocurre con la sociedad: la humanidad del hombre termina donde comienzan nuestros privilegios.
No perdamos la esperanza, ni la fe, hasta la próxima.
El autor es experto en comunicación corporativa y situaciones de crisis. Tiene un MBA del ITESM
Contacto: hirampeon@gmail.com
Twitter: @Hirampeon
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