mié. Jul 8th, 2026
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Pepe de Olegario

Raquel Cintra Pryzant

Pepe de Olegario documentó las tragedias de la Costa da Morte durante cuatro décadas.

Agreste y traicionera: así es la Costa de la Muerte (Costa da Morte en gallego), escenario de innumerables naufragios reconstruida, años después, por un pescador en el noroeste de España.

Antes de que se popularizara el sistema GPS, este pescador nacido en 1941 en Sardiñeiro, en la costa gallega, encontró más de mil restos de embarcaciones en el fondo del océano.

José López Redonda, mejor conocido como pepe de olegarioes una leyenda viva para los gallegos que viven cerca del mar.

“Después de 40 años en el mar y más de mil naufragios, todavía tengo barcos por encontrar”, explicó a BBC Brasil.

El pescador del naufragio

A diferencia de otras historias de pescadores, las que cuenta Pepe suelen ser bastante realistas y muy bien documentadas: tiene más de 1.000 naufragios localizados en un mapa lleno de tesoros y tragedias.

En esta región se produjeron algunos de los accidentes marítimos más conocidos de la historia mundial, como el del barco británico HMS Serpent y el del petrolero Prestige.

“Me ofrecieron trabajar en la tierra para ganar más, pero no acepté. Y cuando tenía que irme a casa los domingos, me ponía triste”, explicó a BBC News Brasil.

Cartografía de naufragios en Galicia

Raquel Cintra Pryzant

El pescador gallego ha cartografiado más de 1.000 naufragios.

Pero Pepe de Olegario nunca se dedicó a pescar tilapia. Dedicó su vida a encontrar una especie peculiar: el mero, un pez hosco y misterioso; un pez tan raro que se convirtió casi en una leyenda.

El kilo de mero era uno de los más caros de las ferias gallegas, lo que lo hacía muy codiciado.

Fue entonces cuando otros pescadores decidieron seguir a Pepe en uno de sus días de trabajo y descubrieron el secreto de su éxito.

Los meros son peces de más de 100 kg que pueden vivir a más de 200 metros de profundidad, condiciones que les impiden utilizar los refugios naturales como las algas y los corales.

Entonces estos animales terminan viviendo en cascos de barcosanclas y otros naufragios.

“Cambiaba las jornadas de pesca por buscar naufragios. En ese momento ya sabía que si encontraba uno, también encontraría meros”, recuerda.

Al fondo, el faro de Cabo Vilán

Raquel Cintra Pryzant

Al fondo, el faro de Cabo Vilán.

En sus más de cuatro décadas localizando los restos perdidos en las costas gallegas, Pepe estableció vínculos con los barcos de la región.

Los capitanes franceses, españoles y portugueses avisaron directamente a los pescadores cuando volvían del mar con las redes rotas.

“Todos me conocían, me llamaron y me dijeron ‘Pepe, Me enganché red’pero aun con sus indicaciones tardó días en encontrar los naufragios”.

Siguiendo indicaciones entre faros y playas, Pepe de Olegario encontró rincones que empezaron a eludir a los barcos y codiciar a los pescadores de meros.

Este pescador que se ganaba la vida buscando naufragios nunca dejaba de recordar las tragedias que suponían los naufragios, a veces con muchas víctimas.

“Durante la pesca pensé en la tragedia de ese barco y, cuando llegué a la orilla, indagué sobre la historia que había detrás. Y así fue como aprendí”, le dice a la BBC.

Ampliación de la cartografía de Pepe

Raquel Cintra Pryzant

Ampliación de la cartografía de Pepe.

El cementerio inglés de la Costa da Morte

La zona más peligrosa de la Costa da Morte se llama Ponta do Boi, en la localidad de Camariñas.

En estas aguas, tres grandes naufragios marcaron para siempre la memoria de los gallegos: el Iris of Hull en 1883, el HMS Serpent en 1890 y el SS Trinacria en 1893.

El Hull Iris era un barco inglés que había salido de Cardiff (Gales, Reino Unido) con destino a la India, bordeando el Estrecho de Gibraltar.

Cementerio Inglés, donde yacen las víctimas de los naufragios británicos

Raquel Cintra Pryzant

Cementerio Inglés, donde yacen las víctimas de los naufragios británicos.

En noviembre de ese año, este carguero a vapor tripulado por más de 30 hombres chocó con los llamados Baixos de Antón, desatando una tragedia que dejó un solo superviviente: Geoge Chirgwin.

Los meses de octubre y noviembre marcan el final del otoño en Europa, y es cuando el mar en la Costa da Morte se vuelve más peligroso.

Además del viento del noreste, que empuja las embarcaciones hacia tierra, sus estructuras rocosas son como icebergsmás peligrosos de lo que parecen a primera vista.

Fue también en noviembre, esta vez de 1890, que otro terrible accidente provocó un naufragio en Ponta do Boi.

El barco militar británico HMS Serpent se dirigía a Sierra Leona, pero el viaje terminó en un accidente en el que 172 de sus 175 tripulantes murieron.

“Los tripulantes eran jóvenes, tres de ellos lograron nadar hasta la orilla con mucha dificultad y avisaron a los vecinos que, lamentablemente, no pudieron ayudar”, cuenta Virginia Barros, guía turística en el lugar.

Cementerio Inglés, donde yacen las víctimas de los naufragios británicos

Raquel Cintra Pryzant

El cementerio fue construido para dar un entierro digno a las víctimas.

Durante varios días el mar fue devolviendo los cuerpos a tierra y se recuperaron unos 140.

Para que tuvieran un entierro digno se construyó una necrópolis: el cementerio ingles.

Sobre un suelo pedregoso, rodeado por el sonido de las olas y la niebla, este espacio forma hoy parte de la Ruta Europea de los Cementerios.

“Hasta mediados del siglo pasado, cada vez que un barco de la armada británica pasaba por la Costa da Morte, lanzaba saludos en honor a las víctimas de estos grandes naufragios”, explica Virginia.

El desastre del prestigio

El naufragio más mediático de la Costa da Morte fue, sin duda, el del petrolero Prestige en 2002.

Incluso con barcos modernos, tecnología y cartografía avanzada, la costa gallega sigue inspirando respeto a día de hoy.

El desastre del Prestige es recordado por la enorme cortina de humo negro y la contaminación de más de 2.000 kilómetros de costa tras el derrame de la mayor parte de las 77.000 toneladas de petróleo que transportaba.

Imágenes de pájaros y peces cubiertos de aceite dieron la vuelta al mundo.

Ante tanta tragedia, el complejo hotelero Parador Costa da Morte abrió sus puertas en 2020, casi dos décadas después del desastre.

“El consejo de ministros de La Coruña decidió, entre las actuaciones económicas para recuperar el litoral, invertir en turismo”, ha señalado Julio César Castro Marcote, director del hotel.

Además de promover el turismo en la costa gallega, tan bella como peligrosa, el Parador también ha asumido el papel de transmisor de historias regionales.

costa de la muerte

Raquel Cintra Pryzant

La obra de Pepe ayuda a reconstruir algunos episodios de la historia de Galicia.

En la entrada del Parador se exhibe una fotografía de Xurxo Lobato que muestra el momento exacto del accidente del Prestige junto a retratos de pescadores.

Allí es posible admirar, a través de los lentes de Ramón Caamaño y Virxilio Viétez, los rostros tostados por el sol de una generación de los años 30 que llamó al mar “la mar” en femenino, en señal de respeto.

“El quinto piso del edificio, diseñado por Alfonso Peneda, fue elegido para la exposición permanente de las cartas náuticas de Pepe de Olegario”, dijo el director.

Muestra con orgullo el gallego que descubrió más de mil naufragios durante décadas en el mar tu cartografía hecha a manoy ahora enmarcado.

Ya jubilado, aún recuerda los nombres de los tripulantes, tipo de carga, destino de la nave, año y motivos de los accidentes.

Así ayuda la obra de Pepe de Olegario a reconstruir esta parte de la memoria de Galicia.


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