Carlos Ruiz, profesor de Ipade, menciona una frase de Viktor Frankl en una conferencia que le escuché recientemente: “La vida nunca se vuelve insoportable por las circunstancias, se vuelve insoportable por la falta de sentido y propósito”. Si esto es lo que dice Frankl después de su experiencia en los campos de concentración, ¿cómo podemos tener un propósito personalmente? El mundo empresarial puede servir de ejemplo.
EN LAS ORGANIZACIONES
En las empresas y personalmente siempre actuamos con un propósito en mente. El primero de ellos es para satisfacer las necesidades básicas: comida, bebida, vestido, vivienda, etc.
Después de estos vienen los más altos: Social, estima, reconocimiento y autorrealización. Y precisamente trabajamos para conseguir estas necesidades.
En el caso de las empresas, el primer fin es generar riqueza, un valor económico añadido. Pero no es el único fin, el fin de una organización va más allá del lucro, sino también de responder adecuadamente a esta pregunta: ¿Por qué existo como tal? Y esto lo convierte en algo más grande que sus productos o servicios, y este es sin duda el espíritu de servicio.
La creación de un propósito no solo tiene que ver con aspectos económicos, sino también con algo aspiracional, donde los empleados puedan marcar la diferencia y encontrar sentido a lo que hacen.
Podríamos decir que como afirma el director de la empresa que produce la aspirina Bayer: Que es buena para la cabeza y para el corazón.
CARACTERÍSTICAS DE UN PROPÓSITO
En el caso de una empresa, un buen propósito debe ser auténtico, ético, distintivo de la marca de la organización y significativo para los involucrados.
Por ejemplo, el propósito del portal Ted Talks es transmitir ideas que vale la pena difundir, en el caso de Google es organizar la información del mundo, y en el caso de IKEA es mejorar la vida de muchas personas.
Hablando del individuo, es necesario plantearse un propósito en la vida, y ese propósito lógicamente tiene que verse reflejado en nuestro comportamiento, tanto en el aspecto profesional, personal y familiar.
En este sentido nos apoyaremos, con lo que sugirió Stephen Covey: “Imagina tu funeral y tu cónyuge o alguno de tus hijos da el mensaje de despedida, ¿qué te gustaría que dijeran? Lo anota y actúa en consecuencia”. ¡Feliz domingo, querido lector!
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