jue. Abr 9th, 2026

Independientemente del resultado de la reforma electoral, en su planteamiento y tratamiento, la clase política de derecha e izquierda, profesional y amateur, ha puesto de manifiesto la extrema pobreza política y el subdesarrollo que la afecta. Y cómo, sin quererlo oa propósito, preserva sus intereses, dejando de lado los de la ciudadanía.

El espectáculo ofrecido en los últimos meses por esa clase ha revelado un despropósito: sus miembros -salvo contadas excepciones- aborrecen la política y, aunque dicen actuar en nombre de la democracia, ninguno destaca por sus creencias en ella.

Es decir, lo que va a frenar esa reforma, lo previsible es que el régimen político-electoral siga igual o peor que antes.

De entrada, dos cuestiones impresionan. Uno, el bajísimo nivel de operadores en ambos lados. Dos, cómo los líderes reales y formales del partido colocan a supuestos cuadros en puestos clave no por sus atributos y experiencia, sino por la lealtad que les profesan.

De ese amplio elenco, la revelación del secretario de Gobernación, Adán Augusto López, como coordinador parlamentario de Morena en el Congreso de la Unión, lo expuso como un conspicuo candidato presidencial suplente. Sigue órdenes, pero no lo hace, y cuando lo hace, lo hace mal. Y ni hablar de su lugarteniente en la Cámara de Diputados, Ignacio Mier, quien, por sus errores, puede luego gobernar Puebla. Las cosas están tan patas arriba que ahora el Legislativo envía proyectos de opinión al Ejecutivo para su aprobación y, ahí, los aprueba con errores.

Del teniente en el Senado, Ricardo Monreal, vale reconocer que salvó la cara manteniendo su cargo y mostrando integridad, pero también que el único seguidor de su liderazgo fue él. Por ahora, la operación en ese otro órgano parlamentario será un dolor de cabeza en cuanto a si el coordinador se va, lo despiden o lo despiden. Ante todo esto y por mera curiosidad, sería interesante saber si Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard tienen su propia opinión sobre la reforma electoral.

Sin embargo, Acción Nacional compite fuertemente con el movimiento en el poder al favorecer a los leales, sobre los capaces. Reemplazar a Juan Carlos Romero Hicks en la coordinación parlamentaria de los diputados con Jorge Romero es digno de encabezar el expediente del disparate de Marko Cortés: no habría encontrado cuadro más vulnerable, es como un edificio que carga con el peso excesivo de pisos no autorizados . Y, bueno, en el Senado tiene a Julen Rementería. Ese es el nivel. Sólo así se puede entender por qué las representantes más emblemáticas de Acción Nacional en la Cámara alta, Lilly Téllez, Kenia López y Xóchitl Gálvez, con o sin disfraz, eclipsan la actuación de los cuadros blanquiazules, aquellos con formación, en el Congreso

En la tricolor no pasa nada más. Tener como cuadros ilustres en el Congreso al diputado y candidato a juicio político Alejandro Moreno, ya Miguel Ángel Osorio Chong como coordinador de los senadores, equivale a renunciar al reducido margen de maniobra de esa otrora poderosa fuerza. Por eso, el coordinador de diputados, Rubén Moreira, disfruta de la debilidad de su líder y la senadora Beatriz Paredes sufre de su coordinadora.

Habría que hablar de los extorsionadores con registro, pero bueno, ese es un tema que se resuelve con votos y dinero o con ambos.

Con estos operadores se comprende por qué tantos errores en el diseño, la estrategia y el procedimiento para proponer la reforma del régimen y oponerse a ella.

El gobierno y su partido labraron cuidadosamente el fracaso de la reforma constitucional político-electoral, siendo imprescindible un cambio de régimen. En definitiva, lo lanzaron a destiempo, de forma pésima y con tono grosero, queriendo doblegar a los opositores cuando ya no contaban con los votos necesarios. Pablo Gómez, coautor del mismo, sostiene que hubiera sido un error reconciliarse con el Estado corrupto que representa el PRIAN y, luego, sin negociar cómo querían sacarlo.

Luego, con una actitud más propia de resignados que de revolucionarios, apostaron por una reforma electoral limitada y sesgada (ya no política) a nivel normativo. Tan pobre que el mismo Ejecutivo lo justificó diciendo “algo es algo”, cuando ese algo es peor. Y ahí están metidos: si lo aprueban aceptando el chantaje de sus aliados, viene el veto presidencial; Si lo aprueban rechazando el chantaje, vuelve al Senado, que ya está en receso y a Morena le faltan los votos para convocar un período extraordinario. Lo tiran o lo votan, ese algo puede no ser nada y constituir un nuevo fracaso que, de avanzar algún día, acabaría en la Corte.

La oposición panista y priista no canta mal rancheras. Primero vacilaron e incluso anunciaron sus respectivos proyectos de reforma constitucional electoral, sin poder formular uno conjunto: segunda vuelta, vicepresidencia de la República, elecciones primarias… Luego, acudieron al servicio de orientación vocacional que brinda la resistencia civil. y salieron fuertes y felices. : nada de nada y el régimen queda como está, conservando así intereses, posiciones y prerrogativas, dejando un instituto que exige un ajuste. Pero qué alegría no hacer nada, quedar como héroes de la democracia y finalmente tener una bandera, aunque no tenga una propuesta.

De lo contrario, la clase política intentará sacar algún provecho de lo ocurrido, aunque no haya pasado nada. Unos dirán que no fue posible por culpa de los demás y los demás celebrarán que todo siga como siempre. Así, sin embargo, esa clase no dejará de vivir en la extrema pobreza política ni saldrá del subdesarrollo.

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