lun. Abr 20th, 2026

Andrés Manuel López Obrador ha dedicado buena parte de las dos mañanas de esta semana a fraguar la posibilidad de que el atentado contra Ciro Gómez Leyva tuviera como objetivo perjudicar al Presidente de la República y/o su movimiento.

De cuantas posibilidades se abren sobre el atentado de la noche del jueves, esa es la versión a la que el tabasqueño dedica más (o casi exclusivamente) su atención.

“Cuando sacan a colación a Ciro, que pudo haber sido un autoataque, no porque él lo fabricó, sino porque alguien lo hizo para afectarnos, no lo descarto”, dijo ayer López Obrador.

Si partimos de la obligación de las autoridades de tener abiertas todo tipo de líneas de investigación sobre posibles móviles, en efecto esa podría ser una de las motivaciones de los delincuentes.

Teniendo en cuenta lo anterior, si en una situación similar –un ataque a un periodista– la autoridad investigadora enfrenta escepticismo por su pobre historial en términos de efectividad (que no se remonta a este sexenio), y por la eventual posibilidad de un conflicto de intereses si surgiera Pistas de que algún elemento incrustado en el poder había tenido la estrafalaria idea de atentar contra la vida de un comunicador, qué decir de un caso que se da en medio de la estridencia político-mediática polarización que estamos viviendo?

El gobierno debe ser el garante de la administración de justicia. ¿Se puede esperar que suceda eso cuando el propio presidente ha dictado desde el lunes que se debe abandonar la línea de investigar al gobierno?

Ese día, AMLO dijo que le pidió “al jefe de Gobierno que haga una investigación profunda para saber qué pasó, para no descartar ninguna hipótesis. Yo creo que la única hipótesis que se debe descartar, aunque eso le corresponderá a la autoridad, es que nosotros, el gobierno que represento, no somos un gobierno represor”.

En ese contexto, y dado que sería ingenuo esperar que la fiscal capitalina, Ernestina Godoy, actúe de manera autónoma de acuerdo con lo que pretende el Presidente, si lo que se busca es dar certeza a la sociedad sobre lo ocurrido en el barrio Florida contra Gómez Leyva, el gobierno debería nombrar un fiscal especial para el caso.

Esto porque el revuelo que ha causado el atentado solo puede corregirse con justicia, prueba de toda sospecha, y porque el mismo López Obrador ha pisoteado la distancia que se espera de la máxima autoridad para que nadie influya en el ánimo de los investigadores, que nada. prefigura un resultado, que ninguna, ni siquiera una, de las líneas de investigación se descarta sin haber agotado cada pista, cada hipótesis, cada posibilidad.

López Obrador no puede exculpar a su gobierno. En otras palabras: no es más confiable una administración que no se investiga a sí misma que una que se declara libre de defectos o miembros que hayan incurrido en abusos o ilegalidades.

El presidente no es el gobierno. Tampoco se conforma con toda la administración pública federal. A él le interesa, antes que nadie, que se establezca que una fiscalía creíble ha encontrado a los responsables sin que nadie medie o influya en sus decisiones o procedimientos.

Una fiscalía especial, si se nombrara con verdadero coraje y suficientes recursos para hacer justicia, fortalecería a López Obrador. Incluso daría credibilidad, si así fuera, a la hipótesis de que atacó a un periodista para perjudicar a un gobierno.

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Metro

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