mar. Abr 21st, 2026

Ciudad de México.- El posadas mexicanasuna de las celebraciones más emblemáticas de la cultura navideña del país, enfrentan este año dos desafíos: el aumento de los precios de los productos típicos y el interés de las nuevas generaciones.

Así se refleja en los testimonios de comerciantes y clientes del Mercado Jamaica, uno de los más populares de la Ciudad de México, donde se pueden encontrar los artículos imprescindibles para las posadas, como piñatas, camarones y romerito.

las posadas Son una representación de la peregrinación de José y María en busca del lugar donde nació Jesús, y Se llevan a cabo del 16 al 24 de diciembre. Al finalizar el recorrido se rompen piñatas, se cantan villancicos y se degustan platos típicos.

Sin embargo, esta tradición se ha visto afectada por la inflación, que según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)estaba ubicado en el 4,3% anual en noviembre.

Este año la piñata se elevó enormemente. La de tamaño estándar, el año pasado costaba 80 pesos mexicanos (unos 5 dólares) y ahora está en 120 (7 dólares)”, dice Armando Tejas, un comerciante que vende piñatas artesanales.

Tejas señala que este incremento ya existía antes, pero las ganas de reencontrarse con familiares y amigos tras la pandemia impidieron que se convirtiera en una caída de las compras.

Sol Alanís, otra vendedora de piñatas, coincide en que la demanda ha bajado un poco este año y lo atribuye a la crisis sanitaria provocada por el Covid-19.

“Me imagino que fue por el covid. Hace dos años el boom fue más porque la gente se encerró, empezó a salir y las ventas subieron más y ahora ya no son tan altas”, explica Alanís.

Martha Baeza, una clienta que acude al mercado a comprar los ingredientes para preparar una posada familiar, Reconoce que los precios son más altos, pero asegura que eso no le impide mantener la tradición.

Juan Leal, otro comprador, coincide con Baeza y dice que las posadas son una forma de expresar la alegría y solidaridad de los mexicanos, especialmente en tiempos difíciles.

“A los mexicanos siempre les gusta la fiesta, así que aunque los precios sean más caros, intentamos hacer una fiesta”, dice Juan.

Javier, vendedor de romerito, platillo a base de una hierba silvestre que se acompaña con mole y camarones, indica que el precio de este producto no ha cambiado mucho, ya que depende de las condiciones climáticas.

Respecto a lo que vendemos, no he notado tanto (un aumento de precios) porque esto varía según el clima y, como no ha habido hielo, se ha mantenido así”, dice Javier.

Las posadas mexicanas son una tradición que se remonta a la época colonial, cuando los españoles adaptaron una costumbre indígena de celebrar el solsticio de invierno. A pesar de los desafíos que enfrentan, siguen siendo una expresión de la cultura y la fe de los mexicanos.

Foto: EFE/ Sáshenka Gutiérrez

Foto: EFE/ Sáshenka Gutiérrez – –

El desafío de transmitir la celebración a la juventud

Diferentes comerciantes notan cómo las ventas caen cuando llegan las nuevas generaciones, ya que consideran que los jóvenes no celebran las posadas como sus antecesores. La tradición, que surgió tras la conquista española, representa el viaje de la Virgen María y José en busca de alojamiento. En este momento, Muchas posadas dejan de lado su aspecto religioso para ser reuniones entre familiares y amigos.

Catalina Bernal, vendedora de mole y camarones, está convencida de que los jóvenes “no se preparan tanto para juntarse”.

Es algo que comparte Verónica, vendedora de un candelabro y folletos con letanías: “Se están perdiendo las tradiciones a las que estamos acostumbrados los adultos, como si no fuera con el mismo fervor”.

Los jóvenes, en cambio, no lo ven así; Aunque son conscientes de los cambios de hábitos, siguen sintiéndose atraídos por la tradición y sus rituales.

Todo es un ciclo y creo que las tradiciones regresan. Hay jóvenes que se inspiran en lo que hicieron sus padres o sus tíos”, dice el joven Pichi, quien porta una piñata que llevará al trabajo.

Mila, que está comprando regalos con sus primos para una posada familiar, se ríe de que quienes la organizan son miembros “relativamente jóvenes” de la familia, por lo que cree que el gusto por las tradiciones “depende de cada persona”.

Finalmente, Pichi lanza un mensaje a quienes optaron por quedarse en casa y no celebrar una posada: “No nos quita nada mirar un poco atrás, compartirlo y mantenerlo vivo”.

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