
Si no cree la campaña de Morena para presumir de la fortaleza del peso y la recuperación de la economía, como si fueran méritos suyos. Esos logros se los deben a quien odian: Carlos Salinas.
Es el padre de las dos grandes reformas que han evitado un colapso económico por el despilfarro y la inexperiencia populista: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y la autonomía del Banco de México.
Cuando estuvieron en la oposición, los actuales gobernantes machacaron con la promesa de derrocar “las reformas salinistas”.
Ahora, en el gobierno tienen un fuerte peso, que es gracias a las decisiones de los miembros de la Junta de Gobierno del Banco de México.
En contra del consejo del gobierno, los miembros de la junta han ejercido su autonomía y las tasas de interés se han empujado muy por encima de las de la Fed, atrayendo ahorros a México.
El TLC ha madurado y hoy el vínculo entre las dos economías es indisoluble y ampliamente ventajoso para México: dejamos de depender completamente de las ventas de petróleo y exportamos manufacturas como nunca y más que todo el resto de América Latina juntos.
El TLCAN hizo que nuestro comercio y el de Estados Unidos se convirtieran, como alguien lo definió hace algunos años, en una cazuela de huevos revueltos: la clara y la yema no se pueden separar.
Era una prueba contra los aldeanos temerosos del mundo, como los que gobiernan México hoy. Y prueba de fanáticos antimexicanos, como Donald Trump.
Prometieron derribar el TLCAN. Ellos no pudieron. Y ahora que gobiernan se jactan de los logros del tratado como méritos propios.
Durante más de dos décadas prometieron tirar las reformas y con ello ganaron votos.
¿Qué pasó? ¿Vamos a ver? Tiran una reforma económica y el país cae.
Como decía el economista Luis de la Calle hace unas semanas, “estamos en el barrio correcto y eso te lleva a tener más exportaciones, más actividad económica, más inversión, aunque no lo quieras”.
Exacto: a pesar de que el actual gobierno no quiere inversión extranjera, ésta sigue llegando.
Si fuera por el actual gobierno, estaríamos unidos con la vecindad de Nicaragua, Cuba y Venezuela, los “países progresistas” con los que quieren formar un “bloque”, como anunció en Campeche tras el encuentro con el presidente Díaz- Canel.
Los bloques están en contra de algo. ¿Contra qué está el “bloque progresista”? Contra Estados Unidos y el “neoliberalismo”.
Qué absurdo. Y sin embargo el país se mueve.
Las remesas que envían mexicanos, venezolanos y cubanos son pilares de la economía popular en México y subsidian el consumo en Cuba y Venezuela.
Si no hubieran tumbado o bloqueado las “reformas del PRIAN” que se hicieron en el sexenio anterior, estaríamos mucho mejor que ahora.
El fenómeno deslocalización Traería más empresas porque en México se forman técnicos y científicos con una educación de buena calidad.
Que delirio luchar contra la “ciencia neoliberal”.
El oscurantismo medieval exuda a nuestros gobernantes cuando persiguen criminalmente a los científicos.
Con las empresas petroleras privadas perforando y extrayendo, nos habríamos ahorrado 800 mil millones de pesos en incentivos fiscales y subsidios para ese barril sin fondo llamado Pemex, que alguna vez fue el pilar del presupuesto federal. Hoy es al revés.
Llegaría el dinero, la tecnología y la inversión.
El pésimo inicio de sexenio, con la absurda e pueril decisión de hacerle caso a la almohada y no al secretario Carlos Urzúa, al cancelar el NAIM, tiró la economía.
Luego vino la mala gestión de la crisis provocada por la pandemia, que desplomó el PIB a -8.
Cientos de miles de pequeñas y medianas empresas cerraron y millones perdieron sus empleos, además de 700,000 mexicanos muertos porque el gobierno reaccionó tarde ante lo que negaba: la gravedad de la pandemia del Covid.
Y ahora la economía se está recuperando. Con ella vuelven los empleos y el consumo. México muestra su fortaleza, a pesar de las tonterías del populismo autoritario que nos gobierna.
¿Cuánto vamos a crecer este año? 1,5 del PIB. Muy bajo, pero no se puede pedir más a quienes prometieron crecer al cuatro, seis o siete por ciento en el sexenio. Ellos no saben.
Las decisiones del Banco de México, el impulso a las exportaciones y la atracción de empresas a nuestro país, vecino de la mayor potencia económica del mundo, se han logrado a pesar del gobierno.
Es obra de reformas que repudiaron, creadas por estadistas cuyos nombres siguen combatiendo.
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