vie. Abr 24th, 2026

Experto en Propiedad Intelectual

Hoy en día, cualquier docente que entrega a sus alumnos un trabajo escrito sabe que es muy probable que los trabajos que recibirán hayan sido producidos por un motor de generación de lenguaje como Chat GPT o Bard. Se trata de programas informáticos de inteligencia artificial de última generación que se pueden utilizar de forma gratuita en Internet.

Los jóvenes, que por naturaleza están al tanto de todo lo nuevo y son más flexibles para adoptar herramientas tecnológicas, han abrazado el uso de estos programas para realizar tareas de investigación y escribir un sinfín de textos.

Siempre que se le proporcionen las instrucciones adecuadas, la inteligencia artificial puede escribir cualquier tipo de obra, desde algo sencillo como un resumen de la “Ilíada”, hasta documentos de gran complejidad como un ensayo comparativo sobre el pensamiento de los filósofos románticos alemanes. Si la máquina puede hacerlo en un abrir y cerrar de ojos, ¿cuántos estudiantes pueden resistir el impulso de usarla? ¿Quién no querría terminar su tarea rápidamente para disfrutar el resto del día?

Hay una preocupación adicional: el auge de la educación a distancia. En este modelo, la mayoría de los exámenes se toman desde la computadora personal del estudiante en casa. La capacidad de Chat GPT para responder evaluaciones de cualquier tipo es sorprendente, lo que ha llevado a muchos casos de estudiantes a recurrir a la inteligencia artificial para responder incluso a exámenes de admisión a universidades prestigiosas.

En respuesta, algunas escuelas han intentado implementar medidas tecnológicas que impiden el uso de estas herramientas. Por ejemplo, existen programas en Internet que analizan textos y detectan si fueron escritos por inteligencia artificial. Sin embargo, la precisión de estos programas es discutible. Recientemente, se han dado casos de estudiantes universitarios en Estados Unidos que fueron exonerados tras ser acusados ​​injustamente de utilizar inteligencia artificial para escribir sus tesis.

Los programas de detección de inteligencia artificial buscan patrones de fraseo en el texto que son comunes en los motores de generación de texto. Sin embargo, son menos eficientes cuando el documento está escrito por versiones más nuevas de Chat GPT, que imita cada vez mejor la escritura humana. Los expertos anticipan que, en unos meses, será imposible detectar el uso de esta tecnología.

Esto nos lleva a cuestionarnos si la prohibición es la medida más adecuada. Al igual que la invención de las calculadoras digitales o la llegada de Internet, es posible que necesitemos una generación para comprender que ciertos inventos son disruptivos y transforman nuestro estilo de vida. Abogo por perder el miedo a la inteligencia artificial y aceptar que las nuevas generaciones necesitan aprender a utilizar esta herramienta. Lo peor que podemos hacer es negarles el acceso por completo. El verdadero desafío es enseñarles a pensar por sí mismos para que no dependan de una máquina.

Posdata: No me extrañaría que dentro de unos años se desata un escándalo cuando algún alto funcionario escribe su tesis con la ayuda de Chat GPT. Aunque podría argumentar en su defensa que no cometió “plagio”, ya que la inteligencia artificial no puede poseer los derechos de una obra y sus creaciones no se consideran obras “originales”.

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Metro

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