vie. Ago 7th, 2026

Las pruebas del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) fueron creadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) hace más de 20 años. Este diciembre México y el mundo podrán conocer los resultados de su más reciente aplicación, realizada en 2022. Este artículo ofrece algunas reflexiones sobre la historia de esta evaluación; el uso que se ha hecho del mismo en México y también lo que puede aportar al momento actual que vive el sistema educativo nacional.

Valoradas por algunos y resistidas por otros, las pruebas PISA ofrecen una plataforma privilegiada para debatir sobre educación. En sus informes se puede encontrar información para evaluar los avances o retrocesos en los niveles de aprendizaje de los estudiantes a lo largo del tiempo. También se pueden identificar factores sociales y económicos asociados a los resultados obtenidos. Y, de paso, se hacen visibles las grandes diferencias que surgen al compararlos con los niveles de aprendizaje de otros países.

La conversación pública sobre los resultados de PISA debe estar abierta a diferentes marcos de interpretación y referencia. Primero, porque conceptos como calidad y aprendizaje no son entendidos de la misma manera por todos los actores relevantes del sector educativo. Y segundo, porque como se explicará a continuación, las herramientas que ofrece PISA responden a propósitos específicos y no a aspiraciones universalmente aceptadas. Por ello, sus resultados deben ser vías para un camino de diálogo y reflexión sobre cómo garantizar mejor el derecho a aprender de niñas, niños y jóvenes.

Desarrolladas entre 1997 y 1999 y administradas por primera vez en 2000, estas pruebas buscan evaluar qué tan bien los estudiantes de secundaria de 15 años de un país realizan ciertas tareas. Esta edad y nivel se considera una especie de mínimo común en la carrera educativa de las personas. Así, la información proporcionada por PISA busca retratar qué capacidades genera el sistema escolar de un país en su población, independientemente de los niveles más altos de formación que se puedan alcanzar.

Históricamente, estas evaluaciones se han centrado en lectura, matemáticas y ciencias. Al ser una prueba de competencia, PISA mide cómo los estudiantes aplican la información y el conocimiento para resolver problemas. Dado que PISA enfatiza habilidades relevantes para las sociedades democráticas liberales y las economías globalizadas, ciertos atributos están fuera de su alcance evaluativo.

La participación de México en PISA ha sido constante desde el año 2000, ofreciendo una perspectiva clara sobre los avances y áreas de oportunidad. En general, los puntajes promedio de los estudiantes mexicanos seleccionados aleatoriamente para PISA son consistentemente más bajos que los promedios de la OCDE en todas las materias.

Las desigualdades que surgen al comparar con países con mayores resultados (como China, Singapur o, en su momento, Finlandia) se desdibujan cuando la comparación se hace con países que tienen una realidad socioeconómica más cercana, como los latinoamericanos. Pero la tendencia muestra claramente que los resultados de la gran mayoría de los estudiantes en México -incluidos los de escuelas privadas- se ubican principalmente en los dos niveles de rendimiento más bajos, dentro de seis niveles alcanzables.

Las diferencias en los resultados PISA obtenidos por los estudiantes están asociadas a factores que permiten reflexionar sobre cómo ciertos cambios sociales y modificaciones en el funcionamiento de los sistemas escolares podrían mejorar los resultados del aprendizaje. Esto es crucial para México, ya que los resultados de diciembre revelarán la magnitud del impacto de la pandemia de COVID-19 en el aprendizaje de niñas, niños y jóvenes. Cuando se publiquen los resultados de PISA 2022 para México, será clave distinguir entre debates educativos genuinos y aquellos inspirados en la explotación política. Será hora de darle más importancia a la comparación con nosotros mismos que con los vecinos, y dejar de lado la búsqueda de culpas y responsabilidades que no solucionan nada. La oportunidad es aprender e innovar, pensando en cómo mejorar el funcionamiento de las escuelas y del sistema educativo. Se trata de priorizar la tarea de garantizar plenamente los compromisos que implica el derecho a la educación.

Gustavo Rojas Ayala es director general de Mexicanos Primero Sinaloa.

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