lun. Abr 13th, 2026

Quizás el evento ciudadano más importante de las últimas décadas ha sido la concentración masiva de hombres y mujeres libres celebrada en la Ciudad de México el pasado domingo. El número de asistentes, del que mucho se ha hablado, es sin duda importante. Pero paradójicamente no es el más significativo.

En el debate sobre este punto, lo meramente numérico, cuantitativo, todo parece indicar que se está utilizando como estrategia para tratar de desconcertar a los asistentes al Zócalo, sobre lo que vieron y fueron tanto testigos como actores. Y al mismo tiempo causarles irritación. Que es precisamente de lo que se trata.

¿Cómo es posible que el oficialismo se atreva a decir que hubo entre 80 y 90 mil asistentes al Zócalo el domingo, si el plato de este y sus aledaños estaba literalmente a reventar? ¿Con qué cara puede afirmar tal cosa, si calcula -el oficialismo- que en su manifestación del 27 de noviembre, con huecos en la plaza y presencia débilmente compacta de los llevados, estimó, sin embargo, que sumaban más del doble de los número de ¿Qué creíste ver el pasado domingo 26?

Evidentemente, el propósito es minimizar, de manera cruda, la fuerza real del adversario para que se irrite, se moleste y así no pueda notar lo que están tratando de ocultar. ¿Qué están tratando de ocultar? Que los verdaderamente irritados, nerviosos, sacados de sí mismos, son ellos, los morenistas, su líder y seguidores.

En este punto, llama la atención que una serie de datos reales y comprobables rara vez se mencionen y menos se conozcan. Entre otros, los siguientes:

Que en las elecciones de diputados federales de 2021, Morena y sus aliados obtuvieron dos millones de votos menos que los recibidos por el conjunto de la oposición.

Que por los resultados de las elecciones de ese año 2021, Morena y sus aliados perdieron la mayoría calificada que tenían en la Cámara de Diputados en la anterior legislatura.

Que al perder esa mayoría calificada, el oficialismo ya no contaba con el número suficiente de diputados para aprobar, por sí solo, reformas a la Constitución (seguramente algo que más les duele).

Que en esas mismas elecciones de 2021, en la que consideran la joya de la corona, es decir, la Ciudad de México, perdieron nueve de las dieciséis alcaldías y estuvieron a punto de perder otras dos.

Que la participación ciudadana en la consulta pública de agosto de 2021 y para la revocación del mandato de 2022, fue -dicha participación- ridículamente baja. Ello a pesar de la desenfrenada promoción, publicidad e incansable propaganda del Presidente de la República hacia abajo por parte de sus principales colaboradores, en abierta contravención a lo establecido por la Constitución y las leyes.

Que el grado de aprobación del presidente López Obrador, según las encuestas, es similar al registrado por los últimos presidentes de la República en su quinto año de gobierno (con excepción de Peña Nieto), y eso a pesar de los programas claros, groseramente clientelista y sin reglas de funcionamiento, de AMLO.

Por cierto, mencionando este hecho, que López Obrador tenga una aceptación a estas alturas del sexenio similar a la de sus antecesores, con la salvedad antes mencionada, es claramente algo que molesta mucho a sus colegas. aficionadosy hacen todo lo posible para que los datos no se conozcan ni se mencionen.

A la luz de lo anterior, ¿existen o no razones para que el oficialismo esté nervioso, preocupado, asustado? Sin duda, así es, y por eso AMLO y sus seguidores tratan de distraernos con falsos debates.

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Metro

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